Seis claves para entender la nueva política de Estados Unidos en Asia

Esta semana, invitado por el primer ministro de Japón, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, ha tenido ocasión de comer en Sukiyabashi Jiro, el legendario restaurante de Tokio con tres estrellas michelín regentado por Jiro Ono, octogenario maestro del sushi.
El presidente estadounidense Barack Obama (d) saluda al primer ministro japonés Shinzo Abe (i)en febrero de 2013 en el despacho Oval de la Casa BlancEl presidente estadounidense Barack Obama (d) saluda al primer ministro japonés Shinzo Abe (i)en febrero de 2013 en el despacho Oval de la Casa Blanca, Washington, Estados Unidos. EFE/Archivo/Kristoffer Tripplaar /

Jesús R. Martín 

La cita gastronómica en el barrio de Ginza ha servido a Obama para arrancar una gira de ocho días por cuatro países del lejano oriente (Japón, Corea del Sur, Malasia y Filipinas). Este viaje -con un destino bastante personal para el presidente por sus raíces familiares en Hawai e Indonesia- ilustra el empeño de Washington por priorizar sus relaciones con la región Asia-Pacífico.

Tal y como anunció en el otoño de 2011 la entonces responsable diplomática Hillary Clinton, con ayuda de un ensayo en la revista Foreign Policy titulado “America’s Pacific Century”, Estados Unidos desea “pivotar” su política exterior durante muchos años centrada en Europa, dejar atrás costosas guerras como Afganistán e Irak y concentrarse en Asia.

Una zona del mundo que cada vez más lleva la voz cantante en la economía globalizada y que concita el interés estratégico de Estados Unidos, sin olvidar el reto planteado por un gigante como China cuyo rearme y reclamaciones territoriales están planteando toda una serie de inquietantes tensiones entre sus vecinos.

Para beneficiarse de este dinámico protagonismo asiático en el siglo XXI, la Administración Obama -a pesar de las dudas generadas por sus actuaciones en frentes abiertos como el de Siria o Ucrania- está reforzando su presencia en la región.

Para ello emplea múltiples frentes como la diplomacia, ayudas al desarrollo, defensa de los derechos humanos y del modelo democrático, cooperación con instituciones multilaterales, promoción comercial y mayores vínculos de seguridad.

1.- Japón

Este mes de abril, Japón se ha embarcado en su primera expansión militar occidental en cuarenta años, con el establecimiento de una estación de radar en la isla de Yonaguni, en la prefectura de Okinawa. Decisiones tomadas al final de la Segunda Guerra Mundial dejaron a Japón con unas pequeñas fuerzas armadas, pero bajo el liderazgo del primer ministro, Shinzo Abe, esa limitada postura militar está cambiando.

El rearme coincide con el hecho de que las relaciones entre Japón y China atraviesan por uno de sus peores momentos por el conflicto planteado en torno a cinco islotes y tres rocas conocidas en Tokio como las islas Senkaku y en Beijing como las islas Diaoyu.

Los dos países reclaman tanto la soberanía como el control de todos esos deshabitados islotes situados hacia al final de la cadena que incluye Okinawa. Estados Unidos ha insistido en que Tokyo debe actuar de forma especialmente cuidadosa para evitar una escalada militar accidental de esa disputa territorial.

Con respecto a Japón, la otra cuestión clave para Estados Unidos pasa por el comercio. Los dos países han invertido meses en intensas negociaciones para resolver sus diferencias en el contexto del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) un pacto en el que participarían una docena de países que representan un 40 % del PIB mundial.

En este sentido, el viaje de Obama no ha servido para superar las diferencias existentes, centradas sobre todo en cuestiones de acceso a mercados y el tratamiento arancelario de sectores como la automoción o la agricultura.

2.- Corea del Sur

El régimen de Corea del Norte con Kim Jong Um -el tercer dictador hereditario al frente del último régimen estalinista del mundo- sigue planteando un grave problema para la seguridad de toda la región.

La reciente purga de su tío, comparada al drama shakesperiano Ricardo III pero con cargas nucleares y misiles, junto a la amenaza de un cuarto ensayo con sus cargas de plutonio, han multiplicado los temores de inestabilidad entre el resto de su vecindario.

Además de esta amenaza real, las relaciones entre Corea del Sur y Japón atraviesan por lo que se considera su peor momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Tensiones que Washington no termina de entender cuando tanto Tokio como Seúl comparten problemas de seguridad como el anuncio por parte de Beijing en noviembre pasado estableciendo una zona de identificación de defensa aérea sobre el mar del este de la China.

Como respuesta, Estados Unidos despachó un par de bombarderos B-52 que volaron por la zona sin la identificación especial requerida por China, al igual que esta semana ha vuelto a hacer el avión presidencial Air Force One que se ha limitado a presentar un plan de vuelo rutinario.

En cuanto a contener la amenaza norcoreana y sus continuas provocaciones, Estados Unidos ha reafirmado una vez más su compromiso de defender su histórica alianza con Corea del Sur, pero señalando la necesidad de contar con la ayuda de China para hacer frente al régimen de Pyongyang y sus constantes provocaciones.

3.- Filipinas

Filipinas ha llevado a China ante la jurisdicción de Naciones Unidas por disputas marítimas en una zona con enorme potencial de recursos energéticos y pesqueros. Estos problemas de intereses cruzados en el mar del sur de China también implican a otros países como Vietnam, Malasia, Brunei y Taiwán.

Según ha insistido Susan E. Rice, asesora de seguridad nacional de la Casa Blanca, en Asia existe una “demanda significativa” de liderazgo americano y la gira asiática del presidente Obama “ofrece una oportunidad para que Estados Unidos reafirme su compromiso en la región con un orden basado en reglas”.

En Manila, Obama ha cerrado con su contraparte Benigno Aquino III un acuerdo de cooperación militar.
Con una validez de diez años, el gobierno de Manila permitirá el acceso de fuerzas americanas a bases filipinas por primera vez después de la forzada retirada legislada en 1991, que supuso la salida de efectivos del Pentágono estacionados en bases masivas como la de Subic Bay.

Aunque el anterior despliegue durante la dictadura de Marcos era bastante impopular en Filipinas y fuente de constantes tensiones, la respuesta de la Navy de Estados Unidos ante la catástrofe del tifón Haiyan ha facilitado este cambio que permite mayor flexibilidad en la presencia militar americana en Asia.

4.- Malasia

La Administración Obama ha demostrado su interés por fomentar una relación más estrecha con Malasia, país de mayoría musulmana y con un problemático historial en términos de gobierno democrático y respeto a los derechos humanos.

Para la Casa Blanca, Malasia es un país ambivalente dentro del sudeste asiático, que se sitúa entre la prometedora democracia de Filipinas y el autoritarismo de un solo partido de Laos. Según ha indicado Washington, conseguir que Malasia evolucione hacia una sociedad más abierta, además de sus éxitos económicos, convertirían a esa monarquía rotatoria en un modelo para el resto de la región.

Por ahora, Malasia sigue siendo un país multiétnico (mayoría musulmana junto a minorías india y china) y significativamente emprendedor, pero lastrado por un sistema político bastante corrupto, controlado por una élite malaya que no tiene grandes reparos en procesar a sus opositores con cargos inventados.

En estos momentos, el gobierno de Kuala Lumpur también mantiene sus propias disputas marítimas con China.
Las relaciones entre Malasia y China también se han visto complicadas por la desaparición del avión de Malaysia Airlines. En ambos frentes, el gobierno de Malasia agradece la cooperación prestada y el respaldo que pueda ofrecer Estados Unidos.

5.- China

A pesar de las negativas por parte de la Administración Obama, el régimen comunista de China está convencido que la nueva estrategia de Estados Unidos en Asia se dirige, sobre todo, a contener su creciente influencia económica y poderío militar.

El Pentágono, a pesar de sus restricciones presupuestarias, anunció en 2012 su intención de desplegar en el plazo de ocho años un 60 % de todas sus fuerzas aéreas y navales en la región Asia-Pacífico.
Sin que falten reproches sobre el riesgo de que la redefinición de la política asiática de Estados Unidos quede limitada a cuestiones militares.

Un reciente informe crítico del Senado americano señala que el Departamento de Estado invierte solamente un 8 % de su presupuesto diplomático y un 4 % de ayuda al desarrollo en la región donde vive un 33 % de la población mundial.

Por ahora, China se ha embarcado en un multimillonario proceso de rearme y modernización militar, sobre todo de sus efectivos navales, pero evitando cualquier posible confrontación directa con Estados Unidos.

Aunque según el consenso emergente entre analistas internacionales, ante el contexto de renovada guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, el gran beneficiado podría ser China con mayores posibilidades de poner más fuerza sobre sus vecinos en Asia.

Al comienzo de su mandato, la Administración Obama ya intentó un mayor entendimiento con China, argumentando que Beijing debería tener más relevancia internacional y relegando a un segundo plano cuestiones de derechos humanos.

Ese esfuerzo de cooperación duró poco al complicarse con múltiples puntos de fricción como Corea del Norte, Tibet, Taiwán, ciberataques, derechos de propiedad intelectual y otras disputas comerciales.

6.- Rusia

Durante la gira asiática de Obama, un tema recurrente ha sido el descrédito en su autoridad sufrido por Estados Unidos ante Rusia en frentes como Siria o Ucrania.

Especialmente se ha reiterado el hecho de que Washington considerase el uso de armas de químicas por parte del régimen de Damasco como una “línea roja” merecedora de una respuesta militar que al final no se ha producido.

En este frustrante proceso se han juntado circunstancias como la incapacidad de la Casa Blanca para lograr el respaldo del Congreso en el uso de la fuerza militar en Siria y el derecho de veto que Rusia mantiene en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Este renuncio ha llamado la atención sobre todo en Japón, Corea del Sur y Filipinas, que mantienen acuerdos de defensa con Estados Unidos no aplicables, entre otras cuestiones, a las disputas territoriales con China.
Tras la gira asiática del presidente Obama, Vladimir Putin tiene previsto visitar China el próximo mes de mayo.

Tanto Moscú como Beijing esperan cerrar un proceso negociador que se ha demorado durante los últimos diez años para el suministro de gas ruso, con interés por parte de China para desarrollar proyectos alternativos de energía en Crimea. El monopolio ruso Gazprom tiene previsto exportar a China 38.000 millones de metros cúbicos de gas para el año 2018.

Cantidad que supone un cuarto de las actuales exportaciones rusas a Europa. La petrolera rusa Rosneft también aspira a triplicar el suministro a China que el año pasado logró superar los 300.000 barriles diarios de crudo.

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