EL SALVADOR VIOLENCIA

El Salvador vivió en 2016 el segundo año más violento de su historia

Con una tasa de 81,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, siete veces más de lo considerado como epidemia a nivel internacional, El Salvador vivió en 2016 el segundo año más violento de su historia reciente, pese al endurecimiento de las políticas de seguridad contra las pandillas.
Integrantes de una estructura dedicada al sicariato de miembros de pandillas, formada por policías, civiles y expandilleros, son presentados ante losIntegrantes de una estructura dedicada al sicariato de miembros de pandillas, formada por policías, civiles y expandilleros, son presentados ante los medios de comunicación en San Salvador (El Salvador). EFE/Archivo/Oscar Rivera

por Hugo Sánchez

El país centroamericano, que tiene 6,45 millones de habitantes, contó 5.278 cadáveres en sus calles en 2016 y, aunque logró reducir las muertes violentas en un 20,7 % respecto a 2015, marcó su segunda tasa más alta de asesinatos durante el siglo XXI.
El año recién finalizado se posicionó únicamente por detrás del 2015, considerado como el más violento con una tasa de 103 homicidios por cada 100.000 habitantes, y por delante del 2009 (72,8) y 2011 (72,2), según una base de datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que cita fuentes oficiales.
El Salvador alcanzó esta cifra pese a implementar una serie de “medidas extraordinarias” contra las pandillas, que incluyeron el endurecimiento del régimen en las cárceles y la creación de un comando elite de 1.000 elementos para dar caza a las columnas armadas de pandilleros en la zona rural.
Si bien es cierto que las medidas, de acuerdo a la versión oficial, permitieron reducir en 1.378 los asesinatos en el 2016, estas no le alcanzaron al Gobierno para llevar las muertes violentas a niveles similares a las computadas antes y durante un armisticio entre las pandillas entre 2012 y 2014.
Empero, para el secretario técnico de la Presidencia, Roberto Lorenzana, el principal “éxito” del Ejecutivo de Salvador Sánchez Cerén en el 2016 fue el “combate al crimen” y aseguró que “no tenemos ninguna duda” que el 2017 “será el año de la consolidación de la victoria” contra las pandillas.
Dichas medidas también le han acarreado duras criticas al Gobierno de parte de las organizaciones de la sociedad civil y de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) porque, a juicio de estos entes, a la sombra del endurecimiento de las políticas de seguridad ha crecido la brutalidad policial.
Un estudio de la PDDH da cuenta de que el 6,7 % de los desplazamientos registrados entre el 2014 y el primer trimestre del 2016 fueron generados por “amenazas o acoso” de la Policía.
De hecho, la PDDH es la única organización estatal que reconoce el fenómeno del desplazamiento forzado y el Gobierno lo ha negado en diferentes ocasiones y ha restado importancia a informes internacionales.
Por otra parte, solo el número de policías que enfrentaron la justicia entre enero y octubre pasados, que totalizaban los 1.417 efectivos, se incrementó un 177 % en comparación con el mismo periodo del 2015, principalmente por los delitos de lesiones, amenazas y homicidio.
Los cuerpos de Seguridad también han sido señalados de perpetrar ejecuciones extrajudiciales o pertenecer a grupos de exterminio de pandilleros, por lo que al menos 11 agentes fueron arrestados en el 2016.
Finalmente, el número de pandilleros muertos en refriegas con la Policía y el Ejército se incrementó en 111 % en 2016, en comparación con 2015.
A mediados de octubre pasado, el vicepresidente salvadoreño, Óscar Ortiz, aseguró que la “guerra” iniciada contra las pandillas “es el camino correcto” para reducir los índices de homicidios que ponen al país como uno de los más peligrosos del mundo.
En contraste, la titular de la PDDH, Raquel Caballero, señaló a inicios de noviembre que las políticas de seguridad deben ser revisadas por el “uso excesivo de la fuerza” por los cuerpos de seguridad y las ejecuciones extrajudiciales.EFE

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