Rusia no quiere a los destructores norteamericanos de Rota en el mar Negro

El destructor del escudo antimisiles Donald Cook, desplegado en Rota (Cádiz), ha protagonizado el primer episodio de la guerra secreta que libran Estados Unidos y Rusia en el mar Negro.
El destructor estadounidense Donald Cook forma parte del despliegue del escudo antimisiles de la OTAN) en Europa. EFE/Archivo/Robert GhemEl destructor estadounidense Donald Cook forma parte del despliegue del escudo antimisiles de la OTAN) en Europa. EFE/Archivo/Robert Ghem

Enrique Montánchez 

El destructor estadounidense ha recibido un ataque electrónico por un bombardero ruso Su-24 que ensayaba tecnología secreta para anular el sistema de combate Aegis del buque norteamericano. El Pentágono, a través de su portavoz el coronel Steve Warren, informó del incidente, que calificó de “provocación inaceptable que desmoralizó a la dotación del buque e impactó negativamente en el clima psicológico general”.

La publicidad dada por el Departamento de Defensa al episodio ha sido aprovechada por la inteligencia militar rusa para filtrar a los medios de comunicación que Moscú dispone de armas capaces de neutralizar la electrónica más sofisticada de Estados Unidos, darle a Rusia la supremacía en el campo de batalla y cambiar la geopolítica mundial.

Solo los altos responsables del Pentágono y la dotación del Donald Cook saben si el Sukhoi Su-24 llegó a “cegar” el sistema Aegis, la estrella sobre la que se asienta el componente naval del escudo balístico antimisiles desplegado por Estados Unidos en la base hispano-norteamericana de Rota.

El Donald Cook llegó a España el 11 de febrero y es el primero de los cuatro destructores del escudo antimisiles que Norteamérica estacionará en la base gaditana.Estos buques de la clase Arleigh Burke están dotados de la última versión del sistema de combate Aegis, la tecnología antimisiles más avanzada con la que cuenta la US Navy. De ahí la relevancia de que haya sido despachado al mar Negro, en plena crisis de Ucrania, con la misión de controlar el espacio aéreo del suroeste de Rusia. 

El sistema de combate Aegis consta de cuatro potentes radares montados en cada buque capaces de identificar y seguir a la vez 200 blancos (misiles enemigos) en un radio de 1.000 kilómetros (la distancia entre A Coruña y Girona) y disparar hasta un centenar de misiles para destruirlos.

El 12 de abril, apenas dos días después de haber entrado en el mar Negro, un Su-24 sin bombas ni misiles bajo las alas, solo con un contenedor en el fuselaje, sobrevoló al Donald Cook durante 90 minutos a alturas que oscilaron entre 600 metros y el nivel del mar, según confirmó el portavoz del Pentágono.

La prensa rusa desveló días después que el contenedor alojaba el modernísimo sistema “Jibini” que dejó fuera de servicio los radares y la transmisión de información del Aegis, momento a partir del cual el Su-24 simuló un ataque de misiles. Repitió la operación hasta 12 veces.

La prensa rusa llegó a aventurar que la indefensión y la conciencia de la propia debilidad ante ataques aéreos de estas características explicarían que 27 marineros del buque hayan solicitado la baja en el servicio.

A raíz del incidente, Rusia ha desencadenado una operación de “guerra psicológica” centrada en artículos sobre sus nuevas armas de guerra electrónica. La prensa oficial rusa asegura que en el año 2020 todos los dispositivos de potencial estratégico para la guerra electrónica estarán renovados al cien por cien.

Mandos españoles que han ocupado puestos de responsabilidad en la OTAN señalan que los rusos son maestros en la “desinformación”, al dar por logros de su industria tecnologías punta que no son tales.

En este sentido recuerdan cómo en plena Guerra Fría los buques soviéticos salían de sus puertos con complicadas y desconocidas antenas montadas en sus mástiles que traían de cabeza a los servicios de inteligencia aliados en el convencimiento de que cada radomo o antena correspondía a nuevos avances electrónicos.

Hasta que confirmaron que la mayoría de las veces eran señuelos sin ningún sofisticado y ultrasecreto sistema detrás, y cuya única misión era amedrentar a los buques de la Alianza Atlántica y tener obsesionados a los servicios de inteligencia.

Por todo ello, el papel que jugarán los cuatro destructores del escudo antimisiles desplegados por Estados Unidos en la base española será determinante y ambos extremos del Mediterráneo ampliado -Rota (Cádiz, España) y Sebastopol (península de Crimea), sede de la flota rusa del mar Negro- son dos piezas cruciales de la “gran partida” que a cara de perro juegan Estados Unidos y Rusia.

La decisión del Pentágono de meter hasta el corazón del mar Negro al primero de los destructores desplegados en Rota, coincidiendo con la crisis de Ucrania, y la rápida (en apenas 48 horas) y contundente respuesta de la fuerza aérea rusa, son muestras inequívocas de la importancia vital que dicho mar representa para la salida de Rusia al Mediterráneo.

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Publicado en: Reportajes

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