Seis claves sobre el problema de misiles balísticos de Corea del Norte

Tan solo un mes después de realizar su cuarta prueba nuclear, Corea del Norte ha celebrado el Año Nuevo Lunar a su manera: lanzando un misil de largo alcance con la excusa de poner en órbita un satélite para observar fenómenos naturales.
Un peatón pasa en Tokyo (Japón) junto a una televisión que retransmite la noticia del lanzamiento de un misil balístico de largo alcance por parteUn peatón pasa en Tokyo (Japón) junto a una televisión que retransmite la noticia del lanzamiento de un misil balístico de largo alcance por parte de Corea del Norte en febrero de 2016. EFE/Archivo/FRANCK ROBICHON

Jesús R. Martín.

Con esta sucesión de desafíos, el régimen de Kim Jong-un persiste en seguir una estrategia especialmente desestabilizadora con el desarrollo simultáneo de cargas no convencionales y misiles balísticos cada vez más sofisticados.

El nuevo cohete norcoreano, presentado como parte de un legítimo esfuerzo espacial, en realidad forma parte de un sostenido programa para dotar a Pyongyang de misiles balísticos intercontinentales (ICBM). 

Ya que, según las sospechas compartidas por Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, el modelo Unha-3 puede ser modificado para transportar -en lugar de un satélite- hasta mil kilogramos de carga letal. Además de un alcance estimado de 12.000 kilómetros que, por supuesto, amenaza directamente a todo el vecindario de Corea del Norte y puede llegar hasta Alaska y posiblemente Hawai.

Aunque para completar su binomio no está claro que la última dictadura estalinista haya conseguido miniaturizar sus cargas nucleares y afinar lo suficiente su tecnología de misiles.

En cualquier caso, el lanzamiento de Unha-3 no ha pasado desapercibido. Además de la condena unánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y esfuerzos para aplicar más sanciones, el cohete añade tensión a la complicada relación entre Pyongyang y sus valedores de Pekín y ha forzado a que Corea del Sur acepte la ayuda del Pentágono en materia de defensa anti-misiles.

1. De la V2 al ICBM 

2. Hacia las estrellas

En la última década, Corea del Norte ha avanzado en el desarrollo de su propio programa espacial, considerado siempre como una tapadera para dotar a Pyongyang de misiles balísticos intercontinentales.

3. Defensa anti-misiles 
Como consecuencia de esta escalada, Corea del Sur ha decidido aceptar la ayuda de Estados Unidos para dotarse de un avanzado sistema de defensa antimisiles.

4. Un creciente dilema para China 
China sigue actuando como el gran valedor de Corea del Norte, al que suministra la mayor parte de sus necesidades de energía y alimentos.
Solamente China está en disposición de impedir que Pyongyang haga realidad tarde o temprano su arriesgada apuesta estratégica: desarrollar un arsenal nuclear como garantía para la supervivencia del régimen de Kim Jong-un.

5. ¿Más sanciones? 
El lanzamiento por parte de Pyongyang del cohete Unha-3, al mes de haber ensayado su primera y supuesta bomba de hidrógeno, ha provocado una especie de repetitivo día de la marmota.
Se han generado las mismas protestas por parte de la comunidad internacional, con los vecinos más amenazados a la cabeza: Japón y Corea del Sur. El Consejo de Seguridad, en una reunión de emergencia, se ha comprometido a tomar “medidas significativas” ante el incumplimiento de una larga lista de resoluciones.
Resulta evidente que el régimen de Pyongyang ha encontrado formas efectivas de burlar las sucesivas rondas de sanciones financieras acordadas por la ONU.

6. Propaganda poética y más purgas 
Para anunciar esta nueva escalada, la propaganda de Corea del Norte ha recurrido a su icónica presentadora de televisión Ri Chun-hee. EFE

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