Teresa recibe el alta hospitalaria tras superar el ébola

La auxiliar de enfermería Teresa Romero dedica hoy sus primeras palabras a todos aquellos que la han ayudado a seguir con vida y ha dicho que aún se siente débil, tras superar el ébola, por lo que ha pedido que a partir de ahora se respete su intimidad para continuar con su recuperación. Teresa abandona el Carlos III después de permanecer hospitalizada 30 días, 25 de ellos en aislamiento.
La auxiliar de enfermería junto a su perro Excálibur antes de ser sacrificado. La auxiliar de enfermería junto a su perro Excálibur antes de ser sacrificado.

Teresa Romero, de 44 años y técnico sanitario diplomada en Formación Profesional, se ofreció a cuidar a los dos misioneros españoles ingresados en agosto y septiembre en el Carlos III de Madrid, donde trabajaba.

Los primeros en llegar a este hospital madrileño desde Liberia fueron el misionero español Miguel Pajares y la monja Juliana Bonoha, para ser tratados en Madrid el 7 de agosto. Cinco días después, falleció el misionero, mientras la religiosa, que no padecía ébola, sobrevivió.

El 22 de septiembre aterrizó en Madrid el avión medicalizado que trasladó desde Sierra Leona al religioso y médico Manuel García Viejo, infectado de ébola y que murió tres días después de ponerse en marcha por segunda vez el protocolo de repatriación.

Casada y sin hijos, la auxiliar se fue de vacaciones desde el día siguiente al fallecimiento de García Viejo e hizo “vida normal”: incluso se presentó a unas oposiciones de enfermería dos días después del deceso.  Romero manifestó los primeros síntomas, “fiebre y un poco de astenia” el 30 de septiembre y acudió a un centro de salud de Alcorcón, donde vive con su pareja.

El 6 de octubre se hizo público que había contraído la enfermedad del Ébola y Teresa fue trasladada de Alcorcón al Carlos III.  Un día después comenzaron a tratarla con plasma sanguíneo de la religiosa Paciencia Melgar, que se curó de la enfermedad en Liberia.

Su marido Javier Limón, y otros trabajadores sanitarios  que habían tenido contacto con ella, fueron aislados. Ninguno de estos trece pacientes contrajo el virus y  abandonaron el centro.

En el hospital, Romero admitió que se había tocado la cara con un guante mientras se retiraba el  traje protector, según reconoció a la prensa a través del doctor Ramírez y también reconoció que no había informado a su médico de cabecera de que había atendido a un paciente con  ébola, aunque posteriormente dijo lo contrario.

Aquellas primeras declaraciones llevaron al consejero de Sanidad  Javier Rodríguez, a declarar que la paciente pudo haber “ocultado” información, lo que causó la petición de su dimisión. EFE/Doc

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