Seis claves sobre el impacto político de la crisis de refugiados en Alemania

En el poder desde 2005, la política de Alemania durante la era Merkel ha llegado a ser percibida como algo tan estable que rozaba casi el aburrimiento.
Refugiados sirios son registrados por un soldado alemán en la base área de Erding (Alemania) el pasado 31 de enero. EFE/Archivo/ANDREASáGEBERRefugiados sirios son registrados por un soldado alemán en la base área de Erding (Alemania) el pasado 31 de enero. EFE/Archivo/ANDREASáGEBER

Jesús R. Martín 

Sin embargo, la primera cita con las urnas tras la apertura de fronteras ante la crisis de refugiados generada por la guerra civil en Siria, ha confirmado que el panorama político alemán no es precisamente inmune a cambios dramáticos.

Los resultados obtenidos en las elecciones celebradas en tres de los dieciséis Estados federados (Baden-Wurtemberg, Renania-Palatinado y Sajonia-Anhalt) evidencian que la “cultura de bienvenida” auspiciada por la canciller viene acompañada de un alto coste político, empezando por el confuso distanciamiento escenificado por los cristianodemócratas con respecto a su sólida lideresa.

Una distancia que también está asumiendo la Unión Europea frente a la no compartida generosidad demostrada por Alemania.

Aunque el derecho de asilo y la defensa de la dignidad humana son partes fundamentales del entramado constitucional germano, la admisión de más de un millón de refugiados está consiguiendo rebasar -también en Alemania- el gran consenso generado a ambos lados del Atlántico tras la Segunda Guerra Mundial.

A un año de sus próximas elecciones generales, las fuerzas antieuropeas, antiinmigración y “antiestablishment” empiezan a llamar cada vez con más fuerza a las puertas de Berlín.

1.- El shock

Con diferencia, el resultado más inquietante de estas elecciones regionales con más de doce millones de votantes llamados a las urnas ha sido el impulso demostrado por el populismo de derechas canalizado a través de Alternativa por Alemania (AfD). 

Esta nueva formación política, muy por encima de los pronósticos más favorables, se ha convertido, con un 24 por ciento del voto popular, en la segunda fuerza del parlamento regional de Sajonia-Anhalt.

Ese Estado federado ha servido para ilustrar como la antigua Alemania comunista es un terreno especialmente abonado para la narrativa política más retrógrada, donde la nostalgia se mezcla con una mínima tolerancia hacia lo diferente.

En Baden-Wurtemberg y Renania-Palatinado, Alternativa por Alemania se ha convertido en la tercera fuerza política.

Esta polarización, especialmente insidiosa para la envidiada cultura política de consenso desarrollada por Alemania, ha castigado especialmente a los cristianodemócratas.

Aunque de este varapalo electoral tampoco se han librado los socialdemócratas del SPD, lo que anticipa la necesidad de complicadas y desagradables coaliciones de gobierno para esos tres Estados federales.

Con todo, el análisis postelectoral de Merkel insiste en que en su conjunto todavía existe en Alemania una clara mayoría electoral a favor de su “cultura de bienvenida”. Aunque la canciller también reconoce que toda esa coherencia pro refugiados viene acompañada de una exigencia bastante transversal para que Alemania recupere un orden perdido.

2. De Große a Kleine Koalition

Junto al premio electoral para Alternativa por Alemania, estas elecciones regionales han supuesto un significativo castigo para los cristianodemócratas y socialdemócratas. Los dos partidos políticos precisamente vinculados en la gran coalición que sustenta el gobierno federal.

La CDU en Baden-Wurtemberg ha quedado por primera vez relegada a un segundo puesto, con un 27 por ciento del voto, lo que representa un retroceso de doce puntos con respecto a 2011.

En Renania-Palatinado, los democratacristianos también han visto como se evaporaba su teórica gran ventaja en las encuestas, terminando con un 31,8 por ciento del voto popular. Incluso en Sajonia-Anhalt, la CDU ha permanecido como primer partido pero con un respaldo también reducido a un 29,8 por ciento.

Los socialdemócratas también se han visto contagiados por este castigo electoral contra los miembros de la “Große Koalition” (gran coalición). 

En el Estado de Baden-Wurtemberg han pasado de un 23,1 por ciento de voto en 2011 a un 12,7 por ciento, lo que les impide seguir gobernando en coalición con los Verdes. En Sajonia-Anhalt, la socialdemocracia también ha perdido 11 puntos lo que descalabra la posibilidad de formar gobierno con la CDU. Con tan solo un 10,6 por ciento del voto popular, el SPD ha quedado relegado a cuarta fuerza política en Sajonia.

3. ¿Auf Wiedersehen?

El inevitable debate generado por estos resultados es si Alemania avanza hacia el final de la cultura política forjada desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Según ha recordado The Economist, durante los años sesenta y setenta, la política en la República Federal de Alemania estuvo centrada en torno a dos grandes partidos aglutinadores.

Formaciones conocidas en alemán como “volksparteien”, según la terminología acuñada por el politólogo Dolf Sternberger. Estos partidos funcionaban como “grandes carpas” orientadas a sumar y no dividir.

El punto de partida de este esfuerzo constructivo serían las dolorosas lecciones aprendidas a partir de la terrible fragmentación política que sufrió Alemania tras la Primera Guerra Mundial, durante la etapa de la República de Weimar.

En ese gran esfuerzo vertebrador y de disuasión contra opciones políticas extremas, los cristianodemócratas sirvieron como banderín de enganche para facciones católicas, protestantes, liberales y otra serie de grupos encaminados a formar una gran fuerza de centro-derecha.

Mientras que los socialdemócratas, abandonaron el marxismo de sus orígenes, asumieron el modelo alemán de economía de mercado social y se convirtieron en la gran referencia para el centro-izquierda.

La responsabilidad de marcar la diferencia en caso de empates y asumir el papel de bisagra gubernamental recayó inicialmente en los Demócratas Libres. Un papel que después asumirían los Vedes y los reconvertidos comunistas del Este hasta llegar al actual reto que plantea Alternativa por Alemania.

4.- La “antiMerkel”: Frauke Petry

5. Cordón sanitario y alienación

 

6.- Solución turca

 

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