Seguir juntos, la más ilusionante de las opciones para Cataluña

No reconozco la tierra en la que nací, no reconozco a mi Cataluña natal. Yo nací y crecí en una tierra de tolerancia, abierta, en donde los amigos, todos de ideologías diferentes, hablaban, discutían con pasión defendiendo sus ideas, siempre desde el respeto mutuo. Y luego nos reíamos.
Pere Lluís Huguet Tous, abogado y presidente de la asociación de juristas 'Llibertats' .Pere Lluís Huguet Tous, abogado y presidente de la asociación de juristas "Llibertats" .

Pere Lluís Huguet Tous, abogado y presidente de la asociación de juristas “Llibertats”

Siempre me ha resultado aburrida la tertulia de los que piensan igual, y poder discutir, platicar e intercambiar ideas era un forma maravillosa de enriquecernos como personas. Todo eso ha desaparecido. Bueno, casi ha desaparecido. Ahora los grupos de amigos pactan no hablar del “monotema” para evitar enfrentamientos personales. Qué triste. O simplemente se excluye al diferente para evitar situaciones tensas. Más triste aún. Ahora nuestra sociedad se ha polarizado, nos hemos radicalizado, como si no fuera posible llegar a un entendimiento; y por lo tanto, como si no fuera posible en la tierra del “seny” y el pacto convivir todos. Convivir es no solo compartir espacio; es también poder exponer posiciones e ideas sin temer ser rechazado.

No reconozco a esa parte de Cataluña que aboga por provocar una crisis económica en nuestra propia tierra simplemente para forzar entendimientos desde el chantaje. Me indigna que se ponga en peligro lo que entre todos hemos construido, simplemente por la incapacidad de obtener una mayoría suficiente para avanzar hacia la independencia. Porque como dijo la noche electoral del 27-S Antonio Baños (plataforma “Súmate”), el 47,8 % de los votos solo servía para seguir avanzando hacia la mayoría y no para declarar la independencia. Esa mayoría que define el Tribunal Supremo de Canadá como mayoría clara, en la Sentencia sobre el Quebec, que tanto gusta a los independentistas, pero que, o no han leído o no han entendido.

Reconozco aún menos a esa Cataluña -antes europeísta y abierta- que es capaz de poner en peligro la estabilidad de Europa, con ayuda de Rusia, simplemente para favorecer los intereses políticos de una parte, para seguir con el chantaje, esperando que un grave conflicto en Europa les dé lo que en las urnas no consiguieron. Y no me hablen más del mandato del 1-O, porque fue todo menos un referéndum democrático, no reconocido por nadie, ni siquiera por sus observadores internacionales.

No reconozco a esa Cataluña intolerante, esa que simplemente por pensar diferente pretende señalarte e insultarte. Esa de los que te dicen que les sorprende que tú, catalán de ocho apellidos, no “estés con nosotros”. Los que piensan que el pueblo de Cataluña solo lo forman quienes tienen apellidos catalanes y los demás son “los otros”, olvidando que Cataluña es lo que es hoy gracias a los miles de apellidos no catalanes que dejaron sus tierras y vinieron aquí, a buscar una vida mejor pero también a construir la Cataluña que hoy disfrutamos.

Y ahora se han convocado unas elecciones, elecciones que deben servir para empezar a coser nuestra sociedad. Porque es una realidad que hay una parte muy importante de la sociedad catalana que aboga por la independencia, y otra que no. Pero lo que no puede salir de la próxima contienda electoral es la continuidad del enfrentamiento. Tan legítimo es proponer la independencia de Catalunya como defender lo contrario, siempre que utilicemos los cauces legales, y quizás aquí estriba el problema y la solución.

En una sociedad democrática, el respeto a las leyes que democráticamente nos hemos otorgado es la base de la convivencia, y eso se ha roto en Catalunya. Debemos recuperar el respeto a la Ley como base de esa convivencia rota. Es perfectamente posible que quien crea en la independencia de Catalunya la defienda dentro del marco legal y luche precisamente para, dentro de dicho marco, cambiar las leyes que hagan que sea posible la independencia: ese es el juego de la democracia. En democracia no caben unilateralidades ni imposiciones; sólo cabe convencer.

Y por ello, dentro del marco legal, estamos obligados a encontrar una solución. Recuperemos el espíritu que siempre ha caracterizado nuestra tierra; recuperemos el pacto. Seamos capaces de reconocer que no siempre las cosas se han hecho bien: podemos mejorar nuestro marco de convivencia que es la Constitución; olvidemos enfrentamientos, unilateralidades, y no tiremos a la basura los casi 40 años de democracia, aprovechémoslos para avanzar, para recuperar una sociedad abierta y tolerante. Debemos empezar a coser las heridas desde el inicio de la campaña electoral.

Pero somos nosotros, los catalanes, los que estamos obligados a encontrar nuestra solución. No esperemos que nadie nos la busque. No esperemos a que la Unión Europea o la ONU, o cualquier otro organismo, intente solucionar nuestros problemas. Si no somos capaces de hacerlo nosotros, ponemos en peligro nuestro futuro porque nadie confiará en una sociedad que es incapaz de resolver sus problemas. Quienes no creemos que la independencia de Catalunya sea el mejor de los futuros; quienes creemos en una España unida y diversa, y en una Europa multicultural, quizás debamos ver que ha llegado el momento de convencer y de proponer. Debemos, desde ya, trabajar para que seguir juntos sea la más ilusionante de las opciones.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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