REPORTAJE: Tuberculosis, avances y retos

Se ha cumplido la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que preveía detener y comenzar a reducir la incidencia de tuberculosis en 2015. No obstante, esta enfermedad continúa siendo una de las principales causas de mortalidad a nivel mundial, por lo que es necesario seguir apostando por la investigación.
Una enfermera indonesia muestra una radiografía a Arni, que está recibiendo tratamiento médico contra la tuberculosis en un hospital de Yakarta, InUna enfermera indonesia muestra una radiografía a Arni, que está recibiendo tratamiento médico contra la tuberculosis en un hospital de Yakarta, Indonesia. EFE/Bagus Indahono

 

Purificación León

 

– “En el mundo se calcula que más del 20% de los casos de tuberculosis son atribuibles al hábito de fumar”, indica la Organización Mundial de la Salud.

– “Se precisa investigar más en esta vieja y olvidada enfermedad”, asegura Joan Caylà, jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (noreste de España).

– El facultativo subraya que la tuberculosis “es un gran indicador de pobreza y de desigualdades sociales”.

 

El 24 de marzo de 1882 el médico alemán Robert Koch anunció que había descubierto la causa de la tuberculosis, un hallazgo que le valió un Premio Nobel de Medicina y que supuso un gran avance en la lucha contra la enfermedad. Para conmemorar el hallazgo del doctor Koch, en 1982 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 24 de marzo como día mundial de la tuberculosis.
La OMS señala que esta enfermedad es una de las principales causas de mortalidad en el mundo. Sólo en el año 2014, unos 9,6 millones de personas enfermaron de tuberculosis y 1,5 millones murieron como consecuencia de ella, según datos de la OMS.
Pero esta entidad destaca que el número de personas que enferman de tuberculosis está disminuyendo y la tasa de mortalidad ha descendido en un 47%, entre 1990 y 2015. Ahora, la mirada está puesta en el año 2030, pues una de las metas incluidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas es acabar con la epidemia de tuberculosis para esa fecha.
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el Mycobacterium tuberculosis, una bacteria que casi siempre afecta a los pulmones. Sin embargo, “la infección también puede recalar en casi cualquier parte del cuerpo, como los nódulos linfáticos, la espina dorsal o los huesos”, aclaran los especialistas de Médicos Sin Fronteras.
“La infección se transmite de persona a persona a través del aire. Cuando un enfermo de tuberculosis pulmonar tose, estornuda o escupe, expulsa bacilos tuberculosis al aire. Basta con que una persona inhale unos pocos bacilos para quedar infectada”, subraya la OMS.
Se estima que una tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente, es decir, estas personas están infectadas por el bacilo pero todavía no han enfermado ni pueden transmitir la infección.
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido expone que, muchas veces, cuando la bacteria causante de la tuberculosis entra en el organismo de personas sanas, el sistema inmune la mata y esa persona no presenta síntomas.

 

SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO.

No obstante, en otras ocasiones, el sistema inmune no puede matar a la bacteria pero consigue impedir que se disemine por el cuerpo. Esto implica que la persona no tiene síntomas, pero permanece en su organismo. Es lo que se conoce como tuberculosis latente. “La tuberculosis latente puede convertirse en tuberculosis activa, sobre todo si el sistema inmune se debilita”, recalcan los especialistas del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido.
Asimismo, la OMS explica que las personas infectadas con el bacilo tuberculoso tienen un riesgo del 10% de enfermar de tuberculosis a lo largo de la vida. Pero dicho riesgo es mucho mayor para quienes tienen el sistema inmunitario dañado, como ocurre en casos de infección por el VIH, desnutrición o diabetes o para quienes consumen tabaco.
En este sentido, la OMS indica que el tabaco “aumenta mucho el riesgo de enfermar de tuberculosis y morir como consecuencia de esta enfermedad. En el mundo, se calcula que más del 20% de los casos de tuberculosis son atribuibles al hábito de fumar”.
La tuberculosis se diagnostica “a partir de que el paciente consulta por determinados signos y síntomas como tos y expectoración de más de dos semanas, pérdida de peso, febrícula, etc. En estas situaciones, podría tener diversas enfermedades pero, de entrada, en nuestro medio, se debe sospechar que es tuberculosis activa”, detalla Joan Caylà, jefe del Servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.
En lo relativo al diagnóstico, el facultativo explica que se han producido “algunos avances relevantes, sobre todo en el diagnóstico microbiológico rápido y en el diagnóstico de la infección tuberculosa latente, mediante pruebas en sangre que mejoran los resultados de la clásica prueba de la tuberculina”.
La prueba de la tuberculina es un test cutáneo que se utiliza para comprobar si el sistema inmune de una persona ha estado en contacto con la bacteria que causa la enfermedad. Dar positivo en esta prueba significa que ha habido infección, pero no necesariamente que la enfermedad se haya desarrollado.
El doctor Caylà expresa que el diagnóstico de la tuberculosis se ha visto beneficiado por las innovaciones tecnológicas implementadas en la medicina en los últimos años, como pruebas radiológicas avanzadas o la epidemiología molecular.
“No obstante, el diagnóstico sigue basándose a escala mundial en pruebas centenarias como la baciloscopia de esputo (desde Robert Koch en 1882) o la prueba de la tuberculina. Por tanto, se precisa investigar más en esta vieja y olvidada enfermedad”, asegura.
El facultativo subraya que esta afección “es un gran indicador de pobreza y de desigualdades sociales”. En este sentido, detalla que la enfermedad afecta mucho más a los países más pobres y, dentro de países ricos, a las zonas más desfavorecidas.
“Pero hay que tener en cuenta que la tuberculosis puede afectar a cualquier persona porque se adquiere por vía respiratoria. En ocasiones, hay retrasos diagnósticos importantes en personas alejadas del perfil de pobreza porque no se pensó en la posibilidad de diagnosticar tuberculosis en las primeras visitas”, comenta.
La OMS recalca que la tuberculosis “se puede tratar y curar”. No obstante, los tratamientos son largos y, en ocasiones, los pacientes no los siguen de la forma adecuada.

 

BACTERIA DE CRECIMIENTO LENTO.

El doctor Caylà explica que la bacteria que causa la tuberculosis tiene un crecimiento muy lento. Por ello, “en los casos más simples, en los que no hay problemas de resistencia, se necesita un tratamiento basado en cuatro fármacos que deberán tomarse durante dos meses (fase intensiva del tratamiento) y se seguirá con dos fármacos durante cuatro meses más (fase de continuación)”, indica.
El epidemiólogo destaca que este tratamiento es el mismo desde hace 40 años. “Los únicos avances en todos estos años han sido en la formulación, pues se ha conseguido disminuir el número de pastillas de más de 15 al día a cuatro o cinco en la fase intensiva”, expone. Además, detalla que en casos extremos de resistencia, el tratamiento puede durar dos años o más.
Así, la OMS precisa que la bacteria que causa la tuberculosis puede volverse resistente a los medicamentos que se utilizan para curar la enfermedad. Se conoce como tuberculosis multirresistente a aquella que no responde, como mínimo, a la isoniazida ni a la rifampicina, los dos antituberculosos más potentes.
“El uso inapropiado o incorrecto de los antimicrobianos, de formulaciones ineficaces o la interrupción prematura del tratamiento, pueden originar farmacorresistencia, que posteriormente puede transmitirse”, manifiesta esta entidad.
En este sentido, el doctor Caylà subraya la importancia de conocer en cada ciudad o país el porcentaje de cumplimiento del tratamiento y, si no es óptimo, implementar medidas para mejorarlo. “Ello conseguirá la curación de los pacientes y evitará la transmisión de la enfermedad”.
El especialista afirma que los retos relacionados con esta patología son muy amplios, pues históricamente la investigación en tuberculosis ha sido muy limitada.
“Esto se debe a que es una enfermedad con alta prevalencia en los países más pobres, que investigan muy poco. Mientras que en los países más avanzados, la baja prevalencia no ha favorecido que se pririce la investigación en tuberculosis”, expresa.
Caylà destaca que la investigación en tuberculosis “se halla en una situación de agravio comparativo respecto a otras enfermedades infecciosas como el VIH-SIDA o la hepatitis, entre otras”.
De este modo, el facultativo considera prioritario impulsar ensayos clínicos que permitan acortar los tratamientos de la tuberculosis; mejorar el diagnóstico tanto de la infección tuberculosa latente como de la tuberculosis activa; investigar en vacunas pues, según indica, “la histórica BCG tiene una eficacia muy limitada”, y mejorar los programas de prevención, vigilancia y control de la tuberculosis. EFE/REPORTAJES

 

 

 

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