Siria: cinco claves para entender la fotografía humanitaria de 7 años de guerra

El 15 de marzo Siria entrará en su octavo año de guerra. Episodios como los sitios de Alepo, Raqqa y Gouta, el acuerdo UE-Turquía o la llegada masiva de refugiados a las costas griegas han logrado ocasionalmente redirigir la atención internacional hacia este país devastado por la violencia.
Víctor Velasco, jefe del Equipo de Emergencia de Acción contra el Hambre (ACH).Víctor Velasco, jefe del Equipo de Emergencia de Acción contra el Hambre (ACH).

Víctor Velasco, jefe del Equipo de Emergencia de Acción contra el Hambre (ACH)

 

Pero después de siete años y tras el estancamiento de las conversaciones de paz de Ginebra y Astaná, la comunidad internacional tiende a acusar cierta fatiga y una preocupante propensión a renunciar a la idea de una solución política, y a aceptar que solo una “solución militar” podrá poner fin a uno de los conflictos más virulentos del siglo.

Detrás de las lecturas mediáticas, con un zoom a menudo de corta distancia o un teleobjetivo centrado exclusivamente en las zonas de bombardeos, quienes trabajamos diariamente sobre el terreno podemos ofrecer otras claves para formar una fotografía completa de la situación tras siete años de guerra:

Las Claves

1.– 2017, año récord de desplazamientos dentro de Siria: 2,8 millones de personas (7.665 cada día) abandonaron su hogar huyendo de la violencia el año pasado. Pero no pudieron salir de Siria.

“Enjaulados” por el endurecimiento de las fronteras vecinas, muchas familias han huido de un lugar por segunda, tercera o cuarta vez en los últimos años. En este momento son 6,1 millones los sirios desplazados dentro de sus fronteras.

2.-Mecanismos de supervivencia extremadamente negativos. Con los desplazamientos (la mitad son niños), las familias no solo dejan atrás hogares, escuelas y medios de vida, a menudo con un fuerte estrés post-traumático: en los dos últimos años hemos visto dispararse mecanismos extremos de supervivencia como el trabajo infantil o los matrimonios forzados. También han aumentado los episodios de violencia de género.

3.- Más acceso para la ayuda, pero persisten los sitios. En 2017 se redujo el número de personas en zonas de difícil acceso para la ayuda gracias a la “pacificación” de algunas zonas en el sur y el este del país, pasando de 4,5 a casi 3 millones de personas en áreas de difícil acceso para la ayuda.

No obstante, 410.000 personas siguen viviendo en 10 localidades sitiadas por distintos actores del conflicto, entre ellas Gouta oriental, Yarmouk, Foua y Kefraya. Cuando no son bombardeadas, la hiperinflación o el desabastecimiento de productos básicos ponen en grave peligro la seguridad nutricional de la población.

4.- Ocho de cada 10 refugiados viven en situación de pobreza. De los cinco millones de refugiados en los países vecinos (3,6 millones en Turquía, 1 millón en Líbano, 658.000 en Jordania, 247.000 en Irak y 127.000 en Egipto, según las cifras oficiales, las no oficiales son mucho más altas), el 80 % vive en situación de pobreza.

La calidad del asilo se ha reducido, pese al esfuerzo de las organizaciones humanitarias por cubrir las necesidades básicas, y sus posibilidades de ganarse la vida siguen estando muy limitadas por su estatus legal (no pueden trabajar ni moverse libremente).

5.- El retorno aún no es seguro. La aparente desescalada de violencia en algunas zonas del país ha empujado al retorno forzado, y precipitado de la población.

Labor humanitaria

Un informe presentado en febrero por Acción contra el Hambre, Save the Children y el Congreso Noruego para los Refugiados, entre otras organizaciones, muestra que mientras el número de sirios que regresaron – la mayoría eran desplazados internos – aumentó de 560.000 a 721.000 entre 2016 y 2017, por cada repatriado hubo tres nuevos desplazados por la violencia.

Dentro de Siria, y mientras llega la paz, la máxima prioridad humanitaria es la asistencia a la población directamente afectada por el conflicto. Las necesidades humanitarias no cesan de crecer (el llamamiento humanitario de 2018 es un 4,7 % mayor que el de 2017).

Esto no quiere decir solo que se necesiten más fondos. Es crucial que se flexibilicen los requerimientos administrativos para facilitar el trabajo humanitario, la aplicación efectiva de la exención de las sanciones relacionadas con la transferencia de fondos y con la exportación de materiales esenciales para uso humanitario.

Se trata en definitiva de que todas las partes del conflicto faciliten la labor humanitaria en estricto cumplimento del Derecho Internacional Humanitario.

En cuanto a los refugiados, a día de hoy tienen solo tres opciones: el retorno, la integración en el país de acogida o el reasentamiento en un tercer país.

La primera opción está completamente descartada por las condiciones de seguridad. La segunda vía es cada vez más difícil en países que llevan siete años soportado una carga de refugiados desproporcionada en su territorio si la comunidad internacional no decide acompañar el esfuerzo con recursos y hacer efectiva la ayuda prometida (en 2018 se ha financiado solo el 5 % del llamamiento humanitario y en los tres años anteriores apenas se cubrieron la mitad de las necesidades).

Para la tercera opción es necesaria una voluntad política que ha dado pocos indicios de realización hasta el momento. Esta es la foto humanitaria en el séptimo aniversario del conflicto, la que todos deberíamos ver y poder cambiar.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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