Río de Janeiro, símbolo de la crisis de Brasil

Hace apenas tres meses, el mundo miraba a Río de Janeiro y Brasil presumía con orgullo de sus Juegos Olímpicos. Hoy, sin fondos para pagar la factura de la fiesta olímpica y el coste de la corrupción y el derroche, el estado es el símbolo de la crisis económica y social que vive el país.
Cientos de manifestantes observan la votación televisada en la Cámara de Diputados de Brasil, sobre el proceso para destituir a la presidenta Dilma Cientos de manifestantes observan la votación televisada en la Cámara de Diputados de Brasil, sobre el proceso para destituir a la presidenta Dilma Rousseff. EFE/Archivo/Antonio Lacerda

Mar Marín

El estado de Río de Janeiro, que durante décadas nadó en la abundancia por las regalías petroleras, está hoy arruinado y enlodado por la corrupción.
En apenas 24 horas, la policía federal ha detenido a dos exgobernadores de Río, Sergio Cabral y Anthony Garotinho, que fueron pesos pesados de la política brasileña y que ahora reflejan la decadencia del sistema.
Cabral, que gobernó Río entre 2007 y 2014, llegó a figurar entre los favoritos para la Presidencia por el gobernante Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
Durante su gestión, Río acogió el Mundial, los Panamericanos y ganó la candidatura para los Juegos Olímpicos de 2016, que se celebraron el pasado agosto.
Citas que requirieron obras monumentales y que facilitaron una red de sobornos y comisiones ilegales que enriqueció a Cabral, quien, según la investigación, se embolsó al menos 66 millones de dólares.
Su historia es un ejemplo de la trayectoria de los “nuevos ricos” de la corrupción y su caída ha hecho temblar otra vez a la clase política brasileña.
En el gobierno de Río, Cabral se hizo popular con la puesta en marcha de las Unidades de la Policía Pacificadora (UPP) en las favelas.
Fue apoyado por el Partido de los Trabajadores y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva llegó a hacer campaña en su favor.
Eran los años en que Cabral se corría grandes fiestas rodeado de sus colaboradores y derrochaba fondos públicos para atender intereses privados.
Su declive comenzó en 2013, con el escándalo que terminó con doce policías detenidos por la muerte de un joven tras prestar declaración en una UPP en la favela de Rocinha.
La buena estrella de Cabral se apagó y la prensa comenzó a airear prácticas corruptas, como los 100.000 dólares que costaba al mes el helicóptero que paseaba a su familia o los detalles de sus viajes privados pagados con fondos públicos.
El relato de los investigadores ha aumentado la indignación popular contra los políticos en Brasil.
Cabral cobraba sobornos mensuales próximos a los 100.000 dólares y el dinero público lavado pagó desde un anillo valorado en 800.000 reales (250.000 dólares) y vestidos de noche para su esposa, hasta un yate y una fiesta de cumpleaños de su hijo.
En su ascenso tuvo mucho que ver Anthony Garotinho, un poderoso exgobernador de Río detenido el miércoles por una trama de corrupción electoral.
Garotinho, que gobernó Río entre 1999 y 2002 y que llegó a ser candidato a la Presidencia, terminó su gestión en medio de denuncias por manejos electorales y fue detenido por sospechas de desvío de fondos públicos para la compra de votos y financiación ilegal de campañas en el municipio fluminense de Campos, gobernado por su mujer y donde él ocupa la Secretaría de Gobierno.
Pastor evangélico y locutor de radio, Garotinho, preso, celebró hoy la detención de su antiguo amigo y luego adversario en su blog: “La hora de Sergio Cabral llegó”.
“Cabral y su grupo están acusados de recibir 224 millones de reales en sobornos cobrados de grandes obras. Garotinho está acusado por dar un cheque ciudadano a personas humildes de Campos”, añadió.
Mientras, en las calles de Río de Janeiro miles de empleados públicos se movilizan prácticamente a diario contra el recorte de hasta el 30 por ciento de su salario que pretende imponer el actual gobernador del estado, Luis Ernesto Pezao, que fue vicegobernador de Cabral.
Recortes que alcanzan al gasto social y a la cultura y con los que Pezao pretende afrontar el agujero de las cuentas públicas acumulado por sucesivas gestiones marcadas por la corrupción y el derroche.
La Justicia brasileña, entretanto, confía en que la sociedad no tire la toalla porque “es necesario avanzar en la lucha contra la corrupción” y “no permitir retrocesos”, como pidió hoy uno de los fiscales que condujo la investigación de Cabral. EFE

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Publicado en: Análisis