Tres líderes en busca de un Gobierno

La negociación para formar nuevo Gobierno, tan novedosa como compleja, tiene como principales actores a tres líderes políticos que comparten vínculo generacional, carreras profesionales al margen de la política y habilidad y telegenia en los platós.
Los candidatos a la Presidencia del Gobierno de Ciudadanos, Albert Rivera (i); PSOE, Pedro Sánchez (c); y Podemos, Pablo Iglesias (d), se saludan antLos candidatos a la Presidencia del Gobierno de Ciudadanos, Albert Rivera (i); PSOE, Pedro Sánchez (c); y Podemos, Pablo Iglesias (d), se saludan antes de un debate electoral el 30 de noviembre de 2015. EFE/Archivo/JuanJo Martín

Carlos Moral 

Tanto el líder socialista, Pedro Sánchez, como el de Podemos, Pablo Iglesias, son casi recién llegados a la primera línea política, y el tercero, Albert Rivera, aunque es líder de Ciudadanos desde 2006, ha hecho su irrupción en el ámbito nacional casi al tiempo que los otros.

En lo que no hay paralelismos es en el modo en el que cada uno alcanzó el liderazgo. Sánchez (43 años) pasó en unos pocos meses de ser un político casi desconocido a convertirse en el primer secretario general del PSOE elegido por la militancia, en julio de 2014.

Cuando se presentó a las primarias, aparte de él mismo, pocos confiaban en su éxito. Sin embargo, los equilibrios entre las diferentes “familias” socialistas terminaron por favorecerle y, con el decisivo apoyo de la federación andaluza, encabezada por Susana Díaz, logró la victoria sobre el favorito, Eduardo Madina. 

Sólo unos meses antes, en enero de 2014, Pablo Iglesias (37 años) encabezaba la puesta en marcha de Podemos, un proyecto que se ha convertido en el mayor fenómeno de la política española en décadas y que partiendo de la nada se ha situado como tercera fuerza en el Parlamento, con 69 escaños.

Rivera, el más joven de los tres, 36 años, es, sin embargo, el de mayor trayectoria como líder político. Como Iglesias, estuvo presente en el nacimiento de una nueva fuerza, Ciudadanos, cuyo crecimiento, circunscrito a Cataluña durante ocho años, se aceleró a nivel nacional desde los comicios europeos de 2014.

Según cuentan algunos de los que estuvieron allí, la elección inicial de Rivera como presidente del partido se debió en parte al azar, pues ante la falta de acuerdo se decidió emplear el orden alfabético entre los nombres de los candidatos y el primero era Albert.

Tanto Iglesias como Rivera han tenido hasta ahora un respaldo mayoritario y sólido en sus organizaciones. Por contra, Pedro Sánchez se ha visto obligado a sortear divergencias y sofocar polémicas, incluidas las limitaciones impuestas por el Comité Federal a sus negociaciones para la investidura.

Lo que si une a los tres, sin embargo, es su acreditada capacidad dialéctica y, en particular, su idilio con las cámaras de televisión. 

Antes de formar Podemos, Iglesias ganó notoriedad pública gracias a su participación en programas de televisión y, sobre todo, a sus intervenciones como tertuliano. Inicialmente su imagen era más conocida que la de Podemos, lo que llevó al partido a la polémica decisión de imprimir su rostro en las papeletas para las elecciones europeas. Los resultados dieron la razón a la iniciativa.

Sánchez, elegido por la prensa diputado revelación en 2010, apenas tardó un par de meses desde su llegada a la secretaría general del PSOE en apuntarse a la exposición catódica como estrategia comunicativa, con una llamada a “Sálvame”, de Tele 5, para mostrarse en contra del Toro de la Vega, que supuso la primera de una larga sucesión de apariciones en programas de entretenimiento.

También Rivera se lleva bien con las cámaras y ha labrado parte de su popularidad con estrategias de comunicación “innovadoras”, como su cartel para las elecciones catalanas de 2006, en el que posaba desnudo. Como tertuliano siempre se ha encontrado cómodo: no en vano fue campeón de España de la Liga de Debate Universitario en 2001.

Los siete años que separan a los tres les acercan a un conjunto de experiencias vitales similares. Prácticamente han vivido siempre en democracia, se han hecho adultos en un país que formaba parte de la UE y han sido testigos de la expansión de internet y las nuevas tecnologías.

El bagaje común de Sánchez e Iglesias incluye, además, aspectos adicionales. Ambos han sido docentes universitarios, el primero en materias económicas en la Universidad Camilo José Cela, y el segundo en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense.

Además, el líder de Podemos debe su nombre al fundador del PSOE, referencia en su familia, mientras Sánchez, al afiliarse a los socialistas, siguió los pasos de su padre. Como curiosidad, también comparten la afición al baloncesto, que Sánchez practicó hasta los 21 años.

De las virtudes del deporte en equipo también sabe Rivera, campeón de natación y luego jugador de waterpolo, que se licenció en derecho en Barcelona, trabajó como abogado para La Caixa, milita en UGT y dice haber votado en el pasado por PP y PSC.

¿Servirá ese bagaje común para limar las diferencias ideológicas que separan a los tres y fraguar un acuerdo? La respuesta, en unas semanas. EFE