Violencia de género en adolescentes y jóvenes

Los datos que tenemos en España desde 1999 a 2017 son muy preocupantes. Véanse: 6 menores de 16 años han sido asesinadas por sus parejas y otras 10 lo han sido antes de cumplir los 17. Súmense las 35 que contaban entre esa edad y los 20 años.
Javier Urra,  académico de la Academia de Psicología de España. EFE/Archivo/Brais LorenzoJavier Urra, académico de la Academia de Psicología de España. EFE/Archivo/Brais Lorenzo

Javier Urra, académico de número de la Academia de Psicología de España y expresidente de la Red Europea de Defensores del Menor

 

Para terminar de apreciar este cuadro oscuro, señalemos que dos de los asesinos son jóvenes de menos de 17 años y otros 14 están entre esa edad y los 20 años.

La violencia de género es estructural, e instrumental, busca imponer, dominar. Está muy alejada de la producida por un trastorno mental transitorio; es un proceso, que cual tela de araña, atrapa, sin que la víctima sea consciente. Nace de una equivoca educación a la niña para el tú, para el otro; y por contra al niño para sí mismo.

El diagnóstico es certero, ahora hay que prevenir e intervenir con medidas claras, factibles, especificas, verificables.

Señalemos, la relación que se establece no es de sujeto a sujeto, sino de sujeto a objeto. El agresor de género suele ser un dictador que impone (o que quiere imponer) su voluntad. Hay varones que desean dominar a sus mujeres y tenerlas subordinadas.

Y es que se confunde mucho el amor con el querer, inclusive el amor con su antónimo poseer.

Algunos jóvenes de hoy conciben los celos como una prueba inequívoca de amor, cuando es amor propio. Tenemos que gritar a los cuatro vientos que los celos jamás están presentes en el amor, pues no son parte del amor, sino esclavos de la posesión.

No son pocos los jóvenes que confunden el acoso con preocupación e interés.

Hoy exploramos a jóvenes que entienden el amor como bidireccional, es decir, si yo quiero a alguien, ese alguien me tiene que querer. O aún más, si yo diera la vida por alguien ese alguien debería corresponderme, o de otra forma, su vida no tiene valor.

Pareciera sacado de otra época, pero la idea del amor romántico subyace en las expresiones “él cambiará”, “algún día todo será distinto y seremos una pareja feliz”.

Se calcula que el 75 % de las parejas romperá. Claro que cualquier separación es un fracaso, quiebra una expectativa, rompe un proyecto. Aún más si el que te deja es el otro. No es lo mismo dejar que ser dejado. No estamos preparando a los actuales jóvenes para la ruptura.

Las nuevas tecnologías nos descubren una supervisión continuada que en muchas ocasiones es confundida por la víctima como gesto de amor, como preocupación.

Seis de cada diez adolescentes víctimas de violencia de género sufren acoso a través del teléfono móvil y las redes sociales. Un 50 % no es consciente de que está sufriendo dicha violencia de género.

Los maltratadores suelen ser impulsivos, muy celosos, inseguros y con personalidad sádica (gustando de humillar, hacer sufrir, aterrorizar), paranoides y narcisistas. Crean relaciones seudo-fantásticas de competencia, controlando e impidiendo los intercambios relacionales de la pareja. Suelen tener una imagen negativa de sí mismos, buscan con la violencia compensar y sentirse omnipotentes.

La violencia de género es un problema de salud pública, que se debe abordar desde la educación temprana y también desde la política.

Sus causas son la combinación de factores socio-culturales, individuales y contextuales que se sustentan en una forma de educación sexista, una visión androcéntrica de la sociedad y una tradición cultural patriarcal.

Se compone de actos de violencia, ya sea psicológica, física o sexual, y se manifiesta en los planos emocional, sexual, interpersonal, familiar, laboral, económico, cultural y social.

Concebir a la pareja como un objeto de su posesión, o como un objeto interno de ellos mismos, es partir de un todo tan erróneo como peligroso.

Estamos viendo chicas adolescentes que nos dicen “me acuesto con mi novio, aunque no quiero”. Preguntadas por qué lo hacen, contestan que de otra forma su novio se iría con otras. Y en cuanto a los chicos adolescentes, jóvenes, están en gran medida confundiendo amor con sexo, relaciones de contacto con afecto. Y se muestran muy celosos, muy posesivos, muy vigilantes.

Nuestros jóvenes están convencidos de que la violencia de género es un grave problema, pero de adultos. Añadamos la peligrosa moda de compartir la intimidad, también en la red, intimidad a veces relacional explícita en las palabras, en las imágenes, en frases como “mi novio pegó gatillazo”.

En nuestro país y en otros, los niños están sobreprotegidos, no escuchan, no se les enseña a ponerse en el lugar del otro. ¿Cómo esperamos que acepten conductas de la persona con la que conviven que dañan su ego?

La violencia de género en adolescentes y jóvenes se inicia con un patrón de abuso verbal, que da paso al psicológico y ocasionalmente al económico, sexual y/o físico.

Observamos un grave problema de visión de roles en las mujeres jóvenes. Por ejemplo, sentirse incompletas si no tienen pareja. Porque, en alguna medida, ofrecemos unos modelos de aprendizaje de sexo cuasi pornográfico, sin respeto, amor, dignidad ni intimidad.

Afrontar la violencia de género solo puede realizarse con visos de un cierto éxito desde una profunda educación ejercida en los distintos contextos.

Los hijos que ven tratar mal a sus madres, por aprendizaje vicario, tienen muchas más probabilidades de reincidir en tan terrible conducta.

Estamos trabajando con hijos que ejercen violencia filio-parental sobre los padres, primordialmente sobre las madres; no es una violencia de género, no se puede definir como tal, pero también es de mal pronóstico. No solo es posible sino muy probable que quien violenta a su madre lo hará el día de mañana con su pareja. Casos existen en que la mujer es maltratada por el marido y por el hijo.

Hemos de formar a quienes asumen o sufren la posición de víctimas, para que entiendan que es inaceptable, que NO hay que dar segundas oportunidades, pues el maltratador, y no se dude, es multirreincidente.

Hay que enseñar a descargar la rabia de forma no violenta. A aceptar la tristeza y el miedo sin temor al ridículo. Hay que educar en cómo afrontar la ruptura. Hay que educar en el autocontrol, en el autodominio, en redireccionar la frustración, la cólera.

Mucha de la violencia machista entre adolescentes se da en las redes sociales. Hay que educar a los niños para que preserven su intimidad en la red.

Hemos de erradicar el narcisismo. Enseñar a dialogar, a debatir, a discutir. Hay un juego que es esencial: “el que no sabe lo que siente el otro, pierde”.

Existen herramientas psicológicas para aprender a autodominarse, para no entrar en pensamientos reiterativos, para no rumiar desde el rencor. Pero hay que enseñarlas, hay que practicar con ellas, y desde corta edad.

El sexismo es algo que se aprende. La igualdad también. Hay que rechazar la violencia y basarnos en el respeto a los derechos humanos.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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