Sánchez intenta sacar partido de las diferencias que le separan de Podemos

Una vez alcanzado el acuerdo con Ciudadanos, la investidura de Pedro Sánchez está en manos de PP y de Podemos, una circunstancia que el candidato socialista intenta aprovechar a su favor aunque ambos partidos ya han descartado su apoyo.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez (i), junto al secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (d). EFE/Archivo/Ballesteros
El líder del PSOE, Pedro Sánchez (i), junto al secretario general de Podemos, Pablo Iglesias (d). EFE/Archivo/Ballesteros

Carlos Moral

“Habrá gobierno del cambio si ninguna de las fuerzas del cambio vota lo mismo que el PP“, afirman desde el PSOE, identificando al partido que preside Pablo Iglesias y a los populares como las dos palancas de la pinza que impediría la investidura de Sánchez.

De esta forma, en la estrategia socialista sólo caben dos posibilidades en relación con Podemos: o Sánchez forma gobierno, con el apoyo o la abstención de la formación morada, o ésta será culpable de frenar un ejecutivo de progreso.

Un sondeo publicado el pasado fin de semana por el diario El Mundo indica que, hasta ahora, los socialistas han ido en la buena dirección, puesto que un 45,7 % de los encuestados piensa que si PSOE y Podemos no alcanzan un acuerdo la culpa será de Podemos, incluidos el 21,9 % de los votantes de la formación morada, mientras que quienes culpan al PSOE se quedan también en el 21,9 %.

Pero es una incógnita si se mantendrá la misma percepción entre los electores tras el acuerdo con Ciudadanos, que incluye numerosas propuestas de esta formación, suaviza parte de las proposiciones socialistas y, en palabras de Albert Rivera, permite incorporarse al PP porque presenta medidas “muy similares” a las suyas.

Para el PSOE lo ideal sería atraer al acuerdo, al menos, a Compromís y a IU, con lo que desactivaría el argumento repetido por Podemos de que prefiere pactar con la derecha y mantener las políticas del PP a formar un “gobierno de progreso”, pero las tres formaciones anunciaron que abandonaban las negociaciones hasta que concluya la primera sesión de investidura, el 5 de marzo. 

Podemos, IU y Compromís coincidieron en que el programa pactado por socialistas y Ciudadanos es incompatible con los suyos, porque no es ni “progresista ni reformista” y en que “va a hacer las delicias del Ibex 35 y de los sectores privilegiados”.

Por tanto, los argumentos de unos y otros están servidos: el PSOE señala que Podemos, IU y Compromís frenan el gobierno del cambio y éstos indican que los socialistas dejan pasar la oportunidad histórica de formar un ejecutivo de izquierda.

En cualquier caso, la dinámica de las relaciones entre PSOE y Podemos desde las elecciones del 20 de diciembre ya anunciaba que las posibilidades de acuerdo entre ambos eran, al menos por el momento, escasas.

Tras semanas de desencuentros y cruces de declaraciones poco amistosas, la mediación del líder de IU, Alberto Garzón, posibilitó que el pasado lunes socialistas y Podemos se sentaran a negociar, acompañados por la propia IU y Compromís.

Podemos, cuya estrategia, simétrica a la del PSOE, pasa por hacer ver que son los socialistas los responsables de la falta de acuerdo, abandonó algunas de las exigencias que había considerado irrenunciables, como aceptar que el PSOE negociara a la vez con Ciudadanos y que se pospusiera el debate en torno al gobierno de coalición que ellos reclaman desde el principio.

El acuerdo con Ciudadanos acabó con la incipiente negociación.

Si todas las fuerzas mantienen su postura, Sánchez no será investido la próxima semana, y las negociaciones entrarán en una nueva fase. El líder socialista sostiene que hay terreno para el acuerdo con Podemos más allá del referéndum de Cataluña, la exigencia de Iglesias de ser vicepresidente y el aumento del gasto público en 96.000 millones de euros.

Pero esas demandas han sido hasta ahora sustanciales para Podemos y la distancia que separa a unos y a otros no se ha acortado desde el 20 de diciembre.

Los esfuerzos de Sánchez y su equipo se orientarán probablemente a empujar a Podemos a la abstención, situándole ante la disyuntiva de frenar un gobierno alternativo y forzar la convocatoria de nuevas elecciones. Y en ese escenario, serán decisivas las expectativas que tenga cada cual ante unos nuevos comicios. EFE