UNIDAD

Si tratara de escoger una palabra que últimamente destaca sobre las demás en los foros públicos de debate y opinión, esa sería UNIDAD, extensamente prodigada en medios escritos y audiovisuales por los grandes gurús mediáticos del país
Mariano Gomá, presidente de la Societat Civil Catalana. Foto Club Siglo XXIMariano Gomá, presidente de la Societat Civil Catalana. Foto Club Siglo XXI

Mariano Gomá, presidente de la Societat Civil Catalana

Tomando altura, se proyecta el término UNIDAD con mayúsculas para hablar en los países del mundo frente al cambio climático y el equilibrio del planeta en la lucha por la supervivencia, así como también en la Europa sometida a constantes agresiones por intentos dinamitadores desde el exterior y desde su propio interior.

Inmigración, terrorismo, nacionalismos, euroescepticismos y populismos a los que hay que unir dificultades en los equilibrios, balance de mercados y un gran conjunto de sensibilidades y grados de desarrollo, dificultan ya de por sí notablemente la necesaria convivencia. Es decir, la unidad.

La unidad de España es el siguiente estadio de aproximación en el que estamos en cuerpo y alma implicados todos los españoles en nuestra lucha común contra populismos destructores y nacionalismos separatistas que pretenden aniquilar nuestra historia con falsas teorías así como fracturar a la sociedad poniendo en peligro la convivencia pacífica y una democracia que tanto esfuerzo nos ha costado.

Me parece erróneo el término unionista ya que los que creemos en la unión no necesitamos unirnos a nada puesto que ya lo estamos, siendo otros los que sin más nos quieren separar, por tanto modestamente abogo simplemente por la unidad y no por el unionismo.

Pero esa unidad debe responder a la unión del pueblo y debe estar debidamente representada por los partidos políticos en la indiscutible defensa común de nuestro país, aunque se complica cuando entran en juego personalismos, afanes de poder, inseguridades y movimientos desintegradores a quienes democráticamente hemos otorgado una representación que en algunos casos se traduce en un poder decisivo. Y España es demasiado latina y traviesa como para entender bien el concepto de Pacto de Estado y disponer de la generosidad necesaria para acordar y actuar con verdadera unidad. Quizás con el tiempo aprenderemos el pragmatismo que requiere el acuerdo general.

Pero sigamos aproximándonos para poner el objetivo en Cataluña en donde el concepto de unidad reproduce el tembleque entre partidos y grupos que defienden el separatismo y la desobediencia, aquellos que ostentan firmes convicciones de defensa del marco legal y la Constitución y aquel conglomerado que nadie sabe si está a favor o en contra, o son partidarios, en función de los votos que tengan en el horizonte, de la unidad si como condición mandan ellos por imposición de gobierno, utilizando los recursos y el bienestar que en absoluto han contribuido a conseguir, pero que consideran es un patrimonio a disposición casualmente heredado del esfuerzo de otros.

Por otra parte, a medida que vamos aproximando nuestra lente se hacen más presentes los personalismos y liderazgos en la lucha por el poder en donde aparecen conceptos de muy difícil tratamiento y decepcionantes resultados para la población, que asiste atónita a los fenómenos de corrupción política y económica generalizados, de los que por ahora no se salva ninguna de las formaciones que constituyen el tablero de nuestra convivencia democrática. Ocurre en toda España y en todos los partidos por supuesto, salvo honrosas excepciones de nuevo cuño, pero en Cataluña está resultando especialmente doloroso al haber asistido en directo a la caída de quién parecía ser el gran conductor del pueblo catalán convertido hoy en jefe de un clan familiar investigado por corrupción; y por otra parte los responsables de las grandes instituciones catalanas amenazando y apelando a la desobediencia para mayor mofa de nuestro marco general legislativo y derechos fundamentales como ciudadanos.

Llegados finalmente a una aproximación más doméstica en donde se halla la ciudadanía llana asistiendo atónita a lo que ocurre a nuestro alrededor, podemos encontrar a todas aquellas asociaciones y movimientos de la sociedad civil que ven aproximarse una fractura social irreversible y luchan en la medida de sus posibilidades para mantener la firme e inalterable condición de catalán defendiendo nuestras singularidades, tradiciones e idioma, dentro del marco de una prestigiosa y gran nación como es España.

Y en ese marco de convivencia que se nos va a presentar en los próximos tiempos vamos a tener que reaccionar demostrando que una gran mayoría del pueblo catalán o residente en Cataluña no desea ni aprueba el suicidio colectivo al que nos están empujando, y esa reacción tiene necesariamente que aparecer con la fuerza, una vez más, de la unidad.

Nuestra unidad debe necesariamente depender de nuestra absoluta transversalidad en la convicción de que con el respeto a las fronteras ideológicas de cada persona y partido político, la unión en lo fundamental que es la Ley, la Constitución, la democracia y los derechos fundamentales de todas las personas debe prevalecer en un gran compromiso general en defensa de nuestra tierra y nuestro país. Solo así conseguiremos la normal convivencia en un marco de dignidad y respeto mutuo. El mestizaje al que nos ha conducido irremediablemente la evolución del planeta y sus migraciones obliga sin paliativos a encontrar soluciones de un futuro de convivencia y paz. Y a eso se le puede llamar precisamente UNIDAD.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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