Una propuesta Ibérica

En momentos de alboroto territorial, nos acaba de llegar una propuesta novedosa que sometemos a los lectores. A nosotros nos ha parecido delirante, pero hemos leído cosas no menos desequilibradas.
El director de cine José Luis García Sánchez.  EFE/R. GarcíaEl director de cine José Luis García Sánchez. EFE/R. García

José Luis García Sánchez, cineasta

Un grupo de politólogos, reunidos no ha mucho en Olivenza (Portugal) durante una semana y más tarde en Sabadell (España), han trazado unas líneas que nos han parecido interesantes, aunque han sido acusados de abusar durante su trabajo de excesiva ingesta alcohólica a base de vinos de Oporto, Jerez, prioratos y riojas. Partiendo de la necesidad, por un lado, de hacer inminentes reformas en la Constitución Española, y por otro ante la lentitud en el proceso de la construcción del poder político único en la Comunidad Europea, se pusieron manos a la obra.

Los politólogos autores de la propuesta colectiva son más de ciento cincuenta, de todas las ideologías políticas y, excepto los más exaltados, que fueron expulsados en los primeros encuentros, todos mantuvieron en los trabajos un tono sosegado.

Sin opinar al respecto, allá van algunas de las conclusiones, parciales, por el momento, hasta que se haga la redacción definitiva en una próxima reunión que va a celebrarse en Zarauz (España).

Todos los presentes han manifestado la voluntad de hacer una Iberia fuerte para formar parte integrante de los futuros Estados Unidos de Europa, reconociendo, eso por delante, todas las particularidades de cada lugar. Se trata de una nueva entidad política en el sur de Europa, uniendo lo que es la Península Ibérica, incluidos los archipiélagos de Azores, Canarias y Baleares, y con expresa mención, por petición de uno de los ponentes, al cantón de Cartagena.

El primer debate fue la forma de Estado. Después de muchas discusiones apasionadas se ha decidido posponer la decisión: deben ser los pueblos y las personas de Iberia las que decidan, recogiendo con amplitud de criterio, las posibilidades de las diferentes dinastías históricas: borbones, braganzas, avis Austrias, saboyas y hasta bonapartes, de cara a instaurar una monarquía ibérica, o las variadas formas de repúblicas, confederales, federales y socialistas. Incluso se plantearon imaginativas fórmulas intermedias, como son las rotaciones de monarquía y república por lapsos de tiempo. Pero se ha decidido que este tema no es de politólogos, sino de la voluntad soberana de los iberos.

Menos problemas hubo a la hora de decidir cuál sería la capital del nuevo Estado: desde el primer momento quedó claro que habría que arbitrar tres ciudades, al menos, como capitales reales. La atlántica, primero, Lisboa, por su hermosura sin par, y a su lado la mediterránea Barcelona. Hubo un poco más de revuelo para decidir cuál iba a ser la capital cantábrica, que al final se decidió que fuera Bilbao, pero por escaso margen.

¿Y Madrid? Se valoró mucho el dato de futuro que manejaban todos los sabios: la administración, en un plazo no muy largo, no va a ser como la actual, de papeleos y burocracias, va a ser digital. ¿Y entonces qué hacer con tantos edificios ministeriales, tantas oficinas, tantos tampones y grapadoras, tantos funcionarios llenos de quinquenios? ¿Qué hacer con Madrid?

Y decidieron que Madrid pasase a ser un lugar dedicado al ocio y a la francachela. La sede europea del jolgorio, dedicando a espacios de diversión lo que son en la actualidad cuarteles, archivos e incluso locales religiosos.

Muchos otros temas se han tratado; por ejemplo, las lenguas oficiales, que podrían ser el portullego, el españatalàn o el euskaragonés. Ha habido muchas ideas en este terreno.

También se está estudiando a fondo una fusión musical entre el fado y la sardana, que se le ha encargado a musicólogos de prestigio. Y cunde la idea de hacer un himno ibérico muy bailable para entusiasmar a la juventud.

En el fútbol, sin problemas. En cuanto a la religión oficial no hay más decisión que determinar que sea Fátima el centro de todas las vírgenes ibéricas y futuras apariciones.

Se pide considerar seriamente que los nacionalismos y los patriotismos tengan un tratamiento severo en el Código Penal.

¿Y la bandera? En eso sí que hubo unanimidad desde el primer momento: Iberia tendría como enseña la bandera blanca.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.