S&P eleva la nota a España ante las expectativas de mejoría económica

La agencia de medición de riesgos Standard and Poor's ha elevado la calificación de la deuda española un escalón ante la perspectiva de que mejore el crecimiento y la competitividad de la economía, como resultado de las reformas estructurales que se aplican desde 2010.
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S&P subió la nota de BBB- a BBB, un aprobado medio que sitúa la deuda española dos peldaños por encima del bono basura, en tanto que le adjudica una perspectiva estable.
Asimismo, la agencia revisó al alza sus previsiones de crecimiento de la economía española para el periodo 2014-2016, para el que pronostica un avance medio anual del 1,6 %, frente al 1,2 % anteriormente pronosticado.

Agencias de calificación

Las agencias de calificación, también llamadas de “rating”, son compañías encargadas de valorar el riesgo que supone invertir en empresas emisoras de valores y en deuda pública de países de acuerdo con su situación financiera.
Aunque hay decenas de agencias dedicadas a evaluar los riesgos de las empresas, tres controlan más del 90 por ciento del mercado: Moody’s, S&P y Ficht, todas ellas con sede en Nueva York.

En su informe Standard and Poor’s (S&P) señala al turismo como motor de la creación de empleo, y apunta que la liberalización de horarios en el comercio minorista, el fomento del trabajo a tiempo parcial y las facilidades a la creación de empresas son otros factores que están impulsando la recuperación económica.

Esta situación de virtual oligopolio confiere un gran poder a estas tres agencias, puesto que los informes que emiten tienen una gran repercusión en los mercados, que confían mucho en sus valoraciones.
Las agencias de calificación empezaron a funcionar como tales a principios del siglo pasado, con el objetivo de facilitar información de las emisiones de obligaciones de las compañías de ferrocarriles de Estados Unidos.
Esta necesidad fue creciendo a medida que lo hacían los mercados financieros y aumentaba la importancia para el emisor de disponer de información independiente sobre la solvencia de las empresas emisoras de títulos y también de la deuda pública emitida por los países.
Aunque cada agencia tiene su propio sistema, con diferentes matices, las calificaciones se realizan con códigos de letras, que van desde la triple A (AAA), la mejor nota que indica una solvencia muy alta de la deuda emitida, a la C, que señala la escasa capacidad del organismo emisor para reembolsar su deuda.
Estas calificaciones son meras opiniones, según explican los responsables de las agencias, pero el hecho de que el sistema financiero mundial sea tan sensible a sus vaticinios y que el futuro de empresas y países esté a menudo pendiente de sus valoraciones, ha abierto un debate sobre ellas.
Sobre todo después de que las agencias hayan mostrado su incapacidad para anticipar la crisis que comenzó en 2008. Porque lo cierto es que las agencias de calificación bendijeron las cuentas griegas o las hipotecas basura en EEUU y consideraban solvente al banco de inversión Lehmann Brothers pocos días antes de su quiebra, en septiembre de 2008.
Años antes, tampoco supieron preveer la bancarrota de Enron, el gigante de la energía estadounidense Enron, en 2001; o la de WorldCom, la segunda compañía de telecomunicaciones estadounidense, en 2002.
En junio de 2008 Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch comparecieron ante la Comisión del Mercado de Valores de EE.UU. para explicar por qué no avisaron del peligro en las hipotecas de riesgo.
Las agencias de calificación han sido acusadas de falta de transparencia y de objetividad, por estar a veces estrechamente vinculadas con las mismas compañías a las que después evalúan.
En noviembre de 2011 la Comisión Europea presentó una serie de medidas para limitar el poder de las agencias y llegó a plantearse la prohibición de publicar informes sobre países en crisis, aunque finalmente desistió de esta idea.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pedido a sus miembros un esfuerzo para mejorar la transparencia y reducir los conflictos de interés en las agencias de calificación de riesgo. EFE/doc