Repsol ha hecho caja y ahora quiere irse de compras

Repsol, con más de 10.000 millones de euros en caja, escudriña el mercado en busca de oportunidades interesantes que le permitan seguir creciendo sin sobresaltos, cuando hace unos pocos meses afrontaba un panorama incierto.
Edificio de la compañía petrolera Repsol, en su sede de Madrid. EFE/Archivo/Kiko Huesca/raEdificio de la compañía petrolera Repsol, en su sede de Madrid. EFE/Archivo/Kiko Huesca/ra

Carlos Moral

La mirada de la petrolera española, con un volumen de liquidez sin precedentes, se dirige esta vez a países de la OCDE, con especial atención a Noruega, Canadá o Estados Unidos, y el objetivo preferente serían compañías de tamaño medio, aunque sin descartar la compra de activos de empresas mayores.

Las intenciones de Repsol no han pasado desapercibidas en el mercado y las empresas que podrían ser objeto de su deseo han visto crecer su valor accionarial en las últimas semanas. Una situación que tendrá que manejar con tacto la petrolera española para evitar que sus compras se encarezcan más allá de lo razonable.

Entre la larga lista de compañías apetecibles para Repsol están las estadounidense SundRidge, Diamondback, Oasis Petroleum, Carrizo Oil & Gas y Kodiak Oil, la canadiense Pacific Rubiales, la sueca Lundin Petroleim (con actividad en Noruega) o la británica BG Group.

El mercado se ha abierto en los últimos años a nuevas compañías que se han desarrollado gracias a las nuevas técnicas de exploración y producción de los hidrocarburos no convencionales, particularmente el gas y el petróleo de esquisto (conocidos internacionalmente como shale gas y shale oil).

Y es en este segmento donde se plantean oportunidades que Repsol quiere aprovechar.

Además, la petrolera española recibió del Gobierno la concesión para realizar sondeos en aguas del archipélago canario y el pasado 24 de junio el Tribunal Supremo avaló las exploraciones petrolíferas al desestimar los recursos presentados en contra.

Una buena noticia más para la dirección de Repsol que, en unos pocos meses, ha logrado dar la vuelta a unas perspectivas inciertas y a una situación interna conflictiva.

Por una parte, la negociación con el Gobierno argentino sobre la indemnización por la expropiación de YPF se dilató sin visos claros de acuerdo, lo que hizo caer el valor accionarial de la compañía.

Por otra, uno de los accionistas de referencia, la mexicana Pemex, manifestaba a menudo desacuerdos con la dirección de Repsol, encabezada por Antonio Brufau.

En mayo la petrolera española completó la venta de los bonos argentinos recibidos como indemnización, lo que unido a la venta de la participación que le quedaba en YPF le supuso una inyección de casi 5.000 millones de euros.

Una cantidad a la que hay que sumar la obtenida al vender en enero pasado los activos de gas natural licuado (GNL) a la compañía anglo-holandesa Shell, valorados en 3.000 millones de euros, y a la que podría añadirse próximamente la suma que logre por el 30 % que tiene en Gas Natural, que le podría reportar cerca de 7.000 millones de euros.

A comienzos de junio, Pemex, tercer accionista de Repsol con un 9,4 % de los títulos, vendió la mayoría de sus acciones en la petrolera española (se ha quedado con poco más del 1,5 %), tras tres años de desavenencias con la dirección.

Todo ello deja a Repsol en una situación óptima para encarar el futuro, con mucho dinero en caja para emprender nuevos proyectos y un accionariado sin divergencias notables, lo que ampliará el margen de maniobra del equipo de Brufau.

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