El Supremo confirma cuatro años y medio de prisión para Rato por las tarjetas black

El Tribunal Supremo ha confirmado la pena de cuatro años y medio de prisión impuesta por la Audiencia Nacional al expresidente de Caja Madrid Rodrigo Rato por apropiación indebida continuada en el caso de las tarjetas "black" de la entidad.
Rodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno. Efe/Archivo/Fernando VillarRodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno. Efe/Archivo/Fernando Villar

La condena de Rodrigo Rato por las tarjetas “black” pone punto y aparte a un capítulo de la historia de España, el del “milagro económico” que procuró al exministro el respeto internacional, y al que su condena en firme a cuatro años y medio de cárcel asesta el golpe definitivo.

Un milagro cuyo ocaso empezaría a precipitarse en sigilo a partir de 2008, apenas dos años antes de que emprendiera su nuevo rumbo al frente de una entidad en un momento en el que la alargada sombra de la crisis ponía en entredicho el modelo de las hasta entonces modélicas cajas de ahorros.

Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Administración de Empresas por la Universidad de California (Berkeley), Rato (Madrid, 1949) comenzó su andadura política en 1979 en Alianza Popular (AP), formación por la que fue diputado por Cádiz tras las elecciones legislativas de 1982, y secretario general adjunto entre 1983 y 1989.

De raíces asturianas, su apellido intensificó el interés por los negocios de este joven, ya que su padre, Ramón, era el dueño de la Rueda de Emisoras Rato.

De ésta sería consejero, al igual que de Aguas de Fuensanta, Edificaciones Padilla y Construcciones Riesgo, todas pertenecientes a esta acaudalada familia vinculada a la industria textil y la construcción, por la rama paterna, y a la minería y la banca, por parte materna.

La victoria del ya refundado Partido Popular en 1996 le descubrió en calidad de vicepresidente segundo, ministro de Economía y Hacienda (1996-2000) y ministro de Economía (2000-2004) de los gabinetes de José María Aznar.

Durante su gestión, ultimó el saneamiento de la economía española iniciado por su antecesor, el socialista Pedro Solbes, y situó el crecimiento económico en niveles superiores al resto de la Eurozona.

Asimismo, continuó con los procesos de privatización del anterior Ejecutivo, siendo claves operaciones como la de Endesa, Tabacalera, Repsol, Telefónica o Gas Natural, cuestionadas por los investigadores de la Guardia Civil años más tarde.

Tales hitos le llevaron a competir en septiembre de 2003, sin éxito, con Mariano Rajoy como candidato popular a la presidencia del Gobierno.

Sí encontró apoyos, en cambio, para convertirse en el primer director gerente español del Fondo Monetario Internacional (FMI) en junio de 2004, donde acometió el mayor plan de reforma de redistribución del poder entre los países miembros.

En octubre de 2007, renuncia por sorpresa a su puesto en Washington por motivos personales que le traen de vuelta al sector privado español.

Dicho periplo allanó su entrada en una de las entidades más afectadas por la burbuja inmobiliaria, Caja Madrid, como relevo de Miguel Blesa, conocido de su círculo y con el que compartiría banquillo por el escándalo de las tarjetas “black”.

Al frente lideró, dentro de la revolución del sistema financiero, la fusión fría de las siete cajas que crearon Bankia, lanzada a Bolsa el 20 de julio de 2011 a pesar de las reticencias de los analistas.

En 2012, una denuncia de UPyD por supuesta estafa y falsedad contable en Bankia inaugura una nueva etapa para Rato, que cambiará su parlamento y las grandes salas de reuniones por los despachos de la Audiencia Nacional. EFE

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