Seis claves sobre Bélgica, el eslabón más débil de la Unión Europea

La ofensiva terrorista lanzada por ISIS contra objetivos en Europa desde el pasado noviembre está generando una sobredosis de escrutinio sobre Bélgica, un país percibido como lo más parecido a un santuario yihadista en el epicentro del Viejo Continente.
Trabajadoras del aeropuero de Bruselas se abrazan mientras son evacuadas tras los atentados terroristas del 22 de marzo de 2016 en Bélgica. EFE/ArchiTrabajadoras del aeropuero de Bruselas se abrazan mientras son evacuadas tras los atentados terroristas del 22 de marzo de 2016 en Bélgica. EFE/Archivo/Olivier Hoslet

Jesús R. Martín 

Algunos reproches han llegado a clasificar a Bélgica como una especie de Estado fallido. Es decir, un país que resulta tan peligroso para sus vecinos como atractivo para el frente yihadista expandido como una entidad pseudoestatal por Irak, Siria y Libia.

Cuando menos, Bélgica se presenta como un país disfuncional con índices elevados de corrupción y clientelismo. Un país que no ha sabido afrontar la amenaza yihadista.

1.- Flandes contra Valonia 

Con el interesado respaldo de Gran Bretaña, la historia de Bélgica como reino independiente comienza en 1830, tras una rebelión contra la monarquía protestante de Holanda protagonizada por socialistas francófonos y católicos flamencos.

Salvo ese inicial frente común contra los holandeses -quizá la única revolución iniciada en un teatro de ópera- esos dos grupos tienen muy poco en común. Con un censo actual de 11 millones, el país permanece férreamente dividido por lenguaje, cultura y enfrentadas identidades. 

Un poco más de la mitad de la población es flamenca, hablan una variedad regional del neerlandés y se concentra en el norte más rico. El resto son francófonos, concentrados en torno a la zona sur de Valonia con menores recursos económicos. La capital Bruselas, en Flandes, funciona como una especie de forzado enclave bilingüe aunque la mayoría de sus habitantes sean francófonos.

Organizado como un Estado federal con bastante querencia al nihilismo burocrático, Bélgica ha intentado evitar su “desconexión” con una borrachera de gasto público y una proliferación de instituciones redundantes con el coste de una deuda pública que supera el 110 % de su producto interior bruto.

Como parte de todo este enfrentamiento entre flamencos y valones, Bélgica protagonizó entre 2010 y 2011 una crisis política de tal calado que impidió la formación de un Gobierno nacional durante 589 días.

Toda una plusmarca de funcionar sin Gobierno electo que aunque vino acompañada de cierto nivel de crecimiento económico llegó a superar el récord anterior de provisionalidad detentado por Irak.

2.- División institucionalizada.

La disfuncionalidad de Bélgica no se limita únicamente a cuestiones de lengua, cultura e identidades regionales. La sociedad belga está sometido a un proceso de fraccionamiento vertical –conocido como “piliers” o “zuilen”- entre católicos, liberales y socialistas que no se limita exclusivamente a partidos políticos o sindicatos.

Cada pilar exige sus propias instituciones y servicios, desde colegios a hospitales pasando por medios de comunicación, lo que supone la misión casi imposible de atender no solo a la primera gran división identitaria entre valones y flamencos, sino también al resto de subdivisiones entre católicos, liberales y socialistas. 

La capital Bruselas está organizada en 19 comunas, cada una con su propia fuerza policial. Como gran reforma de consolidación, ahora funciona con seis departamentos policiales para una ciudad de 1,4 millones de habitantes.

Sin olvidar unos servicios de inteligencia de tamaño raquítico para todas sus responsabilidades. Con el agravante de que la división institucionalizada de Bélgica también se extiende al funcionamiento habitual de sus cuerpos policiales y servicios de seguridad que no está a la altura de las amenazas acumuladas.

3.- “Everybody is foreign fighting” 

Bélgica, en forma proporcional a su población, es el país europeo que más combatientes ha aportado a las filas del llamado Estado Islámico en Irak y Siria.

De acuerdo a los cálculos del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y la Violencia Política (ICSR), más de 500 hombres y mujeres se han unido a las filas del ISIS desde 2012. De esa cantidad, en su mayor parte de origen marroquí, las autoridades belgas estiman que han retornado unos 150.

Aunque ese dato se considera conservador por la presunta negligencia en la lucha anti-yihadista demostrada hasta la fecha por Bélgica.

Se puede decir que Bruselas no solamente funciona como la capital de la Unión Europea sino también como la principal base de operaciones para el ISIS en el Viejo Continente.

Justo en un punto estratégico, no solo por acoger las sedes de instituciones como la UE y la OTAN, sino también a muy corta distancia de otras grandes ciudades europeas sin necesidad de pasar a través de controles fronterizos internos. Sin olvidar que Bélgica mantiene desde hace décadas un enorme mercado ilegal de armas de fuego.

Los avances del yihadismo habrían resultado especialmente fáciles no solo por la disfuncionalidad del Gobierno belga sino también por el trabajo preparatorio realizado por grupos como Sharia4Belgium.

Esa facción extremista se concentró sobre todo en la movilización de comunidades de inmigrantes árabes marcados por la falta de integración y oportunidades. Aquel grupo empezó a ganar prominencia en 2010 pero no fue designado como organización terrorista hasta cinco años después, en febrero de 2015. Demasiado tarde para impedir un escenario favorable a los intereses del Estado Islámico.

4.- Recursos inhumanos 

5.- Hernández y Fernández. 

6.- ¿Caricatura o espejo?

Más que una caricatura delirante pero aislada, algunos análisis empiezan a insistir en que Bélgica no es más que un reflejo de las muchas cosas que no funcionan en Europa.

Aunque los belgas hayan alcanzado niveles extremos, la Unión Europea estaría empezando a acumular un lastre cada vez más evidente de populismo, nacionalismo, corrupción, clientelismo e incompetencia.

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