Con Valls, Ciudadanos se une a la fórmula de diluir las siglas

Manuel Valls es el último exponente de una estrategia que gana espacio en los comicios españoles: listas electorales construidas en torno a un candidato con peso político y perfil propio, en las que se diluyen las siglas de los partidos que las impulsan.
El ex primer ministro francés Manuel Valls en un acto en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), en el que anunció su intención deEl ex primer ministro francés Manuel Valls en un acto en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), en el que anunció su intención de optar a la alcaldía de Barcelona en las municipales de 2019. EFE/Archivo

 

Carlos Moral

 

Valls será el candidato a la alcaldía de Barcelona en 2019 de una plataforma que cuenta con el apoyo de Ciudadanos, pero en la que este partido renuncia, por primera vez, a sus siglas. El caso de Valls es singular también por otros motivos: ha hecho toda su carrera política en Francia y hace apenas dos años era el primer ministro del Gobierno del presidente socialista Francois Hollande.

Al diluir su marca en favor de un candidato como Valls, con experiencia de gobierno, proyección mediática y pasado socialista, Ciudadanos confía en derribar las barreras que las siglas suponen para el electorado y atraer a votantes de otras opciones políticas sin perder a los suyos.

El anuncio de Valls llega dos semanas después de que la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, informara de su intención de presentarse a la reelección en 2019 al frente de una plataforma nueva, no de partidos sino de “individuos”. 

Carmena ya llegó al consistorio madrileño en 2015 como cabeza de lista de un partido instrumental, Ahora Madrid, que agrupaba a Podemos, un amplio sector de IU y otros colectivos, movimientos y partidos de izquierdas. Ahora, tras cuatro años de gobierno municipal trufados de desencuentros con un sector de Ahora Madrid, la regidora quiere construir una candidatura a su medida.

También Íñigo Errejón, candidato de Podemos a la presidencia regional madrileña en 2019, no descarta renunciar a las siglas de su partido para asegurar que “ni un voto se pierde” y tener “la capacidad de hablarles a quienes todavía no están convencidos”.

Hasta ahora, el uso de la fórmula de las plataformas de confluencia, al menos en España, ha estado básicamente circunscrito a elecciones locales, donde la importancia del candidato frente a las siglas es aún mayor.

Podemos la empleó con éxito en las elecciones municipales de 2015, cuando apoyó listas que se hicieron con las alcaldías de ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Cádiz, A Coruña o Santiago de Compostela, encabezadas casi siempre por candidatos ajenos al partido.

Entonces, Podemos era un partido con poco más de un año de vida y escasa implantación territorial, así que las confluencias ayudaban a solucionar sus carencias.

Finalmente, los resultados de esas candidaturas fueron mejores que los cosechados por las que Podemos presentó con su propia marca a las elecciones autonómicas celebradas en la misma fecha.

Este formato de plataformas electorales no adscritas directamente a un partido y con candidato independiente, permite hacer visible una idea de unidad más allá de las siglas y proyectar el foco sobre el atractivo electoral del aspirante.

Pero también puede plantear problemas a la hora de la gestión por la dificultad de conciliar las ideas e intereses de las distintas fuerzas que conforman la confluencia. Como muestra, el mandato de Manuela Carmena en Madrid, que en algunos asuntos ha encontrado tanta oposición en un sector de su formación como fuera de ella.

Los dos grandes partidos, PSOE y PP, que tienen una estructura territorial muy amplia, no han apostado hasta ahora por las fórmulas de confluencia, aunque si lo hacen en ocasiones por candidatos independientes. Es el caso de los socialistas en las elecciones regionales madrileñas de 2015, cuando la dirección federal retiró al candidato elegido inicialmente -Tomás Gómez- y situó en su lugar a Ángel Gabilondo, quien ya había sido ministro de Educación.

En estos casos el objetivo es similar al de las candidaturas de confluencia: ampliar el espectro de posibles votantes mediante un aspirante de prestigio que añada valor electoral a la marca del partido.

En tiempos de descrédito de la clase política, donde las siglas a menudo cotizan a la baja y en los que los partidos tradicionales sufren el mayor desgaste, las plataformas electorales instrumentales ganan terreno y se convierten en alternativa a las candidaturas tradicionales. Hace año y medio Emmanuel Macron llegó con esa fórmula a la presidencia francesa. EFE 

 

 

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