Susana Díaz, la ortodoxia orgánica

Susana Díaz ha desvelado el anuncio del anuncio, el secreto a voces. Ya ha dicho que será candidata a liderar su partido y seguirá como presidenta de la Junta de Andalucía, nada nuevo en una dirigente que ha manejado sus tiempos al más puro estilo de la ortodoxia orgánica socialista.
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, durante un acto oficial en 2017. EFE/Archivo/Raúl CaroLa presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, durante un acto oficial en 2017. EFE/Archivo/Raúl Caro

Francisco J. Utrero

“Os doy mi palabra, todos y todas vamos a sumar fuerzas para ganar las elecciones locales y luego las generales en España”, pronóstico recientemente Díaz, nacida en Sevilla hace 42 años.

Fue, el pasado 13 de febrero, en su discurso ante 2.500 concejales y alcaldes socialistas en Madrid, donde recibió el cariño y el apoyo del poder local organizado por el alcalde de Vigo, Abel Caballero, calor y respaldo al que respondió dando un paso más en sus calculados mensajes.

“Si yo ahora os digo que estoy animada, que tengo fuerza, que tengo ilusión y que me encanta ganar, eso va de suyo. Y no para ser tercero o cuarto, sino para ganar”, aventuró entre el júbilo de los asistentes con la voz entrecorta por la emoción.

Como apuntan los que la conocen bien, Díaz no deja nada al azar y hasta llegar al baño de masas y la exhibición de fuerza de Madrid, hasta la puesta en escena de su candidatura, ha pasado medio año en una indefinición medida, desde el desgarrador comité federal que le costó el puesto a Pedro Sánchez a la revelación final.

Sus milimetradas declaraciones, sugiriendo lo evidente pero sin decir lo que muchos querían oír, supone en su reciente carrera política la metáfora más clara, una muestra más de como la dirigente socialista ha gestionado sus tiempos hasta llegar al epílogo de la crónica de una candidatura anunciada.

Desde el fatídico comité federal, la sevillana ha ido poco a poco recabando apoyos, aumentando su influencia en el partido y forjando su ‘leyenda’, la de ser la única de unir al partido, la de ganar las elecciones al PP e impedir que el PSOE “se podemice”.

A partir ahora toca “coser” los jirones del socialismo, convencer a todos los militantes de la utilidad de abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy y evitar otra fractura en el partido para que sea alternativa.

Para ello, cuenta con la ‘bendición’ de la mayoría barones y de muchos referentes históricos -Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Rodríguez Zapatero o Alfredo Pérez Rubalcaba, entre otros-.

El viejo y parte del nuevo PSOE están con ella ante el reto de unas primarias a tres que, antes del pistoletazo de salida, destilan confrontación y crispación.

Sus rivales – Pedro Sánchez y Patxi López- ya han lanzado los primeros dardos a la andaluza por su intención compartir la Presidencia de la Junta y, si gana, el liderazgo del partido.

El PSOE necesita un liderazgo a tiempo completo, han coincido, en un argumento al que también recurre la oposición andaluza, que cuestiona la “dejación” de funciones como presidenta y que “utilice” a Andalucía para sus aspiraciones.

Díaz, a la que sus detractores consideran aspirante del “aparato”, ha seguido casi mecánicamente su hoja de ruta y está promoviendo una movilización sin precedentes en varias comunidades y en la potente federación andaluza, vital para alcanzar el despacho de Ferraz.

Su paciencia y constancia en su carrera política, su “ambición”, según sus críticos, abre, no obstante, en Andalucía un periodo cargado de interrogantes e incertidumbres sobre su posible relevo al frente de la Junta y como secretaria general del PSOE-A, más con un gobierno sustentado en un acuerdo con Ciudadanos que ha elevado la “presión” y pone fecha al cumplimiento de lo firmado.

Sevillana, de 42 años, de familia de fontaneros y casada con José María Moriche, con el que tiene un hijo, es una política muy cercana a los ciudadanos, afable y “muy comprometida” con Andalucía y con su partido. Enemiga férrea e implacable con sus enemigos políticos, según estos.

No es infrecuente verla comprar los sábados en el popular mercado de San Gonzalo, en su barrio de Triana, junto a su madre, aunque lleva a rajatabla y con celo la salvaguarda de su vida privada.

Vivió y creció en este barrio sevillano y comenzó su militancia política siendo muy joven en las Juventudes Socialistas, la cantera del PSOE en la que se inició en conocer los intríngulis orgánicos.

Licenciada en Derecho por la Universidad de Sevilla y diplomada en Alta Dirección de Instituciones Sociales por el Instituto Internacional San Telmo, ha ocupado distintos cargos orgánicos en el PSOE andaluz, así como institucionales en el Ayuntamiento de Sevilla, el Parlamento andaluz, el Congreso, el Senado y la Junta.

Díaz tuvo que esperar casi tres meses y cuatro votaciones para ser investida como primera presidenta con el respaldo de Ciudadanos tras los comicios de 2015, elecciones que adelantó alegando falta de estabilidad entre los socios del gobierno de coalición (PSOE-IU).

La baronesa se legitimó en la urnas, venció al PP y evitó el pronosticado y teórico avance de Podemos, pero tuvo que pactar con Ciudadanos para conseguir la estabilidad.

Su autonomía en las decisiones provocó un malestar interno en su partido a propósito de la imputación de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán en el caso de los ERE de la Junta.

Antes de ser investida presidenta por primera vez en septiembre de 2013, en sustitución de Griñán, fue consejera de la Presidencia e Igualdad de la Junta.

Parlamentaria andaluza por Sevilla desde el 2008, ha sido senadora por designación del Parlamento autonómico y también fue diputada por Sevilla en el Congreso entre el 2004 y el 2008. EFE/doc

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Publicado en: Análisis