¿Se puede legalizar la esclavitud?

La prostitución y la trata con fines de explotación sexual no son lo mismo pero desgraciadamente van de la mano, son la misma cara e igual cruz de un millonario negocio donde la materia prima es una mujer. La primera se nutre de la segunda. De hecho, el rostro de la prostitución en nuestro país mayoritariamente es de una joven migrante que llega en busca de una oportunidad de vida.
Mabel Lozano, documentalista y experta en trata de personas.Mabel Lozano, documentalista y experta en trata de personas.

Mabel Lozano, documentalista y experta en trata de personas

 

En demasiadas ocasiones, cuando se habla de “voluntariedad” en el ejercicio de la prostitución, en realidad hablamos de “consentimiento”, debido a la necesidad, la precariedad o a la falta de herramientas. Es entonces cuando hablamos de mujeres prostituidas, víctimas de los proxenetas, de los prostituyentes (que no puteros, puesto que no son putas), y por la desidia y falta de políticas sociales de los gobiernos, además de la laxitud de las leyes… Esto ocurre porque se permite, no hay más.

No deja de sorprenderme el discurso de algunos políticos que defienden la legalización de este sector. Cuando los escucho pienso que o bien lo hacen por un puñado de votos (la prostitución da votos, la trata no) o en realidad tan solo es un reflejo de su ignorancia.

Cuando afirman alegremente que la legalización de la prostitución erradicaría la trata, dotaría de derechos a las mujeres que ejercen con “voluntariedad”, además de acabar con el crimen organizado que mueve los hilos de este negocio y el dinero negro, me pregunto cuánto saben estas personas de este fenómeno mas allá de las luces de neón, el tanga o el tacón del uniforme de las mujeres prostituidas.

Porque, en realidad, ¿es a las mujeres a quienes beneficiaría esta legislación? Desde luego que no. Los grandes beneficiados serían los mal llamados “empresarios de clubes o casas de alterne”, los proxenetas, los delincuentes. Con esta legislación se legitima su chiringuito y les abre, con mayor facilidad aun, la puerta de la captación en los países de origen para importar cuerpos a precio de saldo para su explotación en el sector del sexo de pago, ocupando vacantes para dicha oferta de empleo. Así, su captador se convierte en su patrón, fácil y legal.

Las mujeres tendrían que darse de alta en la Seguridad Social en el régimen de autónomas para poder ejercer. Su jefe les adelantaría las cuotas a su llegada para que estuviesen al corriente de pago, que se sumarían en la mayor parte de los casos a la deuda contraída para emprender el viaje desde su país de origen. De hecho, en países donde se ha legalizado la prostitución, como es el caso de Holanda o Alemania, son muy pocas las mujeres que se han dado de alta en la Seguridad Social por carecer de recursos para hacerlo y porque supone un mayor endeudamiento con sus amos, ahora convertidos en patrones.

Además, ¿durante cuánto tiempo puede ejercer una mujer la prostitución? ¿Cuántos años de vida laboral tiene? Esto no va a depender en ningún caso de ella, sino de la demanda del prostituyente; y este cada vez las quiere más jóvenes. Una mujer de 20 años, tras cuatro o cinco años de explotación, está obsoleta, es una vieja y el “cliente” ya no la quiere, además de que en muchas ocasiones está enganchada al alcohol o a las drogas. ¿Qué va a pasar después de cotizar esos pocos años? ¿Les van a dar una pensión para que puedan vivir dignamente cuarenta o cincuenta años más? Pero si no hay dinero ni para pagar pensiones de trabajadores que han cotizado durante más de 35 años?

Estos mismos políticos en su discurso populista hablan de políticas sociales para apoyar a aquellas mujeres que deseen salir de la prostitución; sin embargo, no presentan programas o proyectos concretos para facilitar su reinserción, que pasaría por ofrecerles alternativas reales o, todavía más claro, empleo.

Tampoco tienen medidas para evitar el reclutamiento de aquellas mujeres que no tienen otra alternativa, por cierto, la mayoría. Así como tampoco parecen interesados en legislar para condenar todas las caras del proxenetismo evitando con esto las tercerías locativas y que las mujeres no sean explotadas por los proxenetas, y combatir de forma implacable y constante este delito y a quienes lo cometen.

¿De verdad se puede plantear legalizar la esclavitud en un país democrático y libre? ¿Acaso estos políticos no son conscientes de que la prostitución lleva implícita la trata?

Un país que trabaja por la igualdad entre hombres y mujeres no puede consentir una de las formas mas perversas de violencia de género. Sería muy bueno que conocieran de primera mano el sufrimiento de las mujeres para que no insultaran a tantas víctimas inocentes de la codicia de los tratantes con la ayuda de los prostituyentes y la desidia de los políticos.

Declaraciones como que la prostitución vs la trata podría ser la tercera actividad económica de Europa me hace pensar en la posibilidad de que en el equipo de asesores de estos partidos quizá se haya colado un proxeneta (comparten discurso).

También me gustaría preguntar a estos mismos políticos si quieren este trabajo “normal”, como cualquier otro, para sus hijas; o, por el contrario, prefieren que las suyas, así como las hijas de los millonarios dueños de los puticlubs, vayan a la Universidad.

 

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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