Seis claves para entender la diplomacia telefónica de la Casa Blanca

El sábado 1 de marzo, por la tarde y desde el despacho oval, Barack Obama alcanzó una nueva plusmarca en su presidencia. Según la Casa Blanca, invirtió 90 minutos en una tensa conversación telefónica con Vladimir Putin.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hablando desde el Air Force One.
EFE/PETE SOUZA/CASA BLANCAEl presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hablando desde el Air Force One. EFE/PETE SOUZA/CASA BLANCA

Jesús R. Martín

La llamada de no logró detener la incursión militar de Rusia en la península de Crimea pero ha sido presentada como la más larga en la diplomacia telefónica ejercida por Obama durante sus seis años en el despacho oval.

En tan solo tres semanas, el presidente de Estados Unidos ha mantenido un total de cuatro conversaciones telefónicas con Putin sobre la crisis de Ucrania. Maratón de diplomacia telefónica que según ha confirmado la Casa Blanca se ha extendido también a los máximos dirigentes políticos de Alemania (4 ocasiones), Gran Bretaña (3), Francia (2), China, Canadá, Estonia, Italia, Japón, Kazajstán, Letonia, Chipre, Polonia y España.

En la era de internet no ha dejado de llamar la atención el protagonismo que una tecnología desarrollada en el siglo XIX, como es el teléfono, está teniendo en lo que se considera como el peor enfrentamiento con Moscú desde el final de la Guerra Fría.

1. La mejor alternativa

Para empezar no todos los países disponen de los sofisticados sistemas de comunicaciones al servicio de la Casa Blanca en comparación a la casi universalidad del teléfono. Junto a esta básica cuestión de conectividad, destacan también todas las ventajas asociadas a la voz humana.

Incluso a veces sin necesidad de traducción, este sonido directo facilita el reto de comunicarse con efectividad en cuestiones esenciales, avanzar detalles en delicadas negociaciones y forjar vínculos más allá de distancias geográficas y diferencias culturales. Como ha explicado un antiguo alto cargo de la Casa Blanca a Yahoo News, esta herramienta “es inmediata, relativamente fácil de conectar y asegurar, y al mismo tiempo es muy personal”.

2. Preparación

Nada se deja al azar en la diplomacia telefónica de la Casa Blanca, ni siquiera las cortesías y palabras intrascendentes que preceden a lo sustancial de este tipo de conversaciones. Antes de llamar, el presidente de Estados Unidos recibe un dossier especialmente elaborado por el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

El informe incluye una semblanza confidencial del interlocutor con todo tipo de detalles personales. En casos como el de China, una llamada a su presidente obliga al ocupante del despacho oval a reiterar de forma sumaria la política oficial de Estados Unidos con respecto a Beijing. Sin embargo, estos preparativos por muy detallados que sean no pueden suplir las carencias individuales que un presidente pueda tener en cuestiones de empatía, liderazgo y persuasión.

Las llamadas suelen llevarse a cabo con la asistencia de un ayudante quien realiza una especie de cuenta atrás y utiliza la famosa frase de introducción: “Please hold for the President”. Algunas veces, estas conversaciones pueden degenerar en tensas discusiones, lo que en la jerga diplomática se identifica como un intercambio “franco y cándido”. En general, la Casa Blanca insiste en mantener siempre un tono educado y lo más distendido posible.

3. El primero 

La Casa Blanca ha tenido teléfono desde 1877, cuando el entonces presidente Rutherford B. Hayes contrató uno de estos aparatos al que se le asignó el número “1”. Lo utilizó por primera vez (el 29 de junio de 1877) para una conversación de prueba, en la que según detalló el “Providence Journal”, el presidente dijo “esto es maravilloso” y “por favor, hable un poco más despacio”.

En la infancia de la tecnología telefónica, Hayes apenas realizó llamadas ya que la otra línea disponible en todo el gobierno federal con acceso directo a la Casa Blanca pertenecía al Departamento del Tesoro. Medio siglo después, en marzo de 1929, el presidente Herbert Hoover fue el primer ocupante de la Casa Blanca en tener un teléfono a su disposición sobre su mesa de trabajo en el despacho oval.

Obama, como otros de sus antecesores, suele tener el teléfono guardado en un cajón al lado izquierdo de su escritorio (el histórico Resolute desk) en el despacho oval. Para aumentar la sensación de conexión directa se suele evitar el uso de altavoces.

Los presidentes también tiene acceso a líneas seguras en diferentes puntos de la Casa Blanca, el retiro de Camp David, desde su coche (The Beast) y desde el avión presidencial (Air Force One), aunque durante las llamadas en vuelo tienden a solaparse los interlocutores. En cualquier caso, se mantiene la precaución de no entrar en detalles confidenciales cuando se están utilizando líneas telefónicas no seguras.

4. El “teléfono rojo”

El mítico “teléfono rojo” que conectaba Washington y Moscú es realmente un invento de Hollywood. La línea directa, negociada e instalada tras los graves problemas de comunicación sufridos durante la crisis de los misiles cubanos, era básicamente una conexión de teletipo entre el Pentágono y el Kremlin. Incluso la expresión “directa” era un poco exagerada porque los mensajes intercambiados entre Estados Unidos y la URSS tenían que ser rebotados a través de Londres, Copenhague, Estocolmo y Helsinki.

La primera comunicación realizada el 30 de agosto de 1963 desde el Pentágono consistió en el mensaje: “The quick brown fox jumped over the lazy dog’s back 1234567890”, que sirvió como test de funcionamiento al incluir todas las letras del alfabeto en inglés y todos los números arábigos. Aún así la respuesta soviética resultó ininteligible por lo que el sistema tuvo que ser técnicamente afinado. Lyndon Johnson fue el primer presidente que utilizó esa “hotline” para comunicarse con Moscú durante la Guerra de los Seis Días en 1967.

A partir del 1 de enero del año 2008, ese rudimentario canal fue sustituido por un nuevo sistema de fibra óptica que permite un intercambio confidencial de correos electrónicos entre ordenadores especiales, cuyo funcionamiento correcto se comprueba cada hora durante todo los días. En 2010, Obama se permitió bromear con la posibilidad de que Twitter se convierta en el nuevo canal de comunicación directa entre Moscú y Washington.

5.- Verse las caras

Tanto en la Situation Room, la bodeguilla estratégica de la Casa Blanca, como desde el salón Roosevelt y el retiro de Camp David en las montañas de Maryland, el presidente de Estados Unidos puede realizar videoconferencias.

El sistema, conocido por el acrónimo SVTC (Secure Video TeleConference), tiene la ventaja de facilitar reuniones con múltiples asistentes y permitir la lectura de expresiones faciales y lenguajes corporales. El problema es que solo unos cuantos líderes políticos disponen de esa tecnología, en muchos casos facilitada directamente por Estados Unidos. George W. Bush utilizaba esta herramienta audiovisual para comunicarse en semanas alternas con los líderes de Afganistán e Irak, apreciando el valor añadido de poder observar a sus interlocutores en Kabul y Bagdad.

6. Transcripciones

Desde el escándalo de Watergate diversas fuentes de la Casa Blanca insisten en que las conversaciones del presidente de Estados Unidos nunca son grabadas, aunque su equipo elabora una transcripción informal para consumo doméstico. El documento resultante, que puede ser alterado por indicación del consejero de seguridad nacional, puede ser compartido con otras personas o con nadie, en función de sus contenidos. En el libro “Plan of Attack”, publicado por el periodista Bob Woodward en 2004, se ofrecieron detalles de algunas de las conversaciones telefónicas mantenidas por el presidente Bush y José María Aznar.

Entre los pasajes más reveladores (página 403 en la edición original de Simon & Schuster) figuran detalles de un contacto mantenido entre Moncloa y la Casa Blanca el viernes 21 de marzo del 2003, segundo día completo de combates en Irak. El presidente de Estados Unidos relata a su aliado español cómo hace 48 horas había dado las órdenes de invasión a través de una videoconferencia con el general Tommy Franks. Al reparar en la trascendencia de esa difícil decisión, Aznar habría insistido: “Nunca te sientas solo en momentos como éstos. Sabes que hay muchos de nosotros que estamos contigo”. Bush responde: “Lo tengo clarísimo”. Y Aznar habría rematado diciendo: “Cada vez que te sientes acuérdate de que estamos contigo. Vas a poder ver siempre un bigote junto a ti”.

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