Sorpresa, no “sorpasso”

Sorpresa, sí; "sorpasso", no. Rajoy gana; Sánchez, Iglesias y Rivera pierden. Son algunas de las conclusiones que ha dejado la segunda noche electoral en seis meses y en la que el PP se ha erigido como triunfador pese a que el resultado conseguido no le garantiza el éxito de la investidura.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy  y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Fernando Alvarado
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Fernando Alvarado

 

José Miguel Blanco

 

Es decir, vuelta a la necesidad de unos pactos que por lo que han venido proclamando en campaña los diversos líderes políticos deberían darse por cantados ya que todos ellos han asegurado que harían todo lo posible para evitar unas terceras elecciones.
Pero ahora han de pasar de las palabras a los hechos y ahí alguien tendrá que ceder.
Ha sido una jornada en la que las empresas de encuestas no se han ganado precisamente sus emolumentos, porque ninguna auguraba un avance como el logrado por el PP y casi todas preveían que Unidos Podemos adelantaría por la izquierda a los socialistas. Pero la confluencia no ha funcionado.
Se ha confirmado lo que advertía a Pablo Iglesias la presidenta andaluza, Susana Díaz, que no se emborracharan de encuestas. Y Unidos Podemos se levantará mañana con una resaca que les deja con 71 escaños, los mismos que lograron por separado Iglesias y Alberto Garzón el 20D, y con un catálogo al estilo sueco que no ha tenido suficientes compradores.
El mal del partido que buscaba la sonrisa de un país ha servido de consuelo a Pedro Sánchez pese a que el PSOE ha cosechado, con 85 escaños, su peor resultado desde la Transición.
Pero ha permitido maquillarlo, que Sánchez aguante, que no le arrebaten la bandera de la socialdemocracia, que haya echado por tierra los augurios de que podría presentar esta misma noche su dimisión y que siga teniendo la llave de la Moncloa aunque él no sea su inquilino.
Es posible que le permita también aspirar a reeditar su liderazgo al frente del partido, una meta a la que, paradójicamente, le puede ayudar un mal resultado socialista, el protagonizado por Díaz en Andalucía al haber sido rebasada por el PP.
Albert Rivera también ha admitido su decepción. En unos pocos meses se ha dejado ocho escaños por el camino y ahora deberá analizar si ha podido pasarle factura su acuerdo con el PSOE y decidir si sigue vetando a Rajoy para liderar el próximo gobierno.
Pero que no lo haga no le es suficiente al presidente en funciones para revalidar su puesto.
Sólo se lo garantizaría matemáticamente en el Congreso la gran coalición con el PSOE por la que ha venido apostando o una suma que parece imposible con otra serie de partidos.
Con la que se sueña esta noche en Moncloa y en Génova pasaría por un acuerdo PP, Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria que aglutinaría 175 diputados, a uno tan solo de la mayoría absoluta.
Pero eso con permiso de un Partido Nacionalista Vasco que tiene elecciones autonómicas en otoño (con el consiguiente condicionamiento que eso puede tener para cualquier intento de acercamiento al PP) y de una Coalición Canaria que apoyó a Pedro Sánchez en su intento de investidura en la legislatura fallida.
Hoy se han repartido de nuevo las cartas para otra jugada. Y las cartas han dibujado un mapa de España cubierto de azul PP en todas las comunidades salvo en Navarra (con empate de populares y morados) Cataluña y el País Vasco.
Lo ocurrido en estas comunidades puede llevar también a una reflexión sobre la estrategia del nacionalismo, relegado por Podemos y sus partidos afines.
Habrá tiempo de analizar con detalle los resultados, de hacer cábalas sobre la influencia que han tenido en ellos las estrategias de polarización o lo ocurrido en el referéndum del Reino Unido.
Empezarán a hacerlo las direcciones de los partidos en sus reuniones.
Rajoy, esta a la espera de movimientos propios y ajenos que puedan despejar el panorama y permitan que para el verano haya nuevo gobierno.
Él aspira a presidirlo. Hoy se siente más legitimado para ello. Si no fuera porque un 12 de octubre no muy lejano dejó de fumar, habría dado cuenta de un buen puro. EFE

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