Ultraísmo lleva tilde en la Í

La respuesta fácil a ¿por qué los egipcios se interesan por el español? Puede resumirse en tres palabras: "despacito, zumba y futbol". Pero quedarnos en eso sería mentir porque el interés de este país por nuestro idioma va mucho más allá, y es mucho más profundo y antiguo.
Silvia Grijalba, escritora y directora del Instituto Cervantes de El Cairo y Alejandría.Silvia Grijalba, escritora y directora del Instituto Cervantes de El Cairo y Alejandría.

Silvia Grijalba, directora del Instituto Cervantes en El Cairo y Alejandría

 

Dos noticias casi simultáneas han hecho en el último mes que el foco se encienda sobre la relevancia del español en Egipto. Por una parte, la convocatoria, después de cinco años de ausencia, de una plaza de lector en una universidad egipcia, concretamente la del Cairo.

Y, por otra, el anuncio del Primer Congreso de Español como Lengua Extranjera en Oriente Medio CELEOM, que se celebrará los días 30 de Noviembre y 1 de Diciembre en el Instituto Cervantes de El Cairo y que reunirá a hispanistas y jefes de departamentos de las principales universidades egipcias (recordemos que siete estatales y tres privadas cuentan con departamento de español) y a especialistas de otros países de la región como Jordania, Líbano, Emiratos Arabes, Irak, Etiopía o Sudán.

El español vive ahora un buen momento en esta parte del mundo, pero aunque en los tres últimos años se han abierto cuatro departamentos de español en las universidades egipcias, lo cual es un claro indicativo de que el amor por esta lengua va más allá de la canción de Luis Fonsi, este interés por nuestro idioma y nuestra cultura está incrustado en el ADN de los cairotas.

En Egipto, los hispanistas han formado parte esencial de la vida intelectual y escritores como el gran padre de la poesía de este país, Ahmed Shawki, profundizaron en la literatura y la iconografía españolas.

Hay todo un sustrato de intelectuales y artistas que conocen la obra de Buñuel y Almodóvar, que saben lo que es la Movida. Sorprende que en el Karaoke que organizamos todos los meses desde el área académica, en colaboración con la Universidad del Cairo, los asistentes tarareen canciones de Radio Futura o de Fangoria.

Pero todo eso sigue siendo casi obvio, no ocurre únicamente aquí. Quizá el elemento más interesante del interés por nuestra cultura y nuestra lengua tiene que ver con el hecho de que la población egipcia es muy joven y que hay un enorme sector de la misma interesada en formas artísticas que se salen de lo convencional. Ahí puede estar la clave de un interés profundo que no se queda en conocer cuatro palabras de nuestro idioma, si no en el hecho de hacer una carrera o de estudiar hasta poder leer un libro en español.

Es significativo que gestores culturales como los responsables del Festival de Música Contemporánea de El Cairo se hayan decidido a traer, en colaboración con el Cervantes, a Luis Tabuenca, un percusionista de vanguardia, que responde a la otra España que interesa aquí, o que el Festival de Vídeo Experimental de El Cairo colabore este año con el de Madrid.

Y es que en Egipto hay todo un sustrato de artistas y movimientos de vanguardia que ve en España y en los países latinoamericanos algo que les resulta muy familiar. Llama la atención ver la programación de centros como Townhouse, el Instituto de Cine de El Cairo, El Sawy o la Cinemateque que recuerdan precisamente a ese movimiento subterráneo que vivimos en España en la era de La Movida. Y esas conexiones culturales, esa sinergía desde el punto de vista de una cultura más minoritaria, es la que realmente hace que se despierte una curiosidad.

En nuestro Centro lo vemos a menudo y es una línea que potenciamos con programaciones recientes como la de cortos hechos por mujeres, en la que establecemos diálogos entre cineastas egipcias y españolas, o con el Seminario sobre el Futurismo que se celebrará en septiembre tras descubrir un grupo de artistas egipcios que en los años 20 tenía conexiones con los futuristas españoles, italianos y franceses.

Ese interés por la lengua debe asentarse en el descubrimiento, en desear aprender español para, por ejemplo, leer a Ramón Gómez de la Serna (como explicaba uno de los estudiosos de vanguardia de la Universidad de El Cairo cuando profundizábamos en la obra del escritor, como prologuista del Manifiesto Futurista).

En el fondo, ese tipo de conexiones son las que hacen que sea posible un congreso como el CELEOM en el que se ahonda en nuevas formas de enseñar el español, donde se hablará de la interculturalidad y de asuntos como porqué en Etiopía, en un año, se ha triplicado el número de personas que se han presentado a las pruebas del DELE (que certifican el conocimiento del español). Asuntos que forman parte del sustrato de ese interés por el español y que nos sorprenden.

Porque sí, es estupendo bailar con Despacito, pero también ver como un alumno de los primeros cursos intenta escribir una greguería y pregunta si ultraísmo lleva la tilde en la i o en la a.
NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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