Seis claves para entender la espiral de tensiones entre Alemania y Estados Unidos

Todo un cúmulo de escándalos de espionaje y graves reproches económicos han conseguido llevar a las relaciones entre Alemania y Estados Unidos hasta uno de sus peores momentos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
El presidente estadounidense Barack Obama (d) durante su encuentro con la canciller alemana Angela Merkel (i) celebrado en la Casa Blanca, el pasado 2El presidente estadounidense Barack Obama (d) durante su encuentro con la canciller alemana Angela Merkel (i) celebrado en la Casa Blanca, el pasado 2 de mayo. EFE/Archivo/Jim Lo Scalzo

En retrospectiva, está claro que no fue una buena idea “pinchar” el teléfono móvil de la canciller Angela Merkel.

Jesús R. Martín

Precisamente cuando Washington y Berlín deberían estar más en sintonía que nunca por los múltiples intereses y responsabilidades que comparten en la esfera internacional, estos dos aliados parecen empeñados en distanciarse a marchas forzadas. De considerar a Washington como su gran protector durante la Guerra Fría, Alemania empieza a figurar en los últimos sondeos del Pew Research Center como uno de los países del mundo donde Estados Unidos tiene peor imagen. En estos momentos, Obama, que inspira bastante más desconfianza que admiraciones entre la opinión pública germana, ya no podría repetir una aparición estelar junto a la Puerta de Brandenburgo como en 2008. Y a la canciller Merkel le cuesta cada vez más dejarse llevar por sus inclinaciones proamericanas ante las continuas sorpresas de falta de respeto y confianza generadas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

1.- Espionaje entre aliados.
Para explicar el escándalo de espionaje que ha envenenado las relaciones entre Estados Unidos y Alemania, la página editorial de Los Angeles Times ha recordado una cita atribuida al diplomático francés Talleyrand, quien ante un letal abuso de poder por parte de Napoleón, sentenció: “Peor que un crimen, ha sido una torpeza”. Esta cínica expresión derealpolitik ayuda a situar el epicentro de las actuales tensiones trasatlánticas en las revelaciones formuladas por Edward Snowden sobre las operaciones de espionaje de Estados Unidos entre sus aliados. De acuerdo a esas filtraciones respaldadas por documentos clasificados, los servicios de inteligencia americanos han venido realizando masivas operaciones de espionaje en Alemania.

2.- Espiar a los que investigan el espionaje.
Si era posible empeorar todavía más las cosas, nuevas revelaciones registradas en este mes de julio lo han logrado pese al empeño de distensión compartido por Washington y Berlín. Supuestamente, los servicios de inteligencia americanos habrían comprado la colaboración de un funcionario alemán del BND, equivalente germano a la CIA. A cambio de un pago de 25.000 euros, cantidad considerada como más bien ridícula, este doble agente habría compartido 218 documentos clasificados con los americanos. Al menos tres de estos papeles estarían relacionados con la comisión del Bundestag encargada de investigar las revelaciones de Snowden. Junto a esta brecha de seguridad, los alemanes también habrían detectado otros segundo infiltrado en su Ministerio de Defensa al servicio de los americanos. Para Berlín, espiar a los parlamentarios que investigan el espionaje de Estados Unidos habría sido el colmo.

3.- Expulsión sin precedentes.
Ante las nuevas revelaciones registradas curiosamente a partir del 4 julio (fiesta de la independencia de Estados Unidos), la canciller Angela Merkel ha respondido con una decisión excepcional entre estrechos aliados: expulsar al jefe de la CIA en Berlín.
Con discreción compartida, el responsable de los servicios de inteligencia americanos en la capital alemana -antigua meca del espionaje durante la Guerra Fría- ha conseguido mantener en secreto su identidad.

4.- Exageración.
El gobierno de Estados Unidos ha intentado mantener una incómodo silencio ante los últimos acontecimientos. El nuevo portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, ha evitado contestar a preguntas sobre este tema limitándose a decir: “No quiero que saquen la idea de que nos tomamos esta cuestión a la ligera”.
El congresista republicano Ed Royce, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Cámara Baja, sí que ha calificado la expulsión del jefe de estación de la CIA en Berlín como una reacción exagerada por parte del gobierno alemán.

5.- Unidos por el bolsillo.
El complicado momento por el que atraviesan las relaciones germano-americanos contrasta con los intereses multimillonarios en juego. Solamente la relación comercial entre los dos países está valorada en 223.000 millones de dólares.
Con el agravante de que todos estos malentendidos coinciden con el proceso negociador del TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership – Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones) que aspira a integrar a la Unión Europea y Estados Unidos en el mayor acuerdo comercial del mundo.

6.- Reproches económicos y el oro de Berlín.
Como parte de esta saga, el Departamento del Tesoro lanzó el año pasado un llamativo ataque contra las políticas económicas de Alemania.
En un informe bianual sobre divisas publicado en octubre de 2013 se llegó a señalar la responsabilidad de la primera economía de la Unión Europea por estar perjudicando la recuperación de sus vecinos y del resto de la economía global. Con un lenguaje muy poco diplomático, el Departamento del Tesoro identificaba el modelo de crecimiento alemán basado en exportaciones como un destacado factor a la hora de prolongar la crisis de la eurozona.

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