REPORTAJE: Kirk Douglas se hace centenario

Leyenda viva del séptimo arte, creador de una saga cinematográfica, el gran Kirk Douglas cumple un siglo como referente de una industria que se transforma, pero que siempre tiene presente a sus clásicos y su historia, del que el gran actor y productor es pieza fundamental.
JLX11. NUEVA YORK (EEUU), 24/05/2010.- El actor estadounidense Kirk Douglas sostiene una revista con la fotografía de su hijo Michael al llegar a la JLX11. NUEVA YORK (EEUU), 24/05/2010.- El actor estadounidense Kirk Douglas sostiene una revista con la fotografía de su hijo Michael al llegar a la gala de la Sociedad Cinematográfica del Centro Lincoln hoy, lunes 24 de mayo de 2010, donde Michael Douglas recibirá el premio Chaplin de esa institución en Nueva York (EEUU). EFE/JUSTIN LANE

 

Joaquín Méndez Rosa

 

– De familia muy humilde, estudió en la Universidad de St. Lawrence y para pagar los estudios trabajó como jardinero y bedel. Consiguió una beca haciendo lucha libre con la que se pudo pagar los estudios en la Academia Americana de Arte Dramático.

– Ha trabajado en cine, teatro y televisión en más de un centenar de obras, pero también ha escrito novelas y su autobiografía en dos tomos. Tiene un Óscar Honorífico y varios reconocimientos de países europeos y de Israel.

– Tuvo muchos amoríos con las estrellas del Hollywood dorado, según él mismo ha dejado escrito. Se ha casado en dos ocasiones y ha tenido cuatro hijos, entre ellos el actor y productor Michael Douglas.

 

 

Historia viva del cine, Kirk Douglas es un mito que crece con el tiempo y que, al convertirse en centenario, amplía todavía más su leyenda. Una historia que nació el 9 de diciembre de 1916 en las calles de Nueva York y que se ha dilatado con su intervención en más de un centenar de filmes y en la creación de una saga de intérpretes, que incluso trabajaron juntos en “It Runs in the Family”(2003).
El actor escribió su autobiografía en 1988, que tituló “The Ragman’s Son, An Autobiography”, en español “El hijo del trapero”, en el que hacía un balance de su vida como hijo de emigrantes judíos procedentes de Rusia, que habían salido de Moscú para evitar el reclutamiento para la guerra ruso-japonesa en el año 1908.
“Cuando llegaron a Estados Unidos, mi padres que eran analfabetos y pobres, creían que las calles se construían con adoquines de oro. Mi padre se hizo trapero porque a los judíos les estaba prohibido trabajar en las fábricas”, comentaba en una rueda de prensa que ofreció a finales del pasado siglo en Madrid.
Efectivamente, los primeros años de Issur Danielovitch Demsky, su verdadero nombre, los vivió en la localidad de Amsterdam, en el condado de Montgomery del estado de Nueva York y no fueron fáciles, ya que después del abandono del hogar por parte de su progenitor tuvo que realizar, siendo aún niño, diferentes trabajos, como vender dulces o periódicos, porque se quedó solo con su madre y seis hermanas.
Sus primeros escarceos con la actuación fueron en la escuela primaria, pero ya en el instituto de educación secundaria Wilbur Lynch obtuvo un galardón por recitar un poema, lo que le animó a ingresar en la universidad para graduarse en letras.
El asunto es que no tenía suficiente dinero para matricularse en la universidad, pero el desparpajo del que hizo gala toda su vida le animó a hablar con el decano de la Universidad de St. Lawrence, con quien llegó a un pacto. Le inscribieron, pero a cambio tuvo que realizar diversas labores en el campus, entre labores fue jardinero y bedel en esa institución, hasta que se graduó en 1939.
En esta época, el protagonista del mítico filme de Stanley Kubrick, “Spartacus” (1960), precisamente también consiguió una beca, gracias a su participación en esa universidad en la lucha libre.
Acabados sus estudios universitarios y con el dinero obtenido se trasladó a Nueva York, donde estudió en la Academia Americana de Arte Dramático. Debutó en Broadway en 1941 y, al año siguiente, le movilizaron para acudir al servicio militar, donde se graduó como alférez y fue destinado a una unidad de telecomunicaciones en el Océano Pacífico.
En plena campaña de la Segunda Guerra Mundial fue dado de baja por heridas de guerra y volvió a Nueva York en 1943, donde participó en varias producciones teatrales y actuó en emisoras de radio.
Estos primeros escarceos en las tablas los realizó gracias a la ayuda de Lauren Bacall, a quien conoció en la Academia de Arte, quien le llevó a estrenarse como actor en Hollywood en 1946, cuando protagonizó su primera película, “The Strange Love of Martha Ivers”, del realizador Lewis Milestone.
Este fue el comienzo de una carrera que le ha hecho participar en torno a un centenar de filmes, la mayor parte de ellos como principal actor del reparto, pero donde también nos ha dejado su sello como productor e incluso director de dos filmes: ” Scalawag” (1973) y “Posse” (1975), películas que también protagonizó.

 

 

PREMIADO Y MULTIFACÉTICO

Además siempre ha sido un gran amante del teatro y ha realizado asimismo numerosas incursiones para la televisión. Sobre las tablas protagonizó, en 1963, “One Flew Over the Cuckoo’s Nest” (Alguien voló sobre el nido del cuco), cuyos derecho para el cine había adquirido y que fue llevada a la gran pantalla en 1975, producida por su hijo Michael y protagonizada por Jack Nicholson. El filme consiguió 5 premios Óscar.
Un galardón que, precisamente, le concedió la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood a Kirk Douglas, con carácter Honorífico, en el año 1996. No obstante, el centenario Douglas fue nominado al trofeo del “tío Óscar” en tres ocasiones. Primero en 1949 por “Champion”; en 1952 por “The Bad and the Beautiful”; y en 1956 por “Lust for Life”.
Además del Óscar, el “loco del pelo rojo”, como se le conoció un tiempo por el gran papel que realizó dando vida al pintor Van Gogh, ha recibido a lo largo de su trayectoria profesional el Cecil B. de Mille (Globo de Oro honorífico) de 1968; el premio César, concedido por la Academia Francesa en 1980; el Oso de Oro honorífico, del Festival de cine de Berlín de 2001; y el Britannia Award de 2009, en el Reino Unido, entre otros.
Además está en posesión de la Orden de las Artes y las Letras, concedida por el gobierno de Francia en 1979; la Medalla Presidencial de la Libertad de 1981; o la Medalla Nacional de Estados Unidos de Arte y Humanidades de 2001.
Pero Kirk Douglas ha sido siempre un hombre muy activo y sus derroteros artísticos han surcado varias facetas. Tras el éxito de la primera parte de su autobiografía la completó con el título “Climbing the Mountain”, en 1997, y también hizo sus pinitos en el mundo de la literatura escribiendo la novela “Dance with the Devil”, editada en 1990.
Hombre de profundas creencias hebreas, fue portavoz durante unos años del centro Simón Wiesenthal, especializado en estudios sobre el holocausto judío, y fue nombrado embajador extraordinario del Departamento de Estado de EE. UU.
VIDA PERSONAL

Con respecto a su vida personal siempre se ha declarado admirador de las mujeres y numerosas han sido las relaciones sentimentales que se le conocen. En su autobiografía deja algunas frases con personajes célebres como, por ejemplo, sobre Lauren Bacall, de quien dice: “Sospecho que experimentaba por mí una especie de enamoramiento de colegiala”.
También menciona en ese libro a Marlene Dietrich, de la que comenta que era “muy afectuosa” con él, “incluso en el sexo”; y también menciona sus relaciones con Mia Farrow, Lana Turner, Gene Tierney, Rita Hayword o Joan Crawford. La flor y nata de las actrices de aquella época del Hollywood dorado.
La primera vez que se casó fue en 1943 con Diana Dill, la madre de su hijo Michael con quien también tuvo a Joel, una actriz estadounidense nacida en las Bermudas y que realizó a lo largo de su carrera medio centenar de filmes, algunos coprotagonizados por Kirk. Su matrimonio duró hasta 1951.
En 1954 volvió a contraer nupcias, en esta ocasión con quien sigue siendo su esposa, Anne Buydens, actriz, filántropa y productora belga-estadounidense nacida en Alemania, con quien ha tenido otros dos hijos: Peter y Eric Anthony, el primero nacido en 1956 y el segundo en 1958, éste último uno de los grandes dramas que ha sufrido Douglas, porque falleció en 2004 en su apartamento de Nueva York, según informes policiales por un exceso de alcohol y medicamentos.
Y de esta manera, siempre con los focos muy cerca, el gran Kirk Douglas, una de las últimas figuras de la época dorada de Hollywood, se hace centenario, un actor que podría suscribir la frase que firmaba el protagonista de uno de sus mejores filmes cuando le preguntan: “¿Temes a la muerte, Espartaco?”, a lo que respondía: “No más que a la vida”. EFE/REPORTAJES

 
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