Tailandia: claves para entender la crisis golpista y monárquica

En ese juego de tronos permanente que protagoniza Tailandia, el golpe militar perpetrado el 22 de mayo no debería resultar una gran sorpresa.
Algunos manifestantes se enfrentan a los soldados en el distrito comercial de Bangkok (Tailandia) durante una marcha contra el golpe de Estado. EFE/ArAlgunos manifestantes se enfrentan a los soldados en el distrito comercial de Bangkok (Tailandia) durante una marcha contra el golpe de Estado. EFE/Archivo/RUNGROJ YONGRIT

Jesús R. Martín 

Desde que el corazón de la península de Indochina decidió terminar a través de una revolución militar con su monarquía absoluta en 1932, el antiguo y orgulloso reino de Siam ha sufrido casi una veintena de pronunciamientos, entre golpes fallidos y consumados. 

A lo largo de ocho décadas de permanente transición política, se han sucedido una serie de constituciones fallidas y gobiernos derrocados.

El resultado de toda esa turbulenta e inestable saga es un país de 70 millones de habitantes polarizado políticamente hasta la médula, un sistema de poder burocrático-militarista dominado por camarillas de generales y una monarquía que pese a su influencia ofrece mucha más incertidumbre que estabilidad para Tailandia. 

1.- Ocho años para volver a empezar 

La intervención militar a las órdenes del general Prayuth Chan-ocha puede considerarse como la versión corregida y aumentada del penúltimo golpe militar perpetrado hace ocho años en un país quebrado políticamente y enfrentado consigo mismo.

En esa virulenta batalla por el alma de Tailandia, librada durante la última década con brillante cromatismo, se han movilizado los sectores más pobres y rurales (camisas rojas) frente a las clases medias más urbanas y el establishment (camisas amarillas).

Desde el golpe del 22 de mayo, los militares han procedido a cientos de detenciones extrajudiciales, han instaurado un toque de queda nacional y han colocado a personas de confianza en todo tipo de puestos de autoridad. Además de multiplicar las limitaciones y controles existentes sobre los medios de comunicación tailandeses y el libre acceso a determinados contenidos en Internet.

Aunque existe la posibilidad de que este golpe termine en un acuerdo político que permita a Tailandia reanudar su complicada democracia, todo apunta a un esfuerzo para garantizar de nuevo un “status quo” beneficioso para sus históricas élites.

2.- Antes y después de Shinawatra 

El golpe de 2006 acabó con el mandato del primer ministro Thaksin Shinawatra, un ex policía y magnate de las telecomunicaciones convertido en líder populista y ahora exiliado en Dubai para evitar la cárcel en su país.

Acusado de graves delitos de corrupción que él niega, de lo que no cabe ninguna duda es de la habilidad de Shinawatra para transformar a millones de humildes tailandeses en una formidable fuerza electoral a través del partido de gobierno Pheu Thai, que ha ganado todos los pulsos electorales convocados desde 2001.

A Thaksin se le reconoce incluso el haber logrado eventualmente que su hermana pequeña, Yingluck Shinawatra, se convirtiera hace tres años en primera ministra.

Un mandato truncando por múltiples retos legales y acusaciones de abuso de poder que a principios de mayo culminaron en una decisión judicial por la que Yingluck tuvo que dejar su puesto al primer ministro en funciones Niwattumrong Boonsongpaisan.

El consiguiente proceso de transición con vistas a unas elecciones anticipadas es el que culminó el 22 de mayo con el último golpe militar sufrido por Tailandia.

3.- Un rey enfermo pero decisivo 

La figura del rey Bhumibol Adulyadej, protegida por una estricta legislación de lesa majestad, tiene todavía un enorme predicamento en Tailandia, donde su figura es reverenciada con una intensidad verdaderamente oriental.

El viajero Henri Mouhot ya atribuía en el siglo XIX a la sociedad siamesa “un estado de permanente postración, donde cada inferior recibe órdenes de su superior con signos de sumisión abyecta y respeto”.

A sus 86 años, el monarca se encuentra en un delicado estado de salud hasta el punto de no saberse muy bien si vive en un palacio convertido en hospital o en un hospital convertido en palacio.

Pero sigue reteniendo una llamativa popularidad como símbolo de un país que con ayuda de Broadway-Hollywood (“The King and I”) presume de una secular independencia y resistencia al colonialismo occidental, a pesar de su alianza temporal con Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

El general Prayuth Chan-ocha ha insistido en que el Rey se encuentra “por encima de todo el conflicto” y que las fuerzas armadas de Tailandia “protegerán y adorarán a la monarquía”.

4.- El problema de la sucesión

Tras acumular más de seis décadas en el trono, la complicada sucesión del monarca convaleciente ofrece a Tailandia mucha más incertidumbre que estabilidad. 

El príncipe coronado, Maha Vajiralongkorn, a sus 61 años se ha ganado a pulso una problemática reputación. En virtud a un nutrido historial de excentricidades, incluido un video en el que aparece con su tercera esposa semidesnuda celebrando el cumpleaños de su perrito Fu Fu, con rango de general en la Fuerza Aérea de Tailandia.

A pesar de estas credenciales, el rey firmó el pasado noviembre un decreto en el que supeditaba todas las decisiones del poderoso consejo de defensa nacional al veto del heredero. En abril, otro decreto también otorgó total autonomía militar al regimiento de infantería que sirve como Guardia Real a las órdenes del príncipe Vajiralongkorn desde 1976.

Dentro de los matices surrealistas que caracterizan la política de Tailandia, de un tiempo a esta parte esa especie de ejército privado -mejor pagado que el resto de las fuerzas armadas tailandesas- ha hecho un esfuerzo por reclutar efectivos en feudos electorales de Thaksin Shinawatra.

De hecho, se ha especulado con la posibilidad de que el magnate exiliado hubiera pagado las deudas de juego acumuladas por el príncipe heredero.

No es de extrañar que una parte de la opinión pública tailandesa alimenta el sueño de que la corona de Tailandia termine en manos de la princesa Sirindhorn, la hermana del heredero que cultiva desde hace tiempo una imagen de filantropía y responsabilidad social.

De hecho, durante el golpe de mayo, algunas tropas han exhibido cintas moradas que simbolizan el color de la princesa.

5.- Legitimidad internacional 

La junta militar encabezada por el general Prayuth Chan-ocha intenta dar la batalla en el frente de la legitimidad internacional y presume de haber logrado el reconocimiento de China, Vietnam y Myanmar.

La antigua Burma ha indicado que “Tailandia es un Estado soberano y el gobierno militar ha sido respaldado por el rey”. Por su parte, el bloque de naciones del sudeste asiático representadas en Asean han optado por guardar un complaciente silencio ante esta crisis.

En contraste, países occidentales no solo han condenado el golpe sino que han rebajado sus relaciones oficiales con Tailandia. Australia y Estados Unidos, por ejemplo, se han abstenido de cualquier ejercicio militar conjunto. Además de emitir alertas sobre la seguridad de los viajeros que alimentan la multimillonaria industria turística de Tailandia.

Con indicaciones de que este capítulo vital para la economía tailandesa se está ya resistiendo a pesar de sustanciales rebajas y ofertas, entre predicciones de una reducción significativa en el número de visitantes previstos para esta temporada.

6.- Impacto económico 

Hace tan solo una década, Tailandia era considerada como un ejemplo en materia de democratización y prosperidad económica, con una de las mejores tasas de crecimiento de la región Asia-Pacífico. Sin embargo, la falta de dirección ha logrado colocar a este país asiático a las puertas de la recesión en vísperas del golpe militar, con un retroceso del PIB del 2,1 por ciento durante el primer trimestre de este año.

Sin que hayan faltado tampoco advertencias del FMI por el insostenible abuso presupuestario de programas populistas como la adquisición de cosechas de arroz a un precio 50 por ciento superior al ofrecido en mercados internacionales.

Sin embargo, el consenso de inversores internacionales, a pesar de una millonaria huida de capitales asustadizos, parece descontar la inestabilidad política de Tailandia como un riesgo asumible en el contexto de mercados emergentes.

Para evitar un impacto financiero mayor al registrado, el anuncio oficial del golpe se demoró hasta después del cierre del mercado bursátil tailandés.

En retrospectiva, una de las primeras medidas del Ejército tailandés tras el golpe de 2006 fue imponer a sus mandos en los consejos de administración de las principales empresas públicas del país, mientras que el presupuesto militar fue duplicado durante un año de gobierno castrense que terminó básicamente ante la incapacidad demostrada por los generales para administrar la nación.

Como precedente sobre la honestidad de los militares tailandeses, se insiste en que el golpista mariscal de campo Sarit Thanarat consiguió sacar del país antes de su muerte en 1963 un volumen de riqueza equivalente, según estimaciones conservadoras, al 1 por ciento de la economía tailandesa.

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