Tras el desarme, Sortu intenta situar a los presos en el centro del debate

La izquierda abertzale que se aglutina en torno a Sortu -izquierda independentista- considera que el desarme de ETA exige que el Gobierno responda con un cambio en su política penitenciaria hacia los reclusos de la banda terrorista.
Bilbao, 15.03.2017.- El secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi (i), durante la reunión que ha mantenido con familiares de presos de ETA gravementBilbao, 15.03.2017.- El secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi (i), durante la reunión que ha mantenido con familiares de presos de ETA gravemente enfermos. EFE/Archivo/Javier Zorrilla

Carlos Moral

 

Los abertzales pretenden capitalizar la entrega de armas de los terroristas que, según Arnaldo Otegi, líder de Sortu, pasará a la historia como “aportación inestimable de una organización a la paz de este país”; y lograr que el Gobierno abandone su inamovible postura de exigir la disolución incondicional de ETA y realice algún gesto.
Hasta ahora, el fin de ETA, que se prolonga desde octubre de 2011, cuando la banda anunció el cese definitivo de la violencia, y cuyo único paso significativo se produjo el pasado sábado, no ha provocado cambio alguno en la política del Gobierno.
Junto al fin del alejamiento de los presos etarras de las cárceles vascas y a la excarcelación de los reclusos con enfermedades graves, la izquierda independentista también reclama la salida de la Guardia Civil y el Ejército del País Vasco, como contrapartidas a la desaparición de la banda.
Sin embargo, el fin de ETA por entregas diseñado por los terroristas, probablemente con el objetivo de guardarse cartas que le permitieran presionar para hacer valer alguna de sus reivindicaciones, en particular la que se refiere a los presos, no ha conseguido ninguno de sus objetivos, aunque la oposición a la política penitenciaria del Gobierno sigue movilizando a amplios sectores de la ciudadanía vasca.
La izquierda abertzale ya situó en un papel clave a los presos de ETA al impulsar, en abril del pasado año, el proceso Abian, que apuesta por construir la independencia del País Vasco de manera paralela y sin esperar a que se resuelvan las cuestiones derivadas de las décadas de violencia.
En su estrategia, Sortu descarta la posibilidad de una solución global y acordada políticamente para los presos de ETA y considera que “la salida de los reclusos va a venir de la mano de un acuerdo alcanzado en torno a una mesa”, sino que sólo será posible “desde el desarrollo de la legislación”.
Otegi se manifiesta partidario de emprender en Euskadi un “proceso unilateral independentista” similar al que se ha puesto en marcha en Cataluña. Sin embargo, en el País Vasco la izquierda abertzale se encuentra sola en la defensa de esta estrategia.
Al contrario que los nacionalistas catalanes moderados de la antigua Convergencia, que ahora encabezan el proceso secesionista, sus pares vascos del PNV, también moderados e igualmente nacionalistas, descartan la vía unilateral a la independencia.
Más aún: tras años de desencuentros, en los últimos meses se han acercado al Gobierno de Mariano Rajoy, con el que negocian el apoyo a los presupuestos estatales de 2017 después de lograr la abstención del PP en el Parlamento vasco, que ha permitido la aprobación de las cuentas presentadas por el Gobierno de Ajuria Enea (sede del Ejecutivo vasco).
La estrategia decidida por el PNV, que tras las elecciones autonómicas del pasado mes de septiembre eligió como socios a los socialistas del PSE en lugar de a Sortu, con quienes podría haber formado gobierno, confirma que los nacionalistas descartan cualquier desafío al Estado y que aspiran a lograr sus objetivos mediante la negociación y el acuerdo. EFE

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