REPORTAJE: Lisboa busca ser el Silicon Valley europeo

La Web Summit, una cita que la capital portuguesa acogerá al menos hasta 2018, con posibilidad de ampliar otros dos años, ha dejado en herencia en su primera edición varias líneas de financiación para empresas emergentes y un impacto económico directo de más de 200 millones de dólares.
Participantes esperan fuera de la sede Meo Arena de la Web Summit de Lisboa, Portugal, en noviembre de 2016. EFE/Miguel A. LopesParticipantes esperan fuera de la sede Meo Arena de la Web Summit de Lisboa, Portugal, en noviembre de 2016. EFE/Miguel A. Lopes

 

Cynthia de Benito

 

– Después del rescate y los duros años de ajuste, Portugal quiere ser un referente sólido para los negocios y el nicho de la tecnología se antoja una opción inmejorable. Ser el campus tecnológico de Europa, más que gustar, encanta a los portugueses.

– Dublín se quedó pequeña, y la Web Summit, creada con mimo para las empresas emergentes, no quería moverse a Londres u otras grandes urbes europeas en las que pasaría a ser considerado un congreso más.

– También en aras de aprovechar viejos espacios y el impulso de la Web Summit, ha llegado a la ciudad la incubadora británica Second Home, que abrió el primero diciembre en la planta superior del tradicional Mercado de la Ribeira, a orillas del Tajo.

 

 

La cita tecnológica más importante de Europa, la Web Summit, ya está instalada en Portugal y representa el inicio de la transformación del país del fado y los azulejos, que ahora busca ser el Silicon Valley del Viejo Continente.

Lisboa se volcó en su preparación y fue recibida con la misma euforia que habrían despertado unos Juegos Olímpicos, ya que en su primera edición lusa se reunió lo más granado de la tecnología y las empresas emergentes (start up).

También lo hicieron las autoridades, -entre ellas el primer ministro, António Costa, y el presidente, Marcelo Rebelo de Sousa-, que participaron de una u otra forma en este primer encuentro y cuyo impacto económico directo ronda los 220 millones de dólares, a lo que hay que sumar una cifra mucho mayor de impacto indirecto.

Y eso solo durante los cuatro días que duró la Web Summit, a la que asistieron el pasado mes más de 53.000 participantes procedentes de más de 160 países, un inmejorable escaparate para seducir y convencer a todas esas personas de que regresen, y no solo como turistas.

Porque la cuestión es que, aunque sería un magnífico impulso para el creciente turismo luso -cuyo peso en el PIB es ya de cerca del 10 por ciento-, Portugal busca aprovechar esta ola para tener una nueva forma de crecimiento más sólida y resistente frente a las fluctuaciones globales.

Después del rescate y los duros años de ajuste, el país conocido por los azulejos, las playas del Algarve y el bacalao, quiere ser un referente sólido para los negocios, y el nicho de la tecnología se antoja una opción inmejorable. Ser el campus de Europa, más que gustar, encanta a los portugueses.

Lisboa será sede de la Web Summit, al menos hasta 2018, con posibilidad de ampliar otros dos años y sus infraestructuras, a semejanza de las villas olímpicas, se aprovecharán para trabajar posteriormente en la innovación tecnológica, que incluye el acondicionamiento de otros espacios de la ciudad tradicional, deseosa de abrirse al mundo.

Al cierre de la primera Web Summit lusa, pues, el espectáculo apenas comienza y lo hace con la ilusión desbordada por situar a Portugal como el escenario perfecto para hablar de tecnología y mostrar.

Como dijo Costa en la apertura del evento, “Portugal es un país dinámico, progresista y abierto a los negocios”.

ATRAER LA WEB SUMMIT Y PREPARARLA, ALEGRÍA Y RETO.

 

El máximo responsable de la Web Summit, Paddy Cosgrave, se “enamoró” de Lisboa, como él mismo ha contado en repetidas ocasiones, lo que la convirtió en candidata para trasladar allí la cita desde su Dublín natal.

La primera razón para ello era el creciente tamaño del congreso, que cerró en 2010 su primera edición con 400 asistentes y que en 2015 concluyó con más de 30.000.

Dublín se quedó pequeña, y la Web Summit, creada con mimo para las empresas emergentes, no quería moverse a Londres u otras grandes urbes europeas en las que pasaría a ser considerado un congreso más.

El trato se cerró en septiembre de 2015 en la capital portuguesa, donde se apuntó que el congreso tendría un coste para el erario público de 1,38 millones de dólares y un retorno estimado en un primer momento de 185 millones de dólares, que finalmente ascendió a 212. Portugal consiguió así sus particulares Juegos Olímpicos.

En consecuencia, tuvo que preparar sus infraestructuras, sobre todo de transporte, ya que tenía que acoger, con medio millón de habitantes en su núcleo urbano, la creciente capacidad de la Web Summit que Dublín, ciudad de similar tamaño, ya presentaba dificultades para asumir.

La línea del metro que conectaba con los recintos del evento -el MEO Arena y la Feria Internacional de Lisboa (FIL)- duplicó su capacidad, se desplegaron mostradores de información y venta de billetes en hoteles y se habilitó la opción de pagar con tarjetas extranjeras.

Con esa última medida, las transacciones con tarjetas internacionales aumentaron un 50% en los cuatro días de evento, en los que se realizaron operaciones que superaron los 18 millones de dólares, según datos de la red Multibanco.

Gran parte de ese dinero fue a parar a establecimientos lusos, que flexibilizaron horarios hasta el límite, proponiendo cocina tradicional portuguesa y cosmopolitas locales en Bairro Alto y Casi de Sodré, en la ribera del Tajo, donde se demostró, que se podía conseguir financiación para una “start up” a las seis de la mañana.

Con la ciudad lista para la marea de visitantes, se procedió a potenciar los negocios, que el Gobierno se propuso atraer con dos nuevas líneas de financiación que fomentanban una inversión global superior a los 318 millones de dólares.

“ZONA LIBRE TECNOLÓGICA”.

 

La Web Summit se abrió con confeti y discursos del propio Costa, quien mostró su esperanza en que los asistentes regresaran con inversiones, y el alcalde de Lisboa, Eduardo Medina, que, algo emocionado, entregó las llaves de la ciudad a Paddy Cosgrave.

Como buenos anfitriones, los portugueses agasajaron durante los días del evento a los asistentes con degustaciones de productos típicos del país y hasta 97.000 pasteles de nata en cuatro días.

Y mientras el azúcar se asimilaba, no se perdió tiempo en promocionar la capital lusa como la “Zona Libre Tecnológica” que aspira a ser en el corto plazo, con el crecimiento de “Start Up Lisboa” y la apertura de la primera oficina internacional de la Web Summit.

Este centro de trabajo es el inicio de la remodelación de la zona del Hub Criativo do Beato, unas antiguas instalaciones militares de 3.000 metros cuadrados situadas en el este de Lisboa, que en junio pasado se comenzaron a remodelar para convertirse en uno de los enclaves de la innovación.

Su rehabilitación incluye la creación de espacios para oficinas dedicadas a proyectos emergentes, así como restaurantes y residencias.

También en aras de aprovechar viejos espacios y el impulso de la Web Summit, ha llegado a la ciudad la incubadora británica Second Home, que abrió el primero diciembre en la planta superior del tradicional Mercado de la Ribeira, a orillas del Tajo.

Esta réplica busca, al igual que su espacio original en Londres, ofrecer un lugar en el que puedan ponerse en marcha innovadores negocios y ya tiene ya una tasa de ocupación del 75%, sobre todo de empresas emergentes nacionales.

No obstante, no descarta la inclusión de otras firmas extranjeras dada la proyección que empieza a adquirir Lisboa como centro de innovación europeo.

Estas ideas, sumadas al ya existente espacio Village Underground Lisboa, otra incubadora de “start ups” cerca del río, empiezan a cambiar la imagen de la capital lusa que aporta, además de financiación, calidad de vida con menos costes para emprender y un “brain storming” permanente. EFE/REPORTAJES
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