Villarejo, el policía retirado que quiere desatar una tormenta política

El escándalo tras la publicación de unas grabaciones a un presidente regional colocaron hace tres años bajo el foco político y mediático al poderoso pero entonces desconocido comisario de Policía José Manuel Villarejo, cuyas grabaciones a la actual ministra de Justicia lo han devuelto al debate público tras casi una año encarcelado por una investigación anticorrupción.
El comisario José Manuel Villarejo tras
prestar declaración en el juzgado de
Estepona (Málaga) en febrero de 2016.
EFE/ArchivoEl comisario José Manuel Villarejo tras prestar declaración en el juzgado de Estepona (Málaga) en febrero de 2016. EFE/Archivo

Evaristo Amado

En las últimas semanas del invierno de 2015, a solo unos meses de unas elecciones municipales y autonómicas cruciales, un escándalo relacionado con el alquiler y posterior compra de una casa de verano en una urbanización exclusiva del sur de Andalucía apeó de la carrrera electoral en ciernes al entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González.

Pero esa información del diario El Mundo, centrada en las grabaciones realizadas durante una reunión entre González -investigado en la actualidad en otro caso de corrupción- y mandos policiales en una cafetería para hablar sobre la vivienda, también dio a conocer al gran público al entonces todavía comisario de Policía Nacional en ejercicio José Manuel Villarejo, cuyas grabaciones han vuelto a aflorar en los últimos meses para salpicar al rey emérito, Juan Carlos I, a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, y al actual secretario de Estado de Defensa, Ángel Olivares.

En la reunión que mantuvo con el entonces presidente del gobierno regional madrileño, en la que el policía ofrece su ayuda para desactivar una investigación sobre el inmueble iniciada años antes -el caso sigue su curso en la Audiencia Nacional-, Villarejo se retrata verbalmente como un agente encubierto discreto y eficaz que tiene intención de ayudar a resolver un malentendido; pero son las grabaciones del encuentro realizadas por él y filtradas meses después a la prensa las que mejor definen su figura.

Villarejo se encuentra actualmente jubilado y en situación de prisión provisional desde noviembre del pasado año tras su detención en el marco de la operación ‘Tándem’, que investiga una organización criminal que introducía en España y otros países de la Unión Europea fondos procedentes de actividades ilícitas vinculadas a la corrupción.

Y por ello los principales analistas vinculan la últimas filtraciones de sus grabaciones a la supuesta intención del excomisario de presionar para conseguir la libertad provisional en este caso destapado a raíz de una denuncia anónima que llegó a Asuntos Internos de la Policía.
Serían precisamente esas piezas de audio obtenidas en secreto, y muchas otras que el excomisario habría obtenido a lo largo de cuatro décadas de actividad policial al más alto nivel, la baza que estaría jugando el antiguo mando para dejar la prisión.

De acuerdo al perfil que de Villarejo dibuja la especialista en información policial de Efe Laura Camacho, y que corroboran las grabaciones hasta ahora publicadas, el excomisario se acercaba como un profesional solvente, con contactos y medios, “incondicional” de sus amigos y “un poquito hijo de perra con los enemigos”.

Algunos de estos ‘enemigos’ son muy conocidos y dan cuenta de los elevados niveles de confianza de los que durante décadas gozó Villarejo en la cadena de mando policial: en la legislatura pasada, en plena crisis política en Cataluña, supuestamente se le habrían encomendado trabajos para recabar información sobre la familia del expresidente catalán Jordi Pujol y sobre el entonces partido emergente Podemos.

El salto a la primera plana de los periódicos por su reunión con González elevó a Villarejo a la categoría de personaje público en la primavera de 2015, cuando el hoy exministro del Interior Jorge Fernández Díaz llegó a destacar sus “relevantes servicios” al Estado tras conocerse esa reunión, y mostró la punta de un iceberg que desde entonces no deja de crecer.

La figura del policía tomó una relevancia inusitada cuando el diario El País reveló en abril de 2015 que Villarejo encabezaba un entramado empresarial que manejó más de 40 sociedades en los últimos 30 años y actividades en España, Uruguay, Estados Unidos y Panamá.
Villarejo logró compatibilizar esta red de empresas con activos inmobiliarios de más de 14 millones de euros con su actividad policial bajo el mandato de una decena de sucesivos ministros del Interior.

El germen del conglomerado de empresas data de 1984, cuando pide una excedencia tras once años en el cuerpo, al que ingresó en 1973 como inspector, para crear una agencia de detectives. A partir de ese momento Villarejo va conformando sociedades con muy diferentes actividades que mantiene en marcha a partir de 1993, cuando regresa a la carrera policial.

De esas sociedades, según muchas informaciones, se habría servido el comisario para realizar trabajos tanto para el propio Estado como para clientes privados que le habrían permitido tejer una red de contactos y tener acceso a políticos y figuras públicas de relevancia. A él y a su grabadora, claro.

Es ese conglomerado empresarial el que la Policía investiga ahora para resolver el caso que ha llevado a Villarejo, su mujer y otros antiguos mandos policiales a la cárcel acusado de cohecho, blanqueo de capitales, inmigración ilegal y pertenencia a organización criminal.

Según la Fiscalía Anticorrupción, tanto Villarejo como el otro comisario detenido se valían de sus cargos “especialmente sensibles para la seguridad nacional” para recibir elevadas sumas de dinero a cambio de servicios “de inteligencia” y de “facilitar la entrada ilegal de ciudadanos no comunitarios en territorio español”.

‘Chantaje’ al Estado

Tras la publicación de sus últimas grabaciones comprometedoras, que muchos titulares han calificado “chantaje” al Estado, se ha reabierto en el escenario político el debate sobre la credibilidad de unas grabaciones que Villarejo obtuvo en secreto, tanto de sus socios como de sus ‘enemigos’ y de forma sistemática, durante los sucesivos mandatos de gobiernos de izquierda y derecha.

Una de las fuerzas que apoyó la llegada al poder del socialista Pedro Sánchez el pasado mes de junio, Izquierda Unida, ha pedido la comparecencia del excomisario en el Parlamento para que explique “las diversas tramas de corrupción a todos los niveles de las que pueda tener conocimiento”.

La posibilidad de que la iniciativa prospere no parece realista, porque fueron los dos únicos partidos que han estado al frente del gobierno, los socialistas del PSOE y los conservadores del PP, los que en el pasado se unieron para impedir que Villarejo compareciera en una comisión de investigación parlamentaria sobre el supuesto uso partidista de los medios del Ministerio del Interior durante el mandato de Jorge Fernández Díaz (PP).