Venezuela: la salida negociada, cada vez más lejos

Tras un año de retraso, las elecciones regionales en Venezuela se celebraron el domingo 15 de octubre con la concurrencia de una oposición, agrupada mayormente en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que decidió presentarse para no regalar todo el campo al oficialismo.
Carlos Malamud, catedrático de Historia de América de la UNED Carlos Malamud, catedrático de Historia de América de la UNED

Carlos Malamud, catedrático de Historia de América de la UNED

Los resultados difundidos tras los comicios no dejan mucho lugar a la esperanza y permiten el fortalecimiento de los sectores más radicalizados de ambos bandos.

Tras el anuncio de la convocatoria electoral, la oposición se dividió entre quienes planteaban que ir a votar suponía convalidar la dictadura y legitimar al régimen, y aquellos que pensaban que no se debía volver a cometer un error como el de 2005. En aquel entonces, su incomparecencia en las parlamentarias entregó el control de la Asamblea Nacional a Hugo Chávez y le permitió un grado de discrecionalidad hasta entonces inimaginable.

Muchos creyeron ahora que un buen resultado electoral –entre 10 y 15 gobernadores para la MUD– allanaría el terreno para iniciar un diálogo constructivo que pudiera solucionar la aguda crisis venezolana.

La creencia generalizada era que cualquier aumento de participación beneficiaría a la MUD, teniendo presente no solo la votación de la Asamblea Constituyente, sino también las regionales de 2012, las parlamentarias de 2015 y las presidenciales de 2013.

Si bien las expectativas se cumplieron y la participación, según las cifras oficiales, fue del 61,4 % (41,3 % en la Constituyente de julio pasado y 53,94 % en las regionales de 2012), los resultados finales tuvieron otro color, en contra de lo que marcaba la lógica y anunciaba la mayor parte de las encuestas.

Después del fiasco de la Asamblea Constituyente y el golpe institucional que supuso colocarla de facto sobre cualquier otra institución del país, comenzando por la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, las elecciones regionales eran una excelente opción. Éstas podían servir para medir la correlación de fuerzas interna y las opciones existentes para destrabar el bloqueo que paraliza la política y la economía venezolanas.

En las semanas y los días previos a la elección se vio al gobierno de Maduro hacer cuanto estuviera en sus manos para condicionar el resultado. Tal grado de intervención hacía temer lo peor, teniendo en cuenta el férreo control que el chavismo ejerce sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE) que, junto al Tribunal Supremo, están al servicio del gobierno.

De modo que se inhabilitó a potenciales candidatos, a otros sencillamente se les prohibió presentarse e incluso se consideró válidas algunas candidaturas de la oposición, pese a que sus titulares habían renunciado en tiempo y forma, con el objetivo de introducir confusión y dividir el voto antigubernamental. También se suprimieron centros de votación y se trasladaron otros a lugares más inaccesibles en circunscripciones de mayoría opositora. El mismo día de la elección numerosos “colectivos” (léase paramilitares) motorizados atemorizaban a los votantes en algunas zonas de escasa lealtad chavista.

Todo valía para desmoralizar y desmovilizar a los ciudadanos, incluso potenciar a los abstencionistas. Uno de los puntos culminantes de esta campaña fue la afirmación de Nicolás Maduro de que los nuevos gobernadores deberían jurar sus cargos ante la Asamblea Constituyente, la bestia negra de la oposición. Si a esto le sumamos el elevado nivel de represión, la existencia de presos políticos, el control de los medios de comunicación y la asfixia económica de la MUD para financiar su campaña era obvio que la contienda era muy desigual.

Según el CNE y esperando que se complete el escrutinio del estado de Bolívar (donde parece que ganó la oposición), el gobierno se impuso en diecisiete gobernaciones y la MUD en cinco. A la vista de los resultados parciales comunicados en la noche del domingo, que llegan al 96 % de “transmisión” en lenguaje oficial, el gobierno obtuvo 5.294.028 votos frente a 4.572.360 de la oposición. Estas cifras contrastan con los 8.089.000 votantes en la Constituyente, la gran mayoría de los cuales apoyaron a los candidatos oficialistas (los únicos que había).

En las parlamentarias de 2015, la MUD obtuvo 7.726.066 frente a los 5.622.844 del oficialismo. En realidad, la comparación más lógica sería con las regionales de 2012, donde hubo una participación de siete puntos y medio inferior a la de 2017. En aquella oportunidad el chavismo conquistó 4.853.494 (el 56,22 %) frente a 3.888.037 (44,78 %) de la oposición, lo que supuso 20 gobernaciones para unos y solo tres para los otros.

Más allá de las denuncias de fraude generalizado realizadas por la oposición, que habrá que confirmar en los próximos días, lo primero que llama la atención es el pronunciado descenso de votos oficialistas entre las elecciones a la Constituyente y las del 15 de octubre. O entonces o ahora se maquillaron las cifras, aunque también cabe la posibilidad de que esto ocurriera en ambas oportunidades. El contraste entre estos resultados y las encuestas, no solo las electorales sino también las que miden el respaldo al gobierno, es manifiesto.

Como decía al comienzo, con estos números en la mano resulta muy complicado relanzar el diálogo y propiciar una salida negociada. No en vano, el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, ha señalado que “el resultado presentado por el CNE es el peor escenario para el país, para la oposición y, paradójicamente, para el chavismo”.

Una vez más las altisonantes palabras de Maduro, insistiendo en que habían “arrasado” en las elecciones, no facilitan las cosas. Con semejante escenario las tensiones y la frustración en la oposición se intensificarán, lo que dificultará todavía más la búsqueda de un interlocutor. Peor aún, la paradójica ceguera del oficialismo con su visión cortoplacista y su afán por mantenerse en el poder no constituyen el mejor camino para salir del atolladero y alejan sine die una salida pacífica y negociada.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Etiquetado con: , , , , ,
Publicado en: Firmas