Seis claves sobre la amenaza nuclear: a tres minutos del juicio final

Desde el arranque bélico de la era atómica -materializado en agosto de 1945 con las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki- un grupo de ingenieros, físicos y otros técnicos del Proyecto Manhattan empezaron a publicar en Chicago una revista para divulgar los dilemas apocalípticos generados por esa nueva tecnología y defender la necesidad de un estricto control internacional.
Activistas surcoreanos protestan en Seúl (Corea del Sur) contra el lanzamiento de un satélite el pasado 7 de febrero por parte de Corea del Norte. EActivistas surcoreanos protestan en Seúl (Corea del Sur) contra el lanzamiento de un satélite el pasado 7 de febrero por parte de Corea del Norte. EFE/Archivo/Jeon Heon-Kyun

Jesús R. Martín

Dos años después, el comité del Boletín de Científicos Atómicos aumentó su capacidad de debate creando un símbolo para ilustrar la trascendencia existencial de sus preocupaciones: el reloj del Juicio Final (Doomsday Clock). 

Al arrancar esa metáfora visual sobre el peligro de una deliberada destrucción del planeta, el reloj marcaba 7 minutos para la medianoche. En 1949, con el primer ensayo nuclear de la Unión Soviética, las manecillas empezaron a moverse hacia el punto y final.

Desde entonces, el reloj se ha ajustado en más de veinte ocasiones, con márgenes de 2 a 17 minutos según los diversos avatares de la proliferación nuclear durante y después de la Guerra Fría.

Y de acuerdo a la última puesta en hora anunciada a comienzos de 2016, a pesar incluso del acuerdo alcanzado para limitar las ambiciones nucleares de Irán, ya solo faltan 3 minutos para lo peor.

1.- Las buenas intenciones. 

Asumido el final de la Guerra Fría, librar al mundo de armas nucleares se ha convertido en una de las mejores intenciones de la agenda internacional. Esas crecientes esperanzas fueron impulsadas en enero de 2007 con la ayuda de “cerebros” de la política exterior de Estados Unidos encabezados por Henry Kissinger.

La iniciativa bipartidista de estos pesos pesados inspiró la formación de Global Zero, un grupo de presión que respaldado por una multitud de líderes internacionales aspiraba a hacer realidad la utopía diplomática de un total desarme nuclear. 

El sueño de un mundo libre de armas nucleares fue asumido por el presidente Obama al llegar a la Casa Blanca. En su celebrado discurso de Praga de 2009, el ocupante del despacho oval comprometió al Gobierno de Estados Unidos con ese ideal, además de plantear una ambiciosa hoja de ruta.

Entre expectativas enormes, optimismo contagioso y el evidente deseo de marcar un punto de inflexión con respecto a la política internacional de la Administración Bush, el primer presidente afroamericano fue reconocido con un inmediato premio Nobel de la Paz.

La “National Security Strategy 2015 (NSS)“, que contiene el esquema estratégico asumido por Estados Unidos durante la recta final de la Administración Obama, destaca una y otra vez el riesgo de proliferación nuclear en un documento de 29 páginas, con la conclusión de que “ninguna amenaza plantea tan grave peligro para nuestra seguridad y bienestar como el potencial uso de armas y materiales nucleares por estados irresponsables o terroristas”.

2.- Un tratado y cuatro cumbres

Entre sus múltiples esfuerzos, la Administración Obama ha intentado relanzar la arquitectura de no proliferación nuclear en buena parte heredada de la Guerra Fría.

Un régimen centrado en torno Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (NPT por sus siglas en inglés) y completado por todo un conjunto de otros tratados, acuerdos y normas encaminados a impedir la propagación de armas nucleares y peligrosos materiales radioactivos.

En combinación con los requisitos, inspecciones y denuncias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y seis rondas sucesivas de sanciones en el marco del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ese régimen habría demostrado en el caso de Irán su utilidad como herramienta pacífica para contener ambiciones nucleares.

Antes de que su relación bilateral se envenenase, Estados Unidos y Rusia fueron capaces de firmar en 2010 el tratado New START de reducción de armas estratégicas, que limita a un máximo de 1.550 el número de cargas nucleares estratégicas para cada uno de los dos signatarios.

Sin embargo, esa buena voluntad ha desaparecido hasta el punto de que la Casa Blanca y el Kremlin interrumpieron en diciembre de 2014 toda su cooperación para garantizar la seguridad de materiales nucleares.

Desde 2010, el gobierno de Estados Unidos también ha impulsado un sistema de cumbres bianuales dedicado exclusivamente a la seguridad nuclear. La última cita correspondiente al 2016 ha tenido lugar en Washington, D.C., entre el 31 de marzo y el 1 de abril, con la participación de más de cincuenta países y la notoria ausencia de Rusia.

Al igual que en ocasiones anteriores, el objetivo ha sido doble: lograr avances tangibles en el control de materiales radioactivos y fortalecer la arquitectura global de seguridad nuclear.

3.- Resultados 

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética compartieron el uso civil de la tecnología nuclear con más de cuarenta países.

El resultado no deseado es que el material necesario para construir armas nucleares se puede encontrar en casi un centenar y medio de instalaciones repartidas por todo el mundo, con el consiguiente peligro de terminar en manos de terroristas. Salvo la Antártida, todos los continentes acumulan materiales nucleares.

La prioridad del sistema de cumbres organizado por la Administración Obama ha sido establecer un mayor control sobre las existencias de uranio y plutonio enriquecidos para que no termine en manos de actores no-estatales.

Todos estos esfuerzos, que no se sabe si tendrá continuidad con el próximo ocupante de la Casa Blanca, han logrado algunos éxitos significativos a pesar de las reducciones presupuestarias aplicadas por el Congreso de Estados Unidos.

Un total de 15 países han entregado todas sus existencias de uranio enriquecido. Además de lograrse el cierre o reconversión de muchos reactores de investigación o laboratorios. Incluso, la Armada de Estados Unidos estudia alternativas para sus portaaviones y submarinos de propulsión nuclear con uranio altamente enriquecido.

Las medidas de seguridad también se han reforzado en docenas de instalaciones de almacenamiento. En la cita de este año en Washington, otro grupo adicional de países, incluidos Kazastán y Polonia, se han implicado en este proceso.

Y Japón ha decidido entregar a Estados Unidos sus existencias de plutonio enriquecido. Aunque el compromiso ha quedado ensombrecido por la simultánea decisión nipona de construir una nueva planta de reprocesamiento de plutonio, capaz de producir siete toneladas anuales.

4.- Yihadismo nuclear 

Desde el 11-S, el peligro de un ataque con armas de destrucción masiva se ha convertido en una preocupación recurrente. Dentro del segmento nuclear más “low cost” pero no menos dramático, las preocupaciones se centran en la posibilidad de que organizaciones yihadistas logren producir y utilizar lo que en la jerga de armamento no convencional se conoce como bombas sucias, es decir la combinación de explosivos convencionales y materiales radioactivos.

5.- Menos es más 

6.- Un peligroso vagón de cola 

 

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