La trituradora del fútbol base

Al igual que en la vida, el tener talento, el estar preparado o acumular miles de horas de entrenamiento no te asegura nada, y es que en el fútbol existen multitud de factores para que puedas hacer de tu pasión una profesión o por el contrario se acabe convirtiendo en eso, en una simple pasión.
El director de la Academia Nacional de Entrenadores de Fútbol-ANEFF, Conrado Galán.El director de la Academia Nacional de Entrenadores de Fútbol-ANEFF, Conrado Galán.

Conrado Galán, Técnico Deportivo Superior en Fútbol y director de la Academia Nacional de Entrenadores de Fútbol-ANEFF

 

El número de jugadores de fútbol nacidos en España que han participado la temporada 2017/18 en la liga de primera división es de 287, es decir, el 54 % del total.

Existen casi 1.000.000 de licencias de jugadores de fútbol, según el informe de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), a estos habría que sumar otros 500.000 que participan en ligas locales, por lo que las posibilidades de ser futbolista profesional son ínfimas.

Es de vital importancia concienciar a padres y madres que está muy bien que sus hijos practiquen deporte y que se eduquen en los valores que el mismo trasmite, pero no se puede convertir en su única prioridad. A los niños y niñas debemos prepararlos para la vida. Que practiquen deporte para disfrutar y que sea por elección, no por obligación.

La principal prioridad debe ser su formación académica, ya que, según está establecida la vida, en la mayoría de las ocasiones será esta la que determine en que eslabón social va a estar en su etapa adulta.

Son muchísimos los casos que conozco de jóvenes que no han tenido adolescencia, se la han perdido y con ello todas las experiencias sociales de esta etapa, el modus vivendi que sus padres le han preparado gira solo en torno a una cosa, el fútbol.

Lunes, miércoles y viernes a entrenar con su equipo, sábados para competir en liga, domingos para entrenar su técnica en escuelas de tecnificación, puentes para jugar torneos, vacaciones de verano en campus para llegar “a tope” a la pretemporada… así año tras año hasta que llega la etapa adulta.

Y ahí llega el problema, jóvenes de 19 años que siempre han estado en primera línea, en las máximas categorías, terminan su etapa de juvenil y ahora llega el fútbol de verdad, la cruda realidad. Canteras aparte, si le preguntas a cualquier entrenador de 2ºB o 3º división a cuántos jugadores menores de 20 años ficharían para su equipo, la respuesta general suele ser unánime, a ninguno salvo que sea excepcional.

De hecho, la RFEF tuvo que imponer la norma de la obligatoriedad de que todos los equipos debían incluir en sus plantillas al menos 3 jugadores menores de 23 años y es que la edad optima del futbolista va de los 26 a los 29 años, son esos a los que quiere el entrenador.

¿Y ahora qué?
Pues en la mayoría de los casos acaban jugando en categoría regional y ahí llega el segundo problema. Se empiezan a relacionar con otros jóvenes que no han jugado en las máximas categorías, que nunca han renunciado a una tarde con los colegas por una tecnificación, a los domingos o a las vacaciones por un campus en verano, incluso varios de ellos comienzan sus carreras universitarias ya que nunca han sacrificado su vida académica por su formación deportiva, y es ahí, en ese preciso momento cuando se preguntan ¿para qué?, tanto esfuerzo, tantos sacrificios, tantas etapas sociales perdidas ¿para qué?, 19 años y estoy en un equipo regional, los sentimientos de frustración afloran en su interior.

Y el padre sigue obsesionado: fútbol, fútbol, fútbol, incluso se autoengaña diciéndose a sí mismo que este año no, pero el siguiente será el año de su hijo, mientras su hijo descubre un mundo nuevo, el del ocio más allá del fútbol.

Es típico en estas categorías las cenas de equipo, que estas acaben en algún garito o discoteca de moda y llegar a casa cuando sale el sol; y en casa el padre está sorprendido y muy enfadado porque es la primera vez que su hijo sale de fiesta toda la noche y eso no es propio, a su entender, de alguien que va a ser futbolista profesional.

Poco a poco va a ir cogiendo los hábitos normales de un joven de su edad, salir con los amigos, conocer chicas, buscar trabajo, sí, buscar trabajo, y es que se quedó en el grado medio, pues todas sus obligaciones deportivas le impidieron seguir con los estudios.

Ahora se encuentra en el mismo vestuario con compañeros que están en la universidad y con otros que abandonaron los estudios y comenzaron a trabajar, quiere tener su coche y dinero para sus gastos, la opción universitaria ya no es posible, además le aburre, no le gusta, por lo que el paso siguiente es la búsqueda de empleo, corre la voz entre los amigos y alguno le dice que en su trabajo están cogiendo gente, se pone a trabajar.

La temporada transcurre repartiendo su vida entre el trabajo y las relaciones sociales, el trabajo lo compagina perfectamente pues como regla general las sesiones de entrenamiento son de dos días a la semana y siempre a última hora; en lo relativo a sus relaciones sociales están mas presentes que nunca, ya no hay tecnificaciones o campus que lo impidan y en lo deportivo se siente mejor que nunca, ya que disfruta de muchos minutos en los partidos y sin la presión de ser siempre el mejor para recibir la bendición de su padre.
Empieza a crear su propia vida. Una vida que disfruta, con tiempo para todo y sobre todo una vida no impuesta, comienza a tener su propia personalidad e identidad.

Y así sucede con en el 97 % de los jugadores, se quedan en esa vida y en ese fútbol, solo el 3 % tiene continuidad y proyección hacía el fútbol semiprofesional o profesional.

Y ahora sabiendo esto, ¿de verdad merece la pena privarle de su adolescencia?

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Etiquetado con: , ,
Publicado en: Firmas

imagen

imagen