REPORTAJE: Palmira, símbolo del camino hacia la paz

El mundo dejó de hacerse ilusiones sobre el alcance de la energía destructora del Estado Islámico cuando los yihadistas dinamitaron el Arco de Triunfo de la ciudad romana de Palmira, uno de los mayores tesoros del mundo antiguo. Ese fue un acto de barbarie dirigido contra el mundo civilizado pero, tras cinco años de guerra, Palmira se ha convertido en un símbolo de que la paz es posible en Siria.
  • SIRIA GUERRA PALMIRA:MOS23. PALMIRA (SIRIA), 05/05/2016.- Militares rusos patrullan las ruinas de la antigua ciudad de Palmira (Siria) hoy, jueves 5 dSIRIA GUERRA PALMIRA:MOS23. PALMIRA (SIRIA), 05/05/2016.- Militares rusos patrullan las ruinas de la antigua ciudad de Palmira (Siria) hoy, jueves 5 de mayo de 2016. La ciudad ha sido recientemente recuperada de miembros del Estado Islámico (Isis), gracias al trabajo de fuerzas armadas sirias respaldadas por tropas rusas. EFE/SERGEI CHIRIKOV
  • La Orquesta del Teatro Mariinsky de Rusia dirigida por Valery Gergiev durante un concierto en el anfiteatro de Palmira (Siria). EFE/Archivo/SERGEI CHIRIKOVSIRIA PALMIRA CONCIERTO:MOS05. PALMIRA (SIRIA), 05/05/2016.- La Orquesta del Teatro Mariinsky de Rusia dirigida por Valery Gergiev se presenta hoy, jueves 5 de mayo de 2016, durante un concierto en el anfiteatro de Palmira (Siria). La antigua ciudad siria de Palmira fue recientemente recuperada por las fuerzas del gobierno sirio de militantes ISIS. EFE/SERGEI CHIRIKOV
  • Un soldado ruso patrulla las ruinas de la antigua ciudad de Palmira (Siria). EFE/Archivo/SERGEI CHIRIKOVSIRIA GUERRA PALMIRA:MOS23. PALMIRA (SIRIA), 05/05/2016.- Un soldado ruso patrulla las ruinas de la antigua ciudad de Palmira (Siria) hoy, jueves 5 de mayo de 2016. La ciudad ha sido recientemente recuperada de miembros del Estado Islámico (Isis), gracias al trabajo de fuerzas armadas sirias respaldadas por tropas rusas. EFE/SERGEI CHIRIKOV
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  • La Orquesta del Teatro Mariinsky de Rusia dirigida por Valery Gergiev durante un concierto en el anfiteatro de Palmira (Siria). EFE/Archivo/SERGEI CHIRIKOV
  • Un soldado ruso patrulla las ruinas de la antigua ciudad de Palmira (Siria). EFE/Archivo/SERGEI CHIRIKOV

 

Ignacio Ortega

 

– La idea es que si las ruinas de la joya del desierto están fuera de peligro, el resto de Siria también lo estará. El presidente ruso, Vladímir Putin, puso la primera piedra de la reconstrucción de Palmira, al escenificar allí recientemente un concierto de la orquesta del Teatro Marinski de San Petersburgo.

– Palmira es sólo una pequeña ciudad en el desierto, pero simboliza la riqueza cultural de la Gran Siria, una de las cunas de la civilización mundial. Como Petra o Pompeya, sus columnas y calzadas tienen más de dos mil años.

– La UNESCO ha catalogado de grave el grado de destrucción asestado por los terroristas, pero ha prometido que recaudará el dinero necesario para su restauración. Varios museos ya han presentado propuestas para reconstruir la joya del desierto, proceso que podría llevar un sinfín de años.

 

 

La paz siria empieza y termina en las ruinas de Palmira. Tras la reconquista de la ciudadela por el Ejército sirio con ayuda de la aviación rusa y la retirada de las minas, la prensa ya puede caminar libremente por sus calles milenarias, admirar sus capiteles grecorromanos y su majestuoso anfiteatro, donde los terroristas ejecutaron salvajemente a cientos de personas.
Las posiciones del Estado Islámico están sólo a unas pocas decenas de kilómetros al otro lado de las montañas, los turistas tardarán en regresar a la zona y la población de la ciudad situada en el corazón del desierto sirio aún teme volver a sus casas, pero se ha convertido en un símbolo de que la paz es posible.
Un tímido, pero primer paso. Si las ruinas de la joya del desierto están fuera de peligro, el resto de Siria también lo estará.
El presidente ruso, Vladímir Putin, puso la primera piedra de la reconstrucción de Palmira al escenificar recientemente un concierto de la orquesta del Teatro Marinski de San Petersburgo.
Entre los invitados había numerosos sirios que no dudaron en desafiar las amenazas de los yihadistas al sentarse en las bancadas de piedra del legendario anfiteatro.
El mensaje era claro: “No os tenemos miedo”. Había grupos de jóvenes venidos de Damasco, Homs e incluso Alepo, el mayor foco de tensión desde finales de abril. Al final del concierto, todos se subieron al escenario para sacarse fotos.
Viendo sus sonrisas y oyendo sus cánticos, nadie hubiera pensado que su país se encuentra en guerra desde principios de 2012. Es paradójico, pero los sirios son conscientes de que esas ruinas de otra guerra son hoy la llave de la paz.

 

SÍMBOLO DE LA RIQUEZA DE LA GRAN SIRIA.

Palmira es sólo una pequeña ciudad en el desierto, pero simboliza la riqueza cultural de la Gran Siria, una de las cunas de la civilización mundial. Como Petra o Pompeya, sus columnas y calzadas tienen más de dos mil años.
Soportaron la ira del emperador Aureliano, que ordenó a las centurias romanas arrasar la ciudad, la incesante erosión del viento y la arena del desierto, y la brutalidad del Estado Islámico.
La UNESCO ha catalogado de grave el grado de destrucción asestado por los terroristas, pero ha prometido que recaudará el dinero necesario para su restauración. Varios museos ya han presentado propuestas para reconstruir la joya del desierto, proceso que podría llevar un sinfín de años.
Es por eso que los zapadores rusos se afanaron durante las últimas semanas en desactivar todas las minas colocadas por los terroristas. Ahora, adiestran a los militares sirios a detectar y retirar artefactos explosivos.
Los rusos han levantado un auténtico “fortín apache” en las inmediaciones, equipado con toda clase de armamento pesado. A su entrada se ve un cartel con dos fotos: la de Putin y la del líder sirio, Bachar al Asad. Y es que Siria se ha convertido voluntariamente en un protectorado ruso para arrancar, de una vez por todas, la mala hierba de los yihadistas.
Con todo, los soldados rusos no se limitan a mantener a raya a los terroristas, sino que intentan rehabilitar la ciudad para que pronto sea habitada por sus auténticos dueños.
No fue fácil, pero los rusos encontraron a agua a 90 metros de profundidad. Agua en el desierto sirio. La prensa internacional pudo probar el líquido elemento y no dudó en dar su aprobación.

 

 

PROFUNDAS HERIDAS DE GUERRA.

Para alcanzar Palmira, adonde sólo se puede llegar acompañado de convoyes militares, hay que cruzar casi la mitad del desierto que cubre la provincia de Homs. Los combates fueron cruentos en esta zona. Numerosas casas fueron acribilladas, bombardeadas o pasto de las llamas. Camiones y coches carbonizados, y torres de tensión derribadas. La civilización parece haber abandonado estos lares.
Mientras el régimen de Bachar al Asad y la oposición moderada aún no han podido solventar sus diferencias en Ginebra, los sirios dan los primeros pasos hacia la reconciliación. No será fácil, ya que es mucho el odio acumulado durante cinco años.
Koukab, una pequeña localidad de la provincia de Hama, fue escenario de un tímido paso hacia la paz. Un grupo de quince yihadistas afines al Frente al Nusra depusieron sus armas, que fueron incautadas por el Ejército sirio en presencia de generales rusos, y firmaron un documento oficial en el que renunciaban a la lucha armada.
Son ya miles los milicianos que han abandonado las filas terroristas y más de medio millar las localidades como Koukab, que han secundado la tregua desde que entrara en vigor a finales de febrero.
Esto ha permitido que la ayuda humanitaria llegue a muchos rincones del país. En esa pequeña aldea de Hama cientos de personas recibieron con tambores, flautas y gritos ensordecedores a los camiones rusos con ayuda humanitaria.
Pan, harina, bocadillos, galletas y otros alimentos de primera necesidad hicieron las delicias de los niños de esta zona suní de Siria, donde las mujeres se cubren todo el cuerpo, con la excepción de los ojos.
Los niños, que han visto muy de cerca las secuelas de la guerra, eran los más entusiastas a la hora de mostrar su agradecimiento, ondeando pancartas de Asad. Mientras, los mayores admiraban serenamente la marabunta sentados con un cigarrillo y un café en la mano al uso árabe.
En la ciudad costera de Latakia, de donde despegaban los aviones rusos para martillear las posiciones yihadistas, los combates también cesaron hace tiempo.
La costa mediterránea siria es un auténtico balneario, aunque trágicamente desierto en estos tiempos que corren. Aguas cálidas, playas silenciosas y una leve brisa, paisaje salpicado por olivos, naranjos y palmeras datileras.
Pero cuando cae la noche se ve que el país tiene problemas de suministro eléctrico, lo que no impidió que los habitantes de Latakia disfrutaran en televisión de las semifinales de la Liga de Campeones, más aún cuando sus equipos preferidos, los españoles, y, en particular, el Real Madrid, se clasificaron para la final.
Los reclutas rusos de la base de Jamimim también están deseando que acabe la guerra. La vida en Siria es dura, ya que la tensión es permanente y el clima es caluroso y húmedo.
Pero también creen que el Ejército ruso no puede abandonar el país árabe hasta que los terroristas sean derrotados y la paz sea irreversible. Los cañones ya callaron en Palmira y los sirios esperan que el eco de la paz en sus milenarias ruinas se extienda a todo el país. EFE/REPORTAJES

 

 

 

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