T. S. Eliot en la consulta sexual de Groucho Marx

A cuarenta años de la muerte de Groucho Marx (1890-1977), me hace ilusión compartir a modo de homenaje la breve pero sabrosa correspondencia que el genial humorista mantuvo con el poeta T. S. Eliot (1888-1965, Premio Nobel de Literatura en 1948) y que espigo de Las cartas de Groucho (Anagrama).
El escritor Fernando Iwasaki. / Aitor de KintanaEl escritor Fernando Iwasaki. / Aitor de Kintana

Fernando Iwasaki, escritor

 

A cuarenta años de la muerte de Groucho Marx (1890-1977), me hace ilusión compartir a modo de homenaje la breve pero sabrosa correspondencia que el genial humorista mantuvo con el poeta T. S. Eliot (1888-1965, Premio Nobel de Literatura en 1948) y que espigo de Las cartas de Groucho (Anagrama).

En realidad, T. S. Eliot es el último poeta que uno imaginaría carteándose con Groucho, pues era tan santurrón que Edmund Wilson escribió que “(Eliot) sueña con un mundo de eclesiásticos del siglo XVII”; Virginia Wolf anotó en su diario que “no estoy segura de que (Eliot) no se pinte los labios” para parecer más demacrado; el crítico de arte Clive Bell sostenía que Eliot se maquillaba para verse “cadavérico e interesante” y en una carta dirigida a su editor Hemingway estampó “Eliot puede besarme el culo como un hombre”. T. S. Eliot era tan severo que Ezra Pound lo llamaba «La vieja comadreja», apodo que el poeta alternaba con otro más sombrío: «El agente funerario».

Sin embargo, por una carta del 26.04.1961 descubrimos que el solemne Premio Nobel le pidió un retrato dedicado a Groucho Marx, a quien acusó recibo agradecido: “Unas líneas para comunicarle que ha llegado su retrato y me ha proporcionado un gran placer y pronto estará con su marco en mi pared junto a otros amigos famosos como W. B. Yeats y Paul Valéry”.

La respuesta de Groucho revela que él también reclamó una foto dedicada, pues el humorista almibaró así al poeta: “No tenía la menor idea de que fuese usted tan atractivo. El hecho de que no le hayan ofrecido el papel de protagonista en alguna película sexy sólo puedo atribuirlo a la estupidez de los directores de reparto” (19.06.1961).

Embadurnado por la guasa de Groucho, Eliot dio rienda suelta al militante «marxista» que revolucionaba su corazón: “Sería absolutamente feliz de tener una carta de Groucho Marx que empezara por «Querido T.S.E.»” (23.02.1963). No obstante, en lugar de las célebres iniciales, Groucho escribió «Querido Tom», aunque admitió: “¡Si no es este su nombre me he metido en un buen lío! Pero creo haber leído en alguna parte que se llama igual que Tom Gibbons, un boxeador que vivía en St. Paul” (01.10.1963).

¿Se enfadó T.S.E.? Todo lo contrario, le rió la gracia y lo instó a visitarlo en Londres, pues “si usted no se presenta, me temo que todas las personas con las que me he jactado de conocerle (y de llamarnos por nuestros nombres de pila) me tomarán por un fanfarrón”. Tan feliz y entusiasmado estaba el poeta que firmó “Siempre suyo, Tom” (16.10.1963). ¡Tom! T.S.E. (Thomas Stearns Eliot) jamás había firmado nada como «Tom»! Y Groucho, por supuesto, no desperdició la ocasión de tomarse otra confianza: “Cuando le llamo Tom, quiere decir que es usted una mezcla del boxeador peso pesado, un gato callejero macho y el tercer presidente de los Estados Unidos” (obvia alusión a Thomas Jefferson, 01.11.1963).

Con todo, la confianza más audaz de aquella carta no fue la del nombre sino la insistencia del humorista por compartir confidencias sexuales. ¿Sabía Groucho que la presunta homosexualidad de T. S. Eliot era un rumor habitual desde que la primera mujer del poeta le puso los cuernos con Bertrand Russell? Puedo imaginar las cejas de Groucho mientras le escribía a ese «gato callejero macho»: “Me interesaría conocer sus puntos de vista sobre el sexo, así que no lo dude. Confíe en mí. Aunque generalmente se me considere informal, puede confiarse en mí para cuestiones de tal importancia”.

Que sepamos, T.S.E. no dijo ni mu hasta junio de 1964, cuando Groucho ya preparaba su viaje a Londres para conocer a T. S. Eliot: “El retrato de usted en los periódicos diciendo que, entre otras razones, ha venido a Londres para verme ha aumentado considerablemente mi reputación entre el vecindario y sobre todo ante el frutero de la acera de enfrente. Evidentemente soy ahora alguien de importancia” (03.06.1964).

¿Cómo fue la cena londinense de los Eliot y los Marx? En una divertida carta a su hermano Gummo fechada en “Junio de 1964”, Groucho le contó cómo “anoche, Eden y yo cenamos con mi ilustre ‘compañero de pluma’, T. S. Eliot”. El humorista se presentó con los deberes hechos porque -escribió– leyó “tres veces The Waste Land, y para el caso de que la conversación se encontrara en un atolladero repasé el King Lear”. Así, a las primeras de cambio Groucho dejó caer unos versos del Premio Nobel, pero “Eliot sonrió ligeramente, como para decir que estaba perfectamente familiarizado con sus poemas”. Al parecer, el poeta sólo quería hablar de A Night at the Opera y -siguió escribiendo Groucho– “citó un chiste -uno de los míos- que hacía mucho tiempo que ya había olvidado. Ahora era mi turno de sonreír ligeramente. No iba a permitir que nadie -ni siquiera el poeta inglés de San Luis- estropeara mi Velada Literaria”.

Así, para salir del atolladero Groucho se despachó contra Shakespeare señalando que “El Rey Lear era el summun de la necedad”. Como era lógico, los Eliot defendieron a Shakespeare, pero el golpe bajo fue que “Eden, también, y lamento decirlo, estaba de parte del Rey Lear, aunque soy yo el que la mantiene”.

Las líneas finales no podían ser más desopilantes: “¿Te dije que nosotros le llamábamos Tom? Posiblemente era porque éste es su nombre. Yo, por supuesto, le dije que me llamara Tom también, pero sólo porque detesto el nombre de Julius”.

Groucho consiguió de T.S.E. lo que ningún poeta o crítico había logrado. A saber, sonrisas, complicidad y que bordeara el ridículo. Cuando T. S. Eliot falleció, Groucho hizo reír a los invitados al funeral con un monólogo impagable.

(https://www.youtube.com/watch?v=NqbzT5NzQxc) que habría celebrado el propio «agente funerario».

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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