Seis claves para entender la crisis financiera, según Timothy Geithner

El secretario del Tesoro en la Administración Obama entre 2009 y 2013, Timothy Geithner, ha contado en un libro recién publicado en Estados Unidos sus reflexiones sobre la crisis financiera.
El exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, a la izquierda, junto al expresidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, durante la El exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, a la izquierda, junto al expresidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, durante la presentación del nuevo billete de cien dólares en Washington. EFE/Archivo/Astrid Riecken

Jesús R. Martín

“No era un banquero, un economista, un político o incluso un miembro del Partido Demócrata”. Aún así, Timothy Geithner ha tenido un asiento de primera fila en la crisis financiera del 2008. Una debacle con epicentro en Wall Street que él vivió primero al frente de la Reserva Federal en Nueva York y después como secretario del Tesoro en la Administración Obama entre 2009 y 2013.

Junto a otros protagonistas de experiencias muy cercanas a la muerte -económica, bélica o biológica- la industria editorial en Estados Unidos viene desarrollando un filón de libros que en primera persona relatan todo tipo de desastres. 

Con apariencia de preludio a las memorias anunciadas por Ben Bernanke para el año que viene, esta semana ha empezado a circular el detallado libro de Tim Geithner titulado “Stress Test: Reflections on Financial Crises” (Prueba de resistencia: reflexiones sobre crisis financieras). 

Un volumen dedicado en sus 580 páginas fundamentalmente a explicar, y en lo posible defender, la respuesta de Washington ante la catástrofe especulativa que empezó con el derrumbe del mercado hipotecario en Estados Unidos. Como él mismo reconoce: “La incómoda verdad de la respuesta a la crisis financiera es que las medidas que se toman con la idea de que son correctas a menudo son equivocadas”.

1.- Remordimientos

Los fallos no abundan precisamente en el libro de Geithner. Sus remordimientos son más bien genéricos.

En retrospectiva, el ex alto cargo de la Administración Obama considera que él mismo debía haber ejercido “más presión para mejorar la habilidad del sistema financiero para resistir una crisis de confianza” durante su etapa al frente de la Feden Nueva York. Y también se aventura a decir que Estados Unidos debió haber hecho más para salvar a Lehman Brothers de la bancarrota.

Como limitación personal, Geithner reconoce su dificultad en los peores momentos de la crisis para hablar al público de forma persuasiva: “Me balanceaba como un pasajero infeliz en un barco inestable. Insistía en mirar más allá del teleprompter para conectar directamente con la audiencia, lo que aparentemente me hacía parecer sospechoso; un comentarista dijo que parecía un ladrón de tienda. Mi voz flaqueaba. Intentaba sonar convincente pero sonaba como alguien que intentaba sonar convincente”.

De hecho, durante su mandato al frente del Departamento del Tesoro llegó a poner varias veces su puesto a disposición del presidente Obama. “Salvamos la economía -escribe- pero perdimos al país haciéndolo”. 

2.- Aciertos

Intervención pero con mesura. A su juicio, no tenía mucho sentido avanzar por la vía de nacionalizar las entidades financieras en apuros y otorgar un protagonismo innecesario a las autoridades federales dentro del sector bancario.

El ex secretario del Tesoro destaca también lo que le costó resistirse a presiones populistas de castigo contra entidades en apuros. El propio presidente Clinton le habría aconsejado que “puedes coger en un callejón a Lloyd Blankfein (responsable ejecutivo de Goldman Sachs) y cortarle el cuello”.

Como ejemplo de mesura necesaria, destaca su muy criticada decisión de no anular el pago de 165 millones de dólares en concepto de bonificaciones para los empleados de AIG, compañía aseguradora rescatada con 182.000 millones de dinero público. Ese camino de responsabilidad, en su opinión, no fue seguido por el Congreso de Estados Unidos al “contaminar” con medidas innecesarias la Ley Dodd-Frank de 2010 sobre regulaciones financieras.

3.- Rescate financiero

El ex secretario del Tesoro reconoce que tuvo sus diferencias con el intenso Lawrence Summers, su mentor y cerebro económico de la Administración Obama, sobre la mejor estrategia a seguir para ayudar a los bancos en apuros.

Summers era partidario de una política mucho más intervencionista y, en la práctica, nacionalizar aquellas entidades “zombie” carentes de solvencia. Geithner mantuvo una posición de mayor cautela, dando tiempo a que los bancos se sometieran a pruebas de resistencia para determinar su solidez. Un proceso que incluía margen suficiente para que las entidades con déficit de capital pudieran enmendar sus balances o aceptar ayuda pública bajo estrictas condiciones del gobierno federal.

La opción más intervencionista de Summers fue desestimada por la Casa Blanca por su mayor coste. Con todo, el cuestionado rescate financiero en opinión de Geithner ha funcionado y el dinero facilitado ha sido devuelto con significativos beneficios para los contribuyentes.

4.- Mercado hipotecario

Aunque se supone que la prioridad debería haber pasado por ayudar a los propietarios de viviendas con mayores problemas para hacer frente a sus préstamos pendientes, Geithner reconoce que la ayuda pública en Estados Unidos arrancó con una lentitud “vergonzosa” a pesar de que “una de cada ocho hipotecas estaba en proceso de embargo o cesación de pagos”.

Esta dolorosa situación creó una especie de furiosa rebelión en las filas del Partido Demócrata, con recriminaciones por la gran ayuda prestada a los bancos en comparación con el mínimo respaldo ofrecido al mercado inmobiliario.

El propio presidente Obama también se habría contagiado de esas frustración con presiones a Geithner para adoptar planes de acción más ambiciosos y audaces para ayudar al mercado hipotecario. Aunque según argumenta el entonces responsable del Departamento del Tesoro, el problema de fondo era una economía extremadamente debilitada, con muy pocas opciones públicas para evitar que muchísimas viviendas terminasen valiendo menos que sus hipotecas.

5.- Austeridad vs. Estímulo 

En sus memorias, Timothy Geithner cuestiona abiertamente la fórmula de la austeridad aplicada en Europa frente a las medidas de estímulo de Estados Unidos para salir de la crisis: “El Banco Central Europeo no podía arreglar esto por sí solo y el país más poderoso, Alemania, estaba comprometido con la austeridad y escéptico respecto a la fuerza del rescate”.

A su juicio, esta obsesión por la contención de los números rojos en la eurozona y “la austeridad mal aplicada” han generado una sobredosis de “sufrimiento innecesario” como quedaría reflejado en la tasa de desempleo en España, que a finales del 2013, llegaba hasta un incomprensible 26 por ciento.

En su opinión: “Cada vez que los líderes europeos anunciaban nuevas medidas para intentar controlar la crisis, socavaban su propio mensaje con una mala ejecución, con condiciones estrictas, y con una retórica sobre el daño moral que enfatizaba su capacidad y deseos limitados de rescatar a sus vecinos”.

Con la conclusión de que “los errores de los europeos y sus intentos tardíos y con frecuencia poco efectivos por imitarnos, proporcionaron una buena publicidad a nuestra respuesta a la crisis”.

6.- Crisis de la eurozona 

Geithner cuenta que escuchó de primera mano a su colega alemán, Wolfgang Schäuble, plantear “la estrategia plausible” de expulsar a Grecia de la eurozona y convertir al país heleno en una especie de Lehman Brothers. Un planteamiento que el exsecretario del Tesoro califica de “pavoroso” porque “dejar caer a Grecia crearía una espectacular crisis de confianza”.

Con el riesgo de que en el verano de 2012, Portugal y España también pudieran quedarse fuera del paraguas financiero de la Unión Europea con las consiguientes repercusiones negativas para Estados Unidos. Según la lógica un tanto maquiavélica de Berlín, prescindir de Grecia serviría como “un traumatismo suficiente” para lograr que el resto de los países de la eurozona cedieran soberanía bancaria y se prestasen a una unión fiscal más fuerte.

Ante este argumento, Geithner reconoce que no le quedó claro como en el futuro “el mismo electorado alemán, que odiaba rescatar a Grecia, se sentiría mejor rescatando a España, Portugal u otros”.

De regreso a Washington, al secretario del Tesoro le faltó tiempo para informar sobre las inquietantes aspiraciones alemanas a Obama: “Le expresé al presidente mi profunda preocupación. Nuestra economía crecía pero modestamente. Una implosión europea nos devolvería a la recesión o, pero aún, a otra crisis financiera”.

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