Terrorismo de género en España: unas cifras escandalosas

En quince años 917 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en España, ya fuesen maridos, exmaridos, novios, amantes, en todos los casos hombres. A este terrible drama se le llama impropiamente, en mi opinión, violencia de género cuando, en realidad, se le debería denominar, en muchos casos, "terrorismo de género" o simplemente contra las mujeres.
Nicolás Sartorius, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.  EFE/Archivo/Juanjo MartínNicolás Sartorius, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas. EFE/Archivo/Juanjo Martín

Nicolás Sartorius, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas

 

Porque la realidad es que previo al hecho irreparable de asesinar a la mujer suele haber una larga historia de terror o, mejor dicho, de aterrorizar a la otra persona con la finalidad de paralizar su voluntad y así someterla al dominio total del maltratador. Sin duda, el problema es complejo y también las variadas causas que lo producen.

Estas son antropológicas, que traen causa en comportamientos ancestrales de dominación por parte del hombre; socio-económicas, basadas en desigualdades históricas que sufren las mujeres en todos los órdenes; educativas, que tienen su origen en la reproducción de los roles, desde la infancia y la juventud, en el seno de la familia, no corregida de forma suficiente en la escuela; en múltiples aspectos de la vida social, desde la publicidad sexista, el mundo de espectáculos degradantes, la prostitución aceptada, etc.

Un aspecto muy preocupante del problema es que en las jóvenes generaciones, ya nacidas en democracia, sigue anidando un “machismo” inaceptable e incluso una justificación de actitudes de control y dominación del género femenino, inicio de situaciones de maltrato. De otra parte, no se debería olvidar que los seres humanos somos animales racionales y, en una proporción determinada, bastante más animales que racionales y, en consecuencia, capaces de hacer más daño que los animales irracionales. En la naturaleza rara vez el macho mata a la hembra de su misma especie.

A partir de aquí, lo que me interesa resaltar es que la sociedad o el Estado reacciona o se alarma ante el hecho fatal del asesinato de la víctima, pero se olvida de los antecedentes que han tenido lugar hasta llegar hasta ese momento último. Algo parecido ocurría, en no pocos casos, con el terrorismo. El objetivo de éste era bloquear la voluntad de la víctima, obligar a hacer lo que no se quiere hacer, ya fuese pagar un rescate, abandonar el lugar donde se vive, cambiar los hábitos de comportamiento, alterar la vida familiar, etc.

Todo lo cual empieza por amenazas e intimidaciones que, de no producir el efecto deseado por el ejecutor, se llega al cumplimiento final, es decir, la ejecución. En los casos de “terrorismo de genero” también hay un periodo, a veces largo, de amenazas, maltrato verbal o físico, sevicias psicológicas que van anulando la voluntad de la víctima hasta que ésta, en algunos casos, logra zafarse o liberarse y es, entonces, cuando el peligro es mayor y mejores tienen que ser los instrumentos de protección.

Las medidas preventivas que la sociedad y el Estado suelen tomar son, a todas luces, insuficientes y en ciertos casos ridículas. Porque cuando al final una mujer se decide a denunciar a su maltratador, consciente del riesgo que corre, la decisión más común que adoptan los jueces es la orden de alejamiento en equis metros o kilómetros de la potencial víctima. Medida irrisoria si no fuesen trágicas las consecuencias. ¿Ustedes se imaginan obligar a un terrorista a no acercarse, en metros o kilómetros a su víctima?. ¿O tener que convivir con alguien que te ha maltratado o amenazado, cosa que sucede en el 64 % de los casos?. Porque con una sola vez que se incumpla la orden de alejamiento es suficiente para que se produzca el hecho fatal.

Por eso creo que, si el maltrato y la amenaza es grave y contrastada, el maltratador debe de ser alejado de la familia y vigilado en permanencia y la víctima protegida como se protege a alguien amenazado de muerte. Porque no hay que olvidar que la persona que maltrata a una mujer también esta maltratando a los hijos, pues no hay nada más traumático para un hijo o hija que ver a su madre pegada o insultada. Por ello, el maltratador asesino debe de perder la patria potestad y ser alejado, definitivamente, del entorno familiar, pues de lo contrario todos vivirán siempre atemorizados.

Hay que empezar sin duda por la escuela, con una sólida educación para la ciudadanía; medidas económicas eficaces para que la mujer amenazada pueda rehacer la vida; alejamiento real y pérdida de la patria potestad del maltratador, así como abandono inmediato de la vivienda común. En casos graves vigilancia permanente y consideración de los delitos equivalentes al terrorismo.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.