Sánchez llega al Gobierno con una mayoría unida por el rechazo a Rajoy

Pedro Sánchez llega al Palacio de La Moncloa a la cabeza de una mayoría unida en el deseo de acabar con la etapa de Mariano Rajoy pero heterogénea y con objetivos dispares, por lo que el líder socialista, con solo 84 diputados detrás en un Congreso de 350, se enfrentará a importantes dificultades para gobernar.
Pedro Sánchez, promete ante el Rey como nuevo presidente del  Gobierno. EFE/Fernando AlvaradoPedro Sánchez, promete ante el Rey como nuevo presidente del Gobierno. EFE/Fernando Alvarado

Carlos Moral

En su intervención en la moción de censura, Sánchez no desgranó un programa sino una hoja de ruta con unos pocos puntos, que incluyen la regeneración institucional frente a la corrupción, la adopción de medidas sociales y la apertura de un diálogo con los independentistas catalanes, antes de poner fin a la legislatura y convocar elecciones “más pronto que tarde”.

Sin embargo, no precisó fecha para los comicios y los objetivos anunciados, entre los que incluyó “sentar las bases” para los Presupuestos de 2019, exigen tiempo para su puesta en marcha, lo que deja la puerta abierta a que Sánchez tenga la intención de prolongar su mandato más allá de unos pocos meses.

Que lo consiga o no dependerá de los acuerdos que sea capaz de tejer con unos y otros, pero en cualquier caso tropezará con la oposición frontal del PP y Ciudadanos, tendrá que gestionar los presupuestos del PP y batallar con un Senado controlado por el PP con mayoría absoluta y una Mesas del Congreso, encargada de dar cauce a la actividad parlamentaria, también en manos del PP y Ciudadanos.

La presidencia del Gobierno ofrece al líder socialista una buena plataforma para impulsar al partido, que lleva meses a la baja en las encuestas, y además le da la llave para elegir el momento en el que convocar elecciones -como máximo, quedan dos años de legislatura.-

Con presupuestos aprobados, aunque sean del PP, el PSOE se garantiza cierta estabilidad en el terreno económico y el hecho de que no consiga aprobar muchas de sus iniciativas no supondrá una novedad en una legislatura en la que la actividad legislativa ha estado bajo mínimos.

Por contra, Sánchez se verá sometido al desgaste de las acusaciones del PP y Ciudadanos por haber llegado al Gobierno gracias a “los que quieren romper España”, en referencia a los independentistas catalanes -ERC y PDeCAT- y la izquierda radical independentista vasca -Bildu-, en un momento en que el desafío secesionista en Cataluña es material sensible para la opinión pública española.

El líder socialista ha logrado reunir el apoyo de esas formaciones, más el de Unidos Podemos y sus confluencias, para derribar a Rajoy por la corrupción, pero apoyarse en ellos para gobernar será una labor más complicada. Sánchez buscará avanzar en los asuntos en los que puede alcanzar acuerdos, pero en algunas materias los intereses de unos y otros son contrapuestos.

El líder socialista ya barajó antes de la investidura de Rajoy, en otoño de 2016, la posibilidad de intentar la investidura con el apoyo de una mayoría parlamentaria similar, pero no contó entonces con el respaldo de su partido. Ahora espera llevar adelante algunas de las iniciativas aprobadas por la oposición en los últimos meses -en algunos casos con el voto de Ciudadanos- y que el Gobierno de Rajoy ha frenado.

En relación con los independentistas catalanes, Sánchez ha anunciado su disposición al diálogo, pero si los secesionistas mantienen inalterables sus demandas el acercamiento difícilmente será posible, porque el secretario general del PSOE asegura que no se apartará de la Constitución y el Estatuto de autonomía.

En la oposición, la principal incógnita es el rumbo que tomará el Partido Popular, que en una semana ha pasado de albergar serias esperanzas de agotar la legislatura, a verse obligado a desalojar el poder. Abierto el debate sobre el liderazgo, aún no se conocen las intenciones de Mariano Rajoy que, de momento, pasa a ser el jefe de la oposición. Desde esa posición, el PP pondrá en valor su tarea al frente del Gobierno, en particular la económica, mientras trabaja para recomponerse.

Ciudadanos ha visto frustrada su intención de ir a las urnas en un momento en el que las encuestas le sitúan en cabeza o muy cerca de ella, y su estrategia se dirigirá ahora a exigir elecciones y atacar al que denomina “gobierno Frankestein” de Pedro Sánchez.

Con el PP en horas bajas, el partido de Albert Rivera intentará capitalizar la oposición a los socialistas y la lucha contra los independentistas catalanes.

Publicado en: Análisis