Venancio Blanco, referente y renovador del lenguaje artístico contemporáneo

Nonagenario pero vital, el escultor y dibujante Venancio Blanco falleció a los 94 años y deja tras de sí la impronta de un artista infatigable, en constante aliento creativo y dueño de un itinerario en el que tendió puentes para erigirse en un renovador del lenguaje contemporáneo.
El escultor salmantino, Venancio Blanco, junto a su escultura de Santa Teresa. Efe-Archivo/Raúl Snachidrián El escultor salmantino, Venancio Blanco, junto a su escultura de Santa Teresa. Efe-Archivo/Raúl Snachidrián

Fiel a su lema de formularse preguntas y dibujar respuestas, Venancio Blanco (Matilla de los Caños del Río, Salamanca, 1923) consagró su vida a la búsqueda de la belleza a través de la materia, a la que trató y dio forma desde los presupuestos académicos de su formación inicial hasta el informalismo que le singularizó.
En ese arco encajó todo su universo creativo, experimentó con la formas y definió geometrías sin traicionar la sustancia espiritual a la que aspiraba y que imprimió en sus esculturas, unas veces más cercano al academicismo, otras más próximo al informalismo y en ocasiones pisando los terrenos del expresionismo.
De sólida formación cultural y artística, fue un genio en constante ebullición y caracterizado por una inquietud a la que no dio tregua hasta los últimos años de su vida, donde siguió dibujando y exponiendo como homenaje a algunos de sus cómplices: Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y el caballero Don Quijote.
Nacido en el corazón de le dehesa brava salmantina, no fue ajeno a la naturaleza y encontró también en el toro bravo, el caballo y las faenas camperas espacios de reflexión que también trasladó a otra de sus pasiones, la música, con una personal interpretación de la armonía a través de piezas dedicadas a Gombau, Brahms y Haydn.
Exploró a los místicos españoles, que materializó en una sucesión de planos y estructuras geométricas para insinuar ligereza y elevación; cultivó su pasión por el toro bravo, cuya bravura exaltó en láminas plenas de armonía y arrogancia; y homenajeó a la música con su peculiar visión de la armonía.
Clásico y moderno, Venancio Blanco no se anquilosó en una sola estética y circuló por caminos personales sin perder de vista las tendencias de cada momento, que vivió y asumió porque a un mismo tiempo fue académico, figurativo, clásico y expresionista.
Movimiento, ingravidez y ligereza fueron algunos de los rasgos que más le identificaron, de especial recuerdo en las esculturas que realizó para las primeras exposiciones de Las Edades del Hombre, pero también en obra pública como el Juan Belmonte que desde la Plaza del Altozano mira en Sevilla hacia la Real Maestranza.
Sus esculturas se encuentran en Ciudad del Vaticano (Roma), Museo Nacional de Arte Reina Sofía (Madrid), museos nacionales de Oslo y El Cairo y también en la catedral de Nuestra Señora de la Almudena (Madrid).
Venancio Blanco se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca y en la Superior de Bellas Artes de San Fernando. Amplió estudios en Roma con varias becas que disfrutó en 1941, 1957 y 1959 en la Academia Española de la que fue director entre 1981 y 1985.
En Italia se inició en la fundición y conoció el bronce, uno de los materiales que más ha utilizado este creador a lo largo de una trayectoria ampliamente reconocida con distinciones como la Medalla de Oro en la X Exposición de las Artes de Europa (Bruselas, 1995), y el Premio Nacional de Escultura y de la Crítica del Ateneo de Madrid (1956).
En 1962 ganó la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes y el Gran Premio de Escultura de la Bienal de Alejandría (Egipto), nueve años después el máximo galardón en la Exposición Internacional de Budapest (Hungría) y en 2002 el Premio Castilla y León de las Artes.
La Bienal de Arte Sacro de Salzburgo (Austria) le concedió en 1964 la Medalla de Oro con una pieza de imaginería religiosa, titulada “El Nazareno”, que se mostró en la exposición de Las Edades del Hombre celebrada en la catedral de Salamanca entre 1993 y 1994. EFE

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Publicado en: Obituarios