Seis claves para entender el pulso de Obama y Putin en Europa

Esta semana, el presidente Barack Obama ha devuelto su atención a Europa en el contexto de Ucrania y el momento más delicado en las relaciones con Rusia desde el final de la Guerra Fría planteada.
Los líderes de Alemania, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Canadá, el llamado G8, reunidos en Irlanda del Norte en junio de 2013. EPA/ArLos líderes de Alemania, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Canadá, el llamado G8, reunidos en Irlanda del Norte en junio de 2013. EPA/Archivo/IAN LANGSDON

Jesús R. Martín

Camino de cumplir seis años al frente del Ejecutivo de Estados Unidos, ahora costaría muchísimo imaginarse otro discurso estelar de Obama junto a la Puerta de Brandenburgo.

Sus veteranos aliados europeos, a pesar de todo el cúmulo de incertidumbres planteadas por la anexión de Crimea, se han considerado relegados a un segundo plano o incluso maltratados durante estos años en los que la política exterior americana ha tenido otras prioridades.

De forma bastante forzada por Putin, la Administración Obama intenta ahora resintonizar con Europa para orquestar una mínima respuesta creíble ante el empeño de Rusia por expandir su influencia y poder en la esfera internacional.

1.- Clinton, Bush y Obama

Con un autocrático e impredecible Vladimir Putin se han tenido que enfrentar tres presidentes de Estados Unidos durante los últimos quince años.

Bill Clinton consideró al líder ruso sucesor de Yeltsin como una figura fría y preocupante pero capaz de conducir sobrio la transición de Rusia.

El presidente George W. Bush estuvo especialmente clarividente cuando en 2001, al conocerle por primera vez, dijo que había podido calibrar el “alma” de este antiguo coronel de la KGB y que le parecía un político patriótico, dialogante, “muy directo y digno de confianza”. Conforme avanzó en su presidencia, aquel introspectivo flechazo de Bush con Putin como aliado en la guerra contra el terror se transformó en una gran desilusión.

Al aparecer Barack Obama en escena, su empeño fue impulsar un borrón y cuenta nueva para las turbias pero decisivas relaciones con Rusia. Y de hecho, en marzo de 2009, Hillary Clinton como secretaria de Estado llegó a regalar a su incombustible homólogo ruso, Sergei Lavrov, un simbólico botón de “reset” para reiniciar los problemáticos vínculos entre Washington y Moscú. 

En el colmo de las ironías, la traducción rusa inscrita en aquel famoso botón rojo y amarillo no era la correcta aunque metafóricamente tuviera bastante sentido. Ya que en lugar de reiniciar (“perezagruzka”) se había incluido la palabra “recalentado” (“peregruzka”). 

Cinco años después, conforme fuerzas rusas se concentran en las fronteras de Ucrania, la Administración Obama ha tenido que transformar sus desacreditados deseos de cooperación con Putin en planes para contrarrestarle. 

2.- La decepción de Europa

La crisis de Ucrania ha servido, entre otras cosas, para ilustrar el desencanto acumulado por Europa con la Administración Obama. Especialmente ante una Casa Blanca que notoriamente ha relegado al Viejo Continente a un segundo plano al alterar su orden de prelación internacional en favor de Asia.

A este cambio de prioridades también se suman los problemas de ambas partes en materia de política económica en tiempos de crisis y la forma en que Europa ha intentado salir de sus problemas financieros.

Con reproches compartidos sobre la disfuncionalidad institucional tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea. Algunos socios europeos incluso se sienten maltratados en cuestiones como las operaciones de espionaje divulgadas por la saga Snowden.

De hecho, la gira europea de Obama ha coincidido con el pronunciamiento de la Casa Blanca a favor de limitar la masiva recolección de metadatos de llamadas telefónicas por parte de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA).

3.- De G8 al G7

Junto a sanciones económicas personalizadas y de limitado alcance, las economías más avanzadas del mundo han decidido cortar uno de los principales vínculos que ha mantenido Rusia con Occidente durante casi dos décadas. 

El G7, en una cita de emergencia celebrada en La Haya a instancias de la Administración Obama, ha vuelto a su composición original -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón, Italia y Canadá- con la exclusión de Moscú hasta que no cambie su modo de proceder en Ucrania.

En la cumbre de emergencia de La Haya también se han apuntado adicionales sanciones en materia de energía, banca, finanzas e industrias de armamentos pero sin determinar hasta dónde podría llegar cualquier esfuerzo punitivo contra Rusia. La próxima cumbre anual prevista para junio en la ciudad olímpica de Sochi se celebrará en Bruselas, sin invitación para Putin.

El ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, ha intentado restar relevancia a este repudio argumentando que el “G8 es un club informal que no da carnés de pertenencia y que, por definición, no puede expulsar a nadie”.

En su defensa internacional, Rusia ha conseguido que los llamados países BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- hayan rechazado sanciones contra Moscú con insistencia en que la actual disputa debe ser resuelta en el marco de Naciones Unidas “de forma calmada y equilibrada”.

4.- El nuevo relato de Putin

El pulso por Ucrania está demostrando hasta qué punto la humillación puede ser un poderoso factor en la escena internacional, empezando por el empeño de Vladimir Putin de cimentar un nuevo relato sobre su último cuarto de siglo de historia y distanciarse de la percepción de Rusia potencia perdedora de la Guerra Fría.

Durante años, Putin se ha empeñado en reconstruir la autoridad del Estado ruso dentro de Rusia y la autoridad de Rusia en los territorios de la antigua Unión Soviética. 

Con un camino jalonado de reiteradas quejas sobre el unilateralismo de Occidente al crear un nuevo balance de poder en detrimento de supuestos intereses nacionales de Rusia, empezando por la expansión hacia el este de la OTAN, mucho más allá de la unificada Alemania. 

Al promoverse una economía de mercado y democracia para Ucrania, Moscú ha asumido que aquellas fuerzas que percibe como hostiles querían sobrepasar una decisiva línea roja. Con insistencia en no perder el control de una amplia región que también incluye la zona de Moldova y Georgia, además del caso particular de Siria.
Sin embargo, la anexión de Crimea no habría hecho más que multiplicar las posibilidades de una plena integración europea para Ucrania. 

5.- Rusia, esa potencia regional 

Durante su gira por el Viejo Continente, incluida una primera visita a las instituciones europeas en Bruselas, el presidente Obama ha descalificado de forma llamativa las ambiciones geoestratégicas de Rusia. Según el líder americano, Rusia es un “poder regional” que actúa motivado por su aislamiento político e incertidumbres económicas y que no supone ninguna amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Barack Obama también ha rechazado las críticas de que la anexión de Crimea pueda ser interpretada como resultado de una supuesta retirada internacional o debilidad americana. En su búsqueda de argumentos frente a Rusia, Obama también ha insistido en que “el mundo es más seguro y más justo” cuando Estados Unidos y la Unión Europea permanecen unidos.

6.- Las trastienda económica de Moscú

Las crecientes ambiciones internacionales de Rusia empiezan a no encajar con el tamaño de su economía, con un producto interior bruto de dos billones de dólares equivalente al de Italia (o una cuarta parte del PIB de China y tan sólo una octava parte del de Estados Unidos).

Uno de los principales problemas de Putin es que la hasta ahora “milagrosa” economía de Rusia se está empezando a ralentizar. Su crecimiento por debajo de la media mundial se limita a poco más de un anémico 1 % anual, a pesar de tratarse de una economía emergente y los encarecidos precios de sus exportaciones energéticas.

Todo apunta a que durante el 2014, el gobierno ruso se verá obligado a aplicar una sustancial dosis de austeridad que podría llegar a un recorte del 5% en gasto público. Según estimaciones actualizadas del Banco Mundial, el pulso de Ucrania le podría costar a Rusia este año una contracción de hasta un 1,8 % en su economía.

Privado de su gran baza -todo ese envidiable enriquecimiento experimentado por Rusia a lo largo de la última década- algunos analistas interpretan las acciones de Putin como una búsqueda de impulso en otros peligrosos frentes como el nacionalismo, la xenofobia, el antiamericanismo o una ambiciosa operación para recuperar el prestigio perdido.

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