El Teatro Real cumple sus primeros 200 años

Con motivo del bicentenario del Teatro Real recordamos algunos momentos y anécdotas de su historia. Desde su construcción, iniciada en abril de 1818 sobre el solar que ocupaba otro anterior -el Teatro de los Caños del Peral-, e inaugurado en 1850 bajo el reinado de Isabel II, el Real ha sobrevivido a incendios, demoliciones, injerencias políticas, derrumbes y hasta una guerra.
Imagen del patio de butacas y los palcos, vistos desde el escenario del Teatro Real de Madrid que cumple su bicentenario desde que se colocó la primeImagen del patio de butacas y los palcos, vistos desde el escenario del Teatro Real de Madrid que cumple su bicentenario desde que se colocó la primera piedra para su construcción. Foto: Javier del Real

 

– El 23 de abril de 1818, hace ahora 200 años, se ponía la primera piedra del Teatro Real de Madrid. Un año antes, Fernando VII había ordenado la construcción de un “teatro de ópera para estar a altura de las demás capitales del mundo”, que fue inaugurado, el 19 de noviembre de 1850 bajo el reinado de su hija, Isabel II.

– De grandes dimensiones, dentro del Real cabría el edificio histórico de Telefónica que existe en la madrileña Gran Vía. Tiene 14 plantas y 8 hacia abajo y una altura de 77 metros. De sus 65.000 m², 975 m² ocupa el escenario y 419 m² el patio de butacas. En total 1.746 localidades.

– Con motivo de la celebración de su bicentenario (1818-2018) se podrán ver 43 óperas, de ellas 28 estrenos en España. La programación se caracterizaba por un equilibrio entre obras clásicas y contemporáneas, que incluyen producciones y figuras internacionales de todo el mundo.

 

Amalia González Manjavacas

 

El Teatro Real, uno de los monumentos más significativo de Madrid, situado enfrente del Palacio Real, al otro lado de la Plaza de Oriente, es una de las instituciones culturales más importantes del país y uno de los principales teatros de la ópera, no sólo a nivel nacional, sino también internacional.

 

HISTORIA Y ANÉCDOTAS

Su historia se remonta a 1817, cuando Fernando VII ordena la remodelación de la Plaza de Oriente y la construcción de un gran teatro de la ópera en el mismo solar que ocupaba el popular Teatro de los Caños del Peral, levantado bajo el reinado de Felipe V (1700-1746), con el que comienza la dinastía de los Borbones en España.

Cuando el 23 de abril de 1818 se colocaba la primera piedra, se materializaba así el deseo del rey de contar con un “gran coliseo lírico en la capital del reino que pudiera equipararse con los mejores europeos”.

El proyecto, ideado por Antonio López Aguado, arquitecto mayor del Ayuntamiento de Madrid, tuvo que afrontar todo tipo de problemas de carácter técnicos económicos y políticos que provocaron largas suspensiones. Su construcción fue interrumpida entre 1820 y 1837 por falta de presupuesto y por cuestiones políticas, con lo que las obras  no terminaron hasta 1850, 33 años después de su inicio.

El Real, como se le conoce popularmente, fue inaugurado el 19 de noviembre de 1850, coincidiendo con el santo de la reina Isabel II, y con un estreno muy recordado, “La favorita”, de Gaetano Donizetti. Como anécdota de estos años, un entonces jovencísimo Emilio Castelar, gran orador, y después presidente de la Primera República española, pronunció su primer discurso desde uno de sus palcos en 1854.

Desde entonces, ha sido hasta sede parlamentaria. Lo fue ya antes, en 1814 cuando acogió a las Cortes de Cádiz, tras trasladarse a Madrid en enero, y hasta pasar, en mayo, a su ubicación definitiva en el edificio del actual Senado. Volvió a convertirse en Congreso de los Diputados en 1841.

Durante estos años, y pese a las continuas obras, las condiciones generales de conservación del edificio dejaban mucho que desear. Económicamente era también un fracaso debido principalmente a la mala gestión. A mediados de siglo, y en un intento de llenar el teatro, se bajaron los precios para atraer a más público, pero parece que aquella ‘socialización’ no gustó ni a la aristocracia ni a la alta burguesía que dejaron de asistir.

Muy recordado fue el estreno de Giseppe Verdi, en febrero de 1863, que con “La fuerza del destino”, obtuvo un éxito tan rotundo que tuvo que salir a saludar hasta once veces. Por su parte, el gran tenor navarro, Julián Gayarre que debutó en el Real en 1877 con ‘La favorita’ y protagonizó la primera función en la que hubo luz eléctrica.

Años después, en diciembre de 1889, Gayarre salió al escenario pese a encontrarse muy enfermo con una bronconeumonía, enfermedad mortal en la época, y cantó ‘Los pescadores de perlas’. Al iniciar un agudo, se queda sin voz y se desmaya, cayendo en una profunda depresión que acabó con su muerte el día 2 de enero del año siguiente.

A otra grande de la ópera como Elena Sanz se la recuerda, no sólo por su voz y fama, sino por ser amante del rey Alfonso XII, por quien dejó su carrera, y con quien tuvo dos hijos varones, Alfonso y Fernando, que llevaron sus apellidos de soltera, ya que el Borbón, que murió repentinamente nada más cumplir 28 años, no llegó a reconocerlos.

Pocos saben que Gustavo Adolfo Bécquer, el mejor representante del romanticismo español, fue además un gran crítico musical -y muy irónico- y teatral de este coliseo en la década de los sesenta del siglo XIX.

Y es que en la web especial del bicentenario del Teatro Real, podemos conocer muchos más detalles interesantes sobre su historia, como la referida a 1898, año del desastre del 98,  cuando se organizó una función extraordinaria para recaudar fondos para comprar nuevos buques de guerra. Pese a que se consiguió una gran cantidad de dinero, no se llegó a tiempo para frenar la derrota española en Cuba y Filipinas.

Cuando El Real se inauguró en 1850 lo hizo con el más moderno sistema de iluminación del momento: el gas, que llegaba a todas las dependencias del edificio a través de tuberías. Cinco años después se produjo un reventón en estas tuberías, que provocó un gran apagón sin consecuencias graves.

El único incidente de importancia de su historia fue el incendio del 20 de abril de 1867, que tuvo su origen en la parte del Conservatorio, es decir en la parte que da a la plaza de Isabel II que, pese a que se achacó a un escape de gas, la verdad nunca se supo con certeza.

La iluminación eléctrica no llegó al Real hasta 1881. Fue a cargo del empresario Fernando Rovira, quién trajo de París tres ‘soles eléctricos’, es decir, tres focos de arco voltáico que, junto a más de 2.700 lamparillas, convivieron con el gas. Una década después, el científico y marino español, Isaac Peral, el inventor del submarino, aportó una batería capaz de alimentar a todo el alumbrado terminando con los apagones.

 

 SIGLO XX

Un hundimiento, en noviembre de 1925, llevó al cierre del edificio por peligro de derrumbe. La Guerra Civil que comenzó en España en 1936 y la posguerra, dificultaron unas incipientes obras que deberían aliviar aquel estado de ruina inminente.

Aún así, las dificultades económicas impidieron la realización de las reformas necesarias, por lo que tuvieron que contentarse con la reforma auspiciada por la Fundación March, lo justo para ser reabierto en 1966, tras 40 años sin voz.

En 1977, en plena Transición española que reinstauró la democracia, el Real fue Declarado Monumento Nacional y, en 1988, se convierte en el Real Conservatorio Superior de Música con un aforo de 2.400 butacas.

Cerrado nuevamente en 1991 para una rehabilitación, el Teatro Real abrió definitivamente como gran Teatro de la ópera y de la danza el 11 de octubre de 1997, hace 20 años.

 

SIGLO XXI, BICENTENARIO

El programa del bicentenario, que cuenta con un presupuesto de más de 30 millones de euros, consta de 15 óperas que incluirán dos estrenos en España y siete títulos que se incorporarán al repertorio del coliseo.

En palabras de Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, presidente del patronato del Real, “Es posiblemente la mejor temporada que el Teatro Real ha tenido nunca, en este momento en que estamos culminando su bicentenario”, algo que también corroboran Ignacio García-Belenguer, director general, y Joan Matabosch, su director artístico.

“Creo que es un modelo de temporada del Teatro Real, algo así como la temporada ideal” –nos explica Matabosch-, quien enumeró “cuatro motivos” para dar esta calificación: Por la “importantísima aportación” de títulos al repertorio del coliseo; por la “nómina extraordinaria de artistas” que incluye; las “numerosas nuevas producciones” y el “liderazgo internacional” de muchas de estas coproducciones.

 

 

Una fotografía de los jardines ante la fachada del Teatro Real de Madrid. Foto: Javier del Real

Fachada del Teatro Real de Madrid. Foto: Javier del Real

 

“En conjunto, se trata de una selección de títulos que invitan a una reflexión de la ópera, desde sus inicios”, recalca Matabosch sobre el “hilo conductor” de la temporada 2018/2019.

Entre las diez nuevas producciones están: “Fausto”, con dirección escénica de Àlex Ollé(La Fura Dels Baus); dos nuevos montajes de Verdi, “Falstaff” y “Agrippina”; “Capriccio”, de Strauss; y “La peste” y “Juana de Arco”, de Verdi, que cerrará con Plácido Domingo en el papel de Giacomo.

Pero, además de Ópera, el Teatro Real es también el más alto coliseo para la danza. En cuanto a la programación de ballet, tomarán los escenarios de El Real cinco compañías de reconocido prestigio, como la Compañía Nacional de Danza, el Ballet de la Ópera Nacional de París o el Ballet de Víctor Ullate, que este año cumple 30 años de su creación,  por el que han pasado -o se han formado- las grandes figuras de la danza de nuestro país. EFE/REPORTAJES

 

 

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