REPORTAJE: Carlos III, Ciencia e Ilustración en América

Durante el reinado de Carlos III (1716-1788), monarca español ilustrado del que este año se conmemora el tercer centenario de su nacimiento, se desarrolló un interés por la exploración del Nuevo Mundo que quedó plasmado en el descubrimiento y catalogación de miles de especies vegetales y animales y en la creación en América de una tradición científica autóctona.
Detalle de la obra 'Carlos III, cazador' de Goya.  EFE/Archivo/J.M.PastorDetalle de la obra "Carlos III, cazador" de Goya. EFE/Archivo/J.M.Pastor

Amalia González Manjavacas

– Carlos III, el rey ilustrado, emprendió una serie de profundas reformas que, en el plano de la ciencia, incluyó un ambicioso programa de expediciones científicas a América.

– Bajo su reinado (1759-1788) se llevaron a cabo tres importantes expediciones botánicas que tuvieron como destinos Perú, Colombia y México.

– Bajo el lema, “Ciencia y Libertad”, José Celestino Mutis contribuyó a sentar las bases educativas necesarias para la creación de una élite ilustrada en Colombia, la misma que al comenzar el siglo XIX creó la primera Sociedad Patriótica.

 

Carlos III emprendió una serie de reformas destinadas principalmente a racionalizar la administración, liberalizar el comercio y mejorar sus defensas, que en el plano de la Ciencia, incluyó un ambicioso programa de investigación americanista centrado en el envío de numerosas expediciones científicas.

Estas iniciativas no desmerecieron proyectos, que al mismo tiempo, estaban realizando otras naciones como Gran Bretaña (James Cook), Francia, o Alemania. En el caso español, estas exploraciones a América no eran nuevas, pero durante el siglo XVIII, el  Siglo de las Luces, éstas se hicieron desde la nueva racionalidad impuesta por la Ilustración.

 60 EXPEDICIONES CIENTÍFICAS EN 65 AÑOS

Las expediciones, además de ser consecuencia de esta política ilustrada borbónica, fueron el resultado de factores, tanto políticos, como la necesidad de delimitación de fronteras, como económicos, así como la necesidad de explotar los nuevos recursos naturales.
En el plazo de sesenta y cinco años, entre 1735 y 1800, se llevaron a cabo unas sesenta expediciones científicas que abarcaron exploraciones marítimas e hidrográficas, botánicas, cartográficas y astronómicas.
Precisamente, la primera expedición científica oficial, franco-española (1735-45) tuvo como objetivo medir el arco del meridiano terrestre en Ecuador. En ella, fue crucial el trabajo de dos jóvenes marinos españoles, el naturalista sevillano, Antonio de Ulloa y el ingeniero naval, astrónomo y matemático alicantino, Jorge Juan, quien demostró que la Tierra era achatada por los polos.
Otras se dedicaron a la fijación de fronteras entre los dominios españoles y portugueses, conocidas como Expediciones de Límites, cuyas tensiones estuvieron a punto de provocar enfrentamientos en la zona.
Sin embargo, aunque estos viajes tenían como objeto definir los límites territoriales, el Gobierno mostró un interés concreto por el estudio de la naturaleza. Ese fue el caso de la expedición dirigida por Félix de Azara, militar y naturalista aragonés que viajó a Paraguay en 1781, para quedarse toda su vida en América, donde se entregó al estudio de la botánica. Describió más de 400 especies y sus atinados trabajos influyeron en Darwin, de ahí que se le conozca como el Darwin español.

CARLOS III Y SUS EXPEDICIONES BOTÁNICAS

Bajo el reinado de Carlos III (1759-1788) tuvieron lugar tres grandes expediciones botánicas a América, organizadas por el ahora creados, Gabinete de Historia Natural y el Jardín Botánico con tres importantes destinos: el Virreinato de Perú (Perú y Chile), Nueva Granada (Colombia) y Nueva España (México y América Central).
La Expedición al virreinato de Perú (incluye Chile) empresa hispano-francesa, tuvo entre otros objetivos buscar las codiciadas quinas, sustancia utilizada para la elaboración del vino que se había puesto de moda en Versalles, y que se utilizaban entonces como remedio para casi todo.
Entre 1778 y 1788 los naturalistas Hipólito Ruiz y José Pavón, junto con botánicos locales, estudiaron la flora del Perú y enviaron a España más de medio centenar de cajones con herbarios que, desgraciadamente, se perdieron al naufragar el barco que los transportaba. Aún así Ruiz y Pavón escribieron una magnífica obra botánica que tras numerosas trabas consiguieron publicar.
La Expedición a Nueva Granada (Colombia) fue dirigida por el médico y matemático gaditano José Celestino Mutis, tal vez el mejor botánico y divulgador científico español. Comenzada en 1783, Mutis había llegado anteriormente a la zona en calidad de médico del nuevo virrey, pero con el propósito claro de continuar el estudio de la flora americana. El resultado: la clasificación de 20.000 especies vegetales y 700 animales.
Además de poner en marcha numerosas medidas de salubridad, durante una gran epidemia de viruela en la zona, Mutis, y a pesar de las reticencias de los gobernantes, llevó a cabo la primera campaña de vacunación. Ante la incredulidad que despertaba tuvo que probar el experimento en él mismo, y tras inocularse con éxito una muestra de un enfermo, pudo aplicar la vacuna a la población.
Bajo el lema, “Ciencia y Libertad”, Mutis contribuyó a sentar las bases educativas necesarias para la creación de una élite ilustrada en Colombia, la misma que al comenzar el siglo XIX creó la primera Sociedad Patriótica y, tras su muerte, muchos de sus discípulos participaron en las revueltas de Bolívar y en la independencia de Nueva Granada.
A él se debe también la fundación del Observatorio de Santa Fe de Bogotá, el primero de América meridional, el Museo de Historia Natural, una Escuela de Minería, y una universidad, la de Rosario en Santa Fe, donde el científico español está enterrado.
La Expedición a Nueva España (Mexico) zarpó en 1786 bajo la dirección del médico aragonés, Martín de Sessé. Contó con un gran equipo de naturalistas y dibujantes que, a pesar de sufrir todo tipo de penalidades, consiguieron inventariar la flora mexicana y buscar aplicaciones terapéuticas.
En ella participaron los naturalistas mexicanos José Maldonado y José Mariano Mociño. Este último describió por primera vez al mítico quetzal, ave sagrada de los mayas y organizó el que sería el primer Gabinete de Historia Natural de México.

LA ADMIRACIÓN MOSTRADA POR HUMBOLDT

Pero, si bien es cierto que estas expediciones carolinas no tuvieron, por lo costoso, los resultados que cabía esperar, si contribuyeron a crear en América una tradición científica autóctona y propia.
Nada resume mejor esta idea que la valoración del científico alemán Alejandro Humboldt (1769-1859), quien resaltó el esfuerzo expedicionario español así como su importancia en el desarrollo de la ciencia en América.
Durante los reinados de Carlos III y Carlos IV –escribió el sabio prusiano-, el estudio de las ciencias naturales ha hecho grandes progresos no sólo en México, sino también en todas las colonias españolas…   Ningún gobierno europeo ha sacrificado sumas más considerables que el español, para fomentar el conocimiento botánico.
Todas estas investigaciones hechas en las regiones más fértiles del Nuevo Continente, no sólo han enriquecido el imperio de la ciencia con más de cuatro mil especies de nuevas de plantas, sino que también han contribuido sustancialmente para propagar el gusto por la historia natural entre los habitantes del país”.
No hay que olvidar que pese lo relevante de estos resultados, su impacto en la comunidad científica de entonces fue limitado al quedar inéditos muchos de estos descubrimientos, debido a la crítica situación que atravesaba España a comienzos del XIX. A estos científicos les tocó volver, o enviar, a España sus estudios en un momento de hundimiento de la ciencia, así como del pensamiento ilustrado, como consecuencia de la invasión francesa y la coronación de un rey absolutista, Fernando VII, al tiempo que  comenzaba el movimiento de independencia americana, al que de alguna forma habían contribuido. EFE/REPORTAJES

 

 

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