Textos escritos por el opositor venezolano Leopoldo López desde la prisión. II Parte

Leopoldo López considera que la oposición "está lista para gobernar" en Venezuela, pero "es necesario recorrer un camino de auténticos encuentros entre todos los sectores democráticos del país, incluyendo a los disidentes del chavismo".
 El opositor venezolano Leopoldo López en una imagen de 2011. EFE/Archivo/FERNANDO BIZERRA JR El opositor venezolano Leopoldo López en una imagen de 2011. EFE/Archivo/FERNANDO BIZERRA JR

¿Está preparada la oposición para gobernar en Venezuela?

Esta es una pregunta muy frecuente. Aquí, en medio de las paredes de un injusto encarcelamiento militar, he tenido varios interlocutores anónimos que se han hecho esa pregunta, y que también me la han formulado. Igual en los pasillos de los tribunales, de parte de funcionarios públicos, en voz baja, mostrando confianza porque en nuestro país retorne la justicia. También la he visto reflejada de diversas maneras en escritos publicados en medios de comunicación por quienes analizan la situación nacional y nuestro futuro luego de un cambio político y no tengo dudas que es una pregunta que se formula la comunidad internacional.

Mi convicción es sólida, racional, demostrable: claro que en la oposición sí estamos listos para asumir la responsabilidad de gobernar a Venezuela. No tengo duda de ello. En absoluto ¡ninguna! Estamos listos para gobernar, pero, en mi opinión, es necesario recorrer un camino de auténticos encuentros entre todos los sectores democráticos del país, incluyendo a los disidentes del chavismo.

Debemos alcanzar un gran acuerdo nacional que marque los puntos básicos que debemos asumir para los próximos años. No basta en que logremos sacar del poder a quienes hoy mal gobiernan. Es necesario definir y pactar sobre las prioridades y los mecanismos de convivencia democrática que exige una Mejor Venezuela, es necesario que articulemos una visión colectiva y consensuada sobre lo que debe ser Venezuela en las próximas décadas.

El tránsito por esta crisis generalizada nos ha costado mucho, pero también ha permitido el surgimiento de múltiples voces y liderazgo en todos los ámbitos. Muchos han diagnosticado problemas y presentado soluciones. En mi opinión, todos deben ser convocados a ser parte de este acuerdo nacional. Temas como la salud, la educación, la producción nacional, la seguridad, la cultura, la participación ciudadana, la diversidad y pluralidad, el deporte y muchos otros han sido estudiados desde su actual problemática y sus posibles soluciones por las universidades, organizaciones no gubernamentales, partidos políticos, comunidades organizada, grupos de profesionales.

El compromiso con los venezolanos y con la comunidad internacional es refundar una democracia sobre bases más justas, y por tanto más sólidas. Tenemos la voluntad de reconstruir y reconciliar a Venezuela y estamos en capacidad de hacerlo. La experiencia de vivir en carne propia los abusos de una dictadura nos lleva a tener un compromiso inquebrantable para no reeditar las fallas que nos llevaron a esta triste situación. Mandela dijo una y otra vez que no hay mejor defensor de los derechos humanos que aquel que ha sido víctima por violación de sus propios derechos.

Estar preso me ha acercado a la descomposición de la justicia que padecen miles de venezolanos.

Este objetivo nos conduce a la necesidad de un Gran Acuerdo Nacional, que incluya a todos los sectores. La propuesta es conformar un gobierno civilista en unidad nacional, que vaya más allá de una simple coalición de partidos. Un gobierno representativo de la diversidad y pluralidad del espíritu republicano y libertario de los venezolanos. Un gobierno comprometido con el objetivo de consolidar la institucionalidad democrática, para poder alcanzar el fin que ha animado nuestra lucha a lo largo de estos años: que todos los derechos sean para todas las personas, que todos los venezolanos, sin exclusión alguna, reciban los beneficios de la democracia y el estado de derecho.

Solo un gobierno que surja de este acuerdo podrá acometer con energía y coherencia las tareas prioritarias que Venezuela demanda: atender la crisis humanitaria, estabilizar la economía, superar la escasez e inflación y promover el crecimiento económico fundado en la producción nacional y la inclusión social. Un gobierno así concebido también tendrá como labor prioritaria y no escatimará esfuerzos para superar la inseguridad que hoy aterroriza al pueblo venezolano.

Con estos aspectos centrales bien acordados, nuestro futuro, la nueva etapa de nuestra Mejor Venezuela no será ni la continuidad del presente ni un regreso al pasado. Será futuro, progreso, bienestar, concordia, innovación, productividad. Al mismo ritmo en que avanzan las naciones y pueblos verdaderamente soberanos y libres, es decir, como lo está buscando y logrando la gran mayoría de quienes habitamos en este planeta.

Hermanos del mundo necesitamos de su solidaridad. Solidaridad con Venezuela, solidaridad con la democracia. Hoy los venezolanos luchamos de manera pacífica y constitucional contra una dictadura que se beneficia y saca provecho de quienes por temor o por simple desconocimiento la desconocen como tal.

Una dictadura que nos impone un momento de definiciones, porque, como dijo una vez el premio Nobel de la paz Desmond Tutu: “si eliges ser neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”.

Necesaria es la unión de todas las fuerzas democráticas, tanto dentro como fuera de Venezuela, en torno a un objetivo común: la fundación, el mantenimiento y la defensa de un sistema que sostenga la libertad ciudadana y el respeto del ser humano por encima de todas las cosas.

Escrito el 25 de junio de 2016

 

¿Venezuela puede superar la pobreza en paz y en democracia?

Estoy más que convencido que sólo en paz y democracia es posible superar la pobreza.

No sólo en el discurso sino también en el diseño y desempeño del Estado, el conflicto permanente ha sido y es el camino propuesto por el chavismo durante los últimos años. Oferta que nos ha convertido en un país mucho más pobre y mucho más desigual. Hoy los pobres son más pobres y los ricos son más ricos, y estos últimos se han hecho ricos no por el camino del emprendimiento y la producción sino mediante la corrupción, el tráfico de influencia y la permisiva impunidad.

Entre el 2004 y el 2012 Venezuela vivió uno de los períodos de mayores ingresos fiscales debido al alza de los precios el petróleo. Este boom de ingresos petroleros no lo generamos de manera autónoma por vía del esfuerzo propio, sino que fue producto de una variable exógena que no depende de Venezuela sino del mercado internacional, el de los precios del petróleo.

Este aumento significativo en ingresos en dólares que entraron al país permitió al gobierno el diseño de un mecanismo de transferencias directas a la población por medio de las misiones iniciadas en el año 2003 por recomendaciones de Cuba. La idea teóricamente es positiva y pudo haber sido exitosa. Comparto la propuesta de transferir recursos a los venezolanos más necesitados mediante la participación en programas sociales como las misiones.

Pero bajo una visión autocrática, extranjerizante -desde Cuba- excluyente, carente de gestión, sin control ni supervisión, esas propuestas de transferencias a la población más pobre se caracterizaron por ser implementadas con criterios ideológicos y ahogadas en la corrupción.

La propuesta de transferir ayudas económicas de manera directa, en especial a madres, condicionadas a la participación en programas de salud y educación para ellas y sus hijos, no es una idea original del chavismo. Desde los años 90 en México se puso en práctica el programa llamado “Solidaridad” que se basaba en identificar a los sectores más pobres de la población y garantizarles un apoyo económico, siempre y cuando cumplan con el chequeo médico, llevar a sus hijos a los programas de vacunación y salud preventiva y garantizar la asistencia de los niños en las escuelas.

En Brasil fue este mismo esquema de programas sociales dirigidos a transferencias económicas condicionadas a los más pobres, las cuales permitieron sacar a millones de brasileros de la pobreza. Incluso en Venezuela durante los años noventa se implementaron programas similares de atención a la familia.

El denominado y aparente éxito político de las misiones propuestas durante el gobierno de Hugo Chávez se sustentó fundamentalmente a la bonanza petrolera y a la comunicación política, vinculando estos aportes a la imagen directa del presidente y no al derecho ciudadano de obtenerla.

Digo aparente porque ya para el momento en que hacemos estas reflexiones, en el 2016, podemos concluir que este esquema de programas sociales para superar la pobreza ha fracasado por distintas razones. La primera, para lograr sacar a millones de personas de la pobreza no sólo es necesario darles atención para superar sus carencias más necesitadas, sino que es fundamental crear millones de oportunidades de empleo para que esa superación sea sostenible, que la persona y la familia logren obtener empleos que les permita estabilidad en el tiempo.

No es posible superar la pobreza en una economía en contracción, con altos niveles inflación y sin producción nacional. La superación de la pobreza la podemos lograr de manera masiva y sostenida bajo la combinación de la acción directa del Estado -con una política social focalizada y eficaz- y una economía en crecimiento que genere inclusión mediante el empleo. Mientras había dinero que repartir los programas fueron exitosos. Con la caída de la economía nacional y de los precios del petróleo estos programas se diluyeron como sal en el agua. De hecho, entre el 2011 y el 2016 la pobreza ha aumentado dramáticamente.

La segunda razón por la que fracasaron las misiones es por el sesgo político y discriminatorio en su aplicación. Vimos en Venezuela una práctica favorable a quienes tenían el carnet del partido. Una discriminación política en la entrega de beneficios y oportunidades a una escala nunca antes vista en Venezuela.

Los afectos a la supuesta Revolución pueden ser beneficiarios de las misiones, quién no la apoye o esté en contra corren el riesgo de ser excluidos de los programas o botados de sus trabajos.

Son miles los testimonios y denuncias que ratifican la exclusión social de los programas del Estado por discriminación política. Esta desviación en la equidad con la que se ha debido transferir a los más necesitados hizo que las ayudas y beneficios de los programas se destinaran a los militantes del partido de gobierno, dejando por afuera a millones de personas y familias necesitadas.

La tercera razón del eminente fracaso de la lucha contra la pobreza a través de las misiones fue la profunda corrupción que se impuso a su administración. Desde el 2005 se vienen presentando denuncias. En el 2010 estalló el escándalo de los alimentos podridos que aparecieron en PDVAL. Más de 100.000 toneladas de alimentos dañados aparecieron en las cercanías de Puerto Cabello, lo cual prendió las alarmas sobre la corrupción, el sobre precio y el tráfico de influencia con las que se estaban manejando estos programas.

En esa oportunidad también se conoció que ese programa era manejado por cubanos. Escándalos similares fueron saltando a la luz pública, pero ni las autoridades ni la Contraloría hicieron nada y el cáncer de la corrupción hizo metástasis.

Objetivamente, hoy nadie puede sostener que esos programas fueron exitosos. Las cifras oficiales mienten. Hoy, hay que decirlo con dolor, son mucho menos los beneficiados, pues el gobierno maquilla y hace propaganda con los indicadores. La realidad habla por sí sola: hoy tenemos una caída vertiginosa en todos los indicadores sociales: acceso a la salud, a la educación, en el ingreso familiar. En resumen, mayor pobreza.

La cuarta razón por la que hoy vemos aumentar los niveles de pobreza es por el pésimo manejo de la economía nacional, de la macro economía, en la estabilidad de los precios, el tipo de cambio y la generación de empleo. En todas esas variables el deterioro ha sido y es dramático, con un impacto especialmente severo en los más pobres.

Como dijimos anteriormente, no podemos superar la pobreza en una economía que no crece y que no genere producción y empleo. Una política social eficaz en la erradicación de la pobreza sólo es posible combinando eficientemente una orientación incluyente con una economía en crecimiento.

Y quinto, finalmente, es necesario que el manejo adecuado de la economía y de los programas sociales eficaces ocurra en un ámbito de plenas libertades y en democracia. El respeto a las libertades ciudadanas y a la convivencia democrática es fundamental para lograr superar la pobreza. Sin libertad no puede haber desarrollo. Sólo permitiendo la libertad de expresión, de organización y de respeto a la justicia se pueden organizar las comunidades para exigir y mantener el acceso a los programas sociales y a las oportunidades empleo.

Escrito el 21 de febrero de 2016

 

¿Podemos ser un país más igualitario?

La igualdad social es un sentimiento presente en Venezuela incluso antes del inicio del proceso de Independencia y de la formación de la República. El alzamiento de Gual y España en La Guaira en 1797 tuvo como principal proclama la igualdad de todas las clases y las razas. Luego de la caída de la primera República en 1812 y de la Campaña Admirable en 1813 surgió el movimiento de Boves quien, defendiendo el bando de la monarquía, se sirvió de esa aspiración tan arraigada de libertad para, llevada al extremo, matar y saquear a los blancos criollos y patriotas para repartir sus bienes entre los que tenían poco o nada.

Posteriormente, entre 1858 y 1863, tuvimos el conflicto interno más prolongado, la Guerra Federal donde la proclama de la igualdad social era el principal compromiso y la idea de democracia no tenía nada que ver con el origen del poder mediante el voto ciudadano, sino más bien con la garantía de igualdad social. En el siglo XX los movimientos democráticos que surgen en 1928 y posteriormente llegan a materializar la conformación del gobierno mediante el voto popular, también asumieron ese compromiso como una de las principales banderas de la transformación que se llevarían a cabo. Y la misma promesa de impulsar la igualdad social se enarboló en 1998. Y la realidad es que hoy, a 186 años de la instalación de la República, a 153 del fin de la Guerra Federal, a 69 años del primer presidente electo por el pueblo mediante el voto universal, a 40 de la nacionalización del petróleo y a 18 del inicio del primer ensayo comunista en Venezuela, seguimos siendo un país profundamente desigual. A pesar de que la aspiración por la igualdad ha sido motivo de guerras, revoluciones y transformaciones importantes, seguimos siendo una nación con profunda desigualdad en distintos ámbitos.

La principal y más marcada es la desigualdad socioeconómica que hoy se refleja en la lamentable realidad de que el 82% de la población está bajo condiciones de pobreza. Por otro lado, la desigualdad con respecto a oportunidades de empleo y con respecto al acceso a la justicia son otras de las facetas que debemos abordar para resolver de una vez por todas este tema en Venezuela.

Es importante resaltar que hoy nos encontramos con una Venezuela sumergida en esta situación a pesar de haber disfrutado de una bonanza de ingresos petroleros motivado por los altos precios durante más de 10 años ininterrumpidos. Por culpa de un modelo socioeconómico impuesto, importado y equivocado no se pudo aprovechar los tiempos de altos ingresos para reducir la desigualdad y promover la estabilidad. No se organizó al Estado y la sociedad para superar la pobreza, por el contrario, el partido de gobierno promovió la confrontación permanente y la lucha de clases, la destrucción de la producción nacional y la implementación de un sistema de control social que precisamente se sostiene en la idea de empobrecer y mantener en la pobreza a la población.

Insisto personalmente en la idea de que el camino para la igualdad es la conquista de todos los derechos para todas las personas, sin exclusión, sin privilegios. La igualdad de todos ante la justicia y ante las obligaciones del Estado y la nación. Igualdad que tendremos cuando no solo todos seamos tratados de igual manera ante la ley, sino cuando se garantice que todos los niños que nazcan en Venezuela no importa dónde ni el color de su piel o si es niño o es niña, tengan acceso a educación y salud de calidad, que tengan oportunidades de empleo y que exista la posibilidad de que acceda a una vivienda digna.

Asumimos el progreso como el avance permanente hacia la conquista plena de los derechos de todos los venezolanos. Al focalizar la conquista de la igualdad mediante la garantía de que todos los venezolanos tengamos acceso a todos nuestros derechos, es posible avanzar hacia metas concretas al respecto y nos permitirá pasar de la crisis al bienestar.

Para ello es fundamental trabajar seriamente en nuestra estabilidad macroeconómica y en un plan de impulso microeconómico. ¿Cómo? Restituyendo la autonomía del BCV; teniendo una política cambiaria y monetaria seria; reduciendo el déficit fiscal; reorganizando el estado y promoviendo el equilibrio en nuestras balanza comercial y balanza de pagos; expandiendo la capacidad y producción del sector petrolero; estimulando la producción nacional y a la inversión productiva con garantía de seguridad personal, jurídica y de propiedad. Nacionalizando empresas estatizadas para abrirlas a la iniciativa privada con participación accionaria de los venezolanos mediante la democratización del mercado de capitales e impulsando el emprendimiento y el crecimiento de la pequeña y mediana empresa para de esta forma promover la generación de empleo estable y productivo.

Pero es mi convicción más profunda que no es verdad ese axioma de que la mejor política social o el mejor camino hacia la igualdad, es tener la mejor política económica. Podemos generar un crecimiento de 8 o 9 por ciento anual y que ese crecimiento no se traduzca en bienestar y progreso para millones de venezolanos en especial los más necesitados. Además de las medidas económicas correctas, sin dudas hay que implementar políticas que beneficien a los más desposeídos y permita que el impacto sobre ellas sea muy reducido, en especial con las poblaciones más vulnerables. Yo siempre he creído en los programas de subsidio directos condicionados en donde se beneficien a las familias con la única condición de que sus miembros en edad escolar, en primer lugar, se mantengan en el sistema y en segundo lugar, mejoren sus rendimientos académicos. Por otro lado, esos subsidios directos también están condicionados a que los miembros de las familias se sometan a chequeos de salud preventivo al menos una vez al año. Las personas que se encuentran en pobreza extrema, calificados así por estudios estadísticos, socioeconómicos y etnográficos serios, deben gozar de subsidios directos mientras salen de esa condición.

Pero para lograr ese paso de la crisis social al bienestar no solo necesitamos tener la mejor política económica y proteger de su impacto inicial a las poblaciones más vulnerables. Necesario es contar con un sistema de salud mixto que garantice cobertura universal de calidad; un sistema integrado de seguridad social que incorpore fondos de pensiones para la administración/financiamiento de la seguridad social. Educación con cobertura universal y de calidad. Programas masivos de urbanización y equipamiento de terrenos; impulso a la construcción de viviendas de interés social público/privado; adecuación y estímulo del sistema financiamiento hipotecario. Un plan nacional/federal (gobernaciones y alcaldías) de infraestructura deportiva. Un plan de recuperación, adecuación y democratización de los espacios públicos (plazas y parques). Promoción e impulso de la cultura en todas sus dimensiones, la cual no debe ser definida desde el Estado, sino mediante una consulta amplia e incluyente que determine la visión que se quiere promover. Por último, una sociedad no puede decirse igualitaria sino es capaz de garantizar la cobertura universal de los servicios básicos de electricidad, Agua, Gas y Aseo urbano/ recolección de desechos sólidos e internet.

Como vemos, no es una medida aislada lo que debe tomarse para mejorar nuestra economía a la par de lograr niveles de bienestar en una sociedad cada vez más igualitaria. Se trata de un conjunto de medidas enmarcadas en una política abierta, democrática y solidaria. Estoy convencido de que esas medidas no pueden ni serán tomadas por este sistema y su modelo fracasado. No lo han hecho en 18 años, no lo hacen ahora que la situación es crítica y no lo harán porque su poder se sustenta en precisamente mantener la pobreza y el control sobre toda la sociedad. Por eso podemos afirmar que el primer paso hacia esa sociedad más igualitaria que tanto aspiramos es recuperar nuestra libertad.

Escrito el 5 de octubre de 2016

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

Etiquetado con: , ,
Publicado en: Firmas