Siria celebra elecciones presidenciales inmersa en un conflicto

Maher Abdel Hafez Hayar y Hasan Abdalá al Nuri, rivales del mandatario sirio, Bachar al Asad, concurren a las elecciones presidenciales en las que el actual presidente busca lograr un tercer mandato, en medio de un conflicto que dura más de 38 meses.
Manifestación en Túnez contra el régimen de Bachar al Asad.EFE/Mohamed Messara

Manifestación en Túnez contra el régimen de Bachar al Asad.EFE/Mohamed Messara

La votación se desarrolla en las zonas bajo control del régimen en todas las provincias, menos en Al Raqa (norte), en manos del grupo radical Estado Islámico de Irak y del Levante.

Casi 16 millones de sirios están llamados a votar en medio de una guerra civil que ha causado más de 162.000 muertos desde su inicio en marzo de 2011.

Tras la muerte de Hafez El Asad en junio de 2009 le sustituyó su hijo Bachar, para quien hubo que reformar la Constitución al no contar con la edad mínima estipulada para gobernar. Un mes después los sirios refrendaron en las urnas al nuevo presidente que en su primer discurso anunció un programa de reformas políticas y económicas para fomentar la inversión y abrir Siria al exterior, a lo que se sumó su objetivo de liberar los Altos del Golán, ocupados por Israel en 1967.

    Desde marzo de 2011, la revuelta contra el régimen que derivó en una guerra civil ha causado al menos 162.402 muertos, entre ellos 53.978 civiles, según las cifras del Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

En el aspecto político en 2001 realizó una importante remodelación de gobierno y en 2002 incorporó a Siria al Consejo de Seguridad de la ONU en tanto que no estaba presente en este órgano directivo desde 1971.
Continuando con sus reformas, en 2003 remodeló el gobierno y nombró primer ministro al hasta entonces presidente de la Asamblea del Pueblo, Mohamed Naji al Otari, pero en febrero de 2005 se desató una grave crisis tras el atentado que costó la vida en Beirut al ex primer ministro libanés Rafic Hariri, quien se perfilaba como el líder de la oposición a Damasco y del que se culpó a Siria.
Miles de manifestantes se lanzaron entonces a la calle en Beirut para reclamar la salida de las tropas sirias de Líbano y el fin de la influencia de Damasco, repliegue que finalmente se produjo en abril de 2005 bajo presión de EEUU.
Sin embargo, la mayor crisis se desató en marzo de 2011 tras el estallido de una revuelta social sin precedentes contra Bachar El Asad a quien exigían una apertura democrática en un país donde impera la ley de emergencia desde 1963, y que el régimen achacó a grupos terroristas.
Para sofocar las protestas el presidente realizó una serie de reformas que inició con la destitución del gobierno en pleno, en abril de 2011 y después continuó con el anunció de la retirada de la ley de emergencia y con la supresión del Alto Tribunal para la Seguridad Nacional, corte que desde su creación en 1968 ha llevado a cabo juicios sumarísimos contra personas acusadas de atentar contra la seguridad del estado.
En mayo de 2011 anunció la puesta en libertad de los presos de conciencia, lo que no acalló la revolución cuya fuerte represión ha provocado, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, más de 162.000 muertos y le ha supuesto a El Asad sanciones de la comunidad internacional y la expulsión de Siria de la Liga Arabe y la Conferencia Islámica.
Las crisis se agravó con una serie de atentados agudizados en 2012, 2013 y 2014 de los que se culparon mutuamente régimen y oposición.
En febrero de 2012 los sirios aprobaron en referendum la nueva Constitución que preveía el multipartidismo y en mayo la coalición gobernante se atribuyó la mayoría de los escaños del Parlamento en las elecciones legislativas.
El Asad convocó elecciones generales para junio de 2014 tras alcanzarse un acuerdo en Ginebra con la oposición, y una vez que el parlamento terminó de aprobar la nueva Ley Electoral que permite por primera vez en décadas que se presenten varios candidatos a los comicios presidenciales. EFE/doc

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