La Unión Europea celebra sin pretensiones su veinticinco aniversario

La Unión Europea (UE) celebra el veinticinco aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht, que marcó el inicio de la actual Unión y de la moneda única, en una jornada sin grandes actos ni celebraciones, según confirmaron a Efe fuentes comunitarias.
La bandera de la Unión Europea (UE) junto a las de varios países miembros en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica. Efe-Archivo/Olivier La bandera de la Unión Europea (UE) junto a las de varios países miembros en la sede del Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica. Efe-Archivo/Olivier Hoslet

El aniversario, que coincide con el día de Todos los Santos, festivo en varios países miembros de la UE, será conmemorado únicamente con un evento en la ciudad holandesa que da nombre al texto.
El acto, organizado por la universidad de Maastricht y la organización europeísta New Europeans, reunirá a cientos de jóvenes europeos y expertos universitarios en materia comunitaria para “celebrar éxitos y enfrentar retos” tras veinticinco años de la UE.
En palabras de Roger Casale, presidente y fundador de New Europeans, el Tratado creó una triple Unión, “una unión de Estados-nación, una unión de mercados y moneda y una unión de ciudadanos”.
Sin embargo, Casale incide en la necesidad de reforzar esta última, según expresó en la web de la organización que preside, ya que “solo un movimiento poderoso y democrático puede reformar la moneda única y el mercado único para que existan en el futuro”.
El Tratado de Maastricht fue firmado en 1992 pero promulgado un año después como el Tratado de la Unión Europea (TUE), el Tratado fundacional del actual club europeo y conformado sobre tres pilares: la dimensión comunitaria, la Política Exterior y de Seguridad Común y la cooperación policial y judicial en materia penal.
A partir de ese momento, la antigua Comunidad Económica Europea (CEE) creada por el Tratado de Roma en 1957, se integra como uno de los pilares de la nueva UE que sienta las bases de la unión económica y monetaria, refuerza las competencias del Parlamento Europeo e introduce el concepto de ciudadanía europea.
El actual presidente de la Comisión Europea (CE), el luxemburgués Jean-Claude Juncker, es el único de los firmantes de aquel tratado que sigue vinculado a la escena política europea.
“Realmente tuvimos la impresión de estar haciendo historia, de que quizás no por primera vez pero si por última, aquellos sentados alrededor de la mesa tenían el sentimiento de no ser víctimas de la historia sino actores de la misma”, reconocía Juncker con motivo del 25 aniversario de la firma del Tratado.
Maastricht fue revisado después por los Tratados de Amsterdam, Niza y Lisboa, pero en palabras del portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas, con ocasión de aquella celebración, “no es un texto desligado del futuro, no es un texto del pasado; al contrario, está orientado al avenir”.
Grégory Claeys, investigador del instituto Bruegel, centro de estudios belga especializado en economía, resaltó hoy este Tratado como “positivo desde una perspectiva política pero incompleto” en términos económicos, según explicó a Efe.
“La idea de una moneda común no vino acompañada de una unión fiscal, bancaria y de rendición de cuentas”, destacó Claeys, que también señaló que la crisis económica de 2008 supuso “el descubrimiento de estas imperfecciones”.
A partir de este momento se desarrollaron nuevas políticas económicas como la Unión Bancaria de 2012, medidas que en palabras del investigador “mucha gente no quiere”, aunque “ir hacia atrás sería aún más complicado”.
“Por lo tanto, la única solución es seguir adelante, hacia más integración”, enfatizó.
Los numerosos llamamientos a la reforma coinciden con un clima general de crisis comunitaria con numerosos desafíos en el horizonte cercano, como la consecución del “brexit” (salida del Reino Unido de la UE) el próximo mes de marzo, el auge de populismos y la indisciplina de socios como Hungría, Polonia o Italia.
Por todo ello, las elecciones europeas de mayo de 2019 se perfilan como un momento clave para el futuro de la Unión, en el que se deberán abordar los retos que Maastricht dejó pendientes. EFE

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