Seis claves para entender la reforma militar que quiere Obama

La Administración Obama, a través de su proyecto presupuestario de gastos militares para el 2015, ha planteado una serie de cambios tan significativos como paradójicos para el futuro de las fuerzas armadas de Estados Unidos en el siglo XXI.
Un grupo de helicópteros de ataque estadounidenses OH-58D Kiowa
Warrior en Corea del Sur. EFE/Archivo/StringerUn grupo de helicópteros de ataque estadounidenses OH-58D Kiowa Warrior en Corea del Sur. EFE/Archivo/Stringer

Jesús R. Martín

Los planes del Pentágono contemplan un ejército de tierra con un tamaño no visto desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Y junto a esa notable reducción de fuerza, la Casa Blanca aspira a que la inversión total de los contribuyentes americanos en defensa permanezca por encima de los niveles registrados durante la Guerra Fría. 

Los 495.600 millones de dólares que el Pentágono quisiera gastar en el próximo ejercicio fiscal plantean una apuesta a favor de las nuevas tecnologías, las fuerzas especiales y una renuncia de facto a mantener la capacidad multiplicada tras el 11-S para hacer frente a grandes, prolongados y simultáneos conflictos convencionales. El secretario de Defensa, Chuck Hagel, ha argumentado que es la hora de admitir las limitaciones fiscales de Estados Unidos y adaptarse a un panorama global que cada vez se presenta “más volátil y más impredecible”.

1. Fuerzas terrestres

La plantilla del Ejército de tierra (Army) en la actualidad dispone de 530.000 efectivos. Para el 2019, el Pentágono aspira a lograr una reducción del 20 por ciento, hasta quedarse en 440.000 militares. Cifra que no representa exactamente un desarme pero sí un aumento de las dificultades para acometer simultáneas operaciones a gran escala como Irak y Afganistán. 

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el ejército de tierra de Estados Unidos contaba con 257.000 militares, cifra que se multiplicó durante la contienda hasta llegar rápidamente a los 8,2 millones. La masiva desmovilización que siguió a la derrota de Alemania y Japón tuvo un calendario limitado. Ya que el nivel de tropas subió a 1,5 millones durante los conflictos de Corea y Vietnam. Tras la trayectoria a la baja acelerada por el final de la Guerra Fría, los atentados del 11 de septiembre de 2001 supusieron un nuevo aumento de la plantilla del Army.

 2. Aviones, helicópteros y barcos

La reestructuración planteada por el Pentágono contempla la completa retirada de los aviones de ataque A-10 Thunderbolt II, desarrollados durante los años setenta como caza-tanques soviéticos y dotados de un poderoso cañón de 30 milímetros. Intentos anteriores para jubilar los casi trescientos A-10 en servicio han fracasado pese a un ahorro estimado en 3.500 millones de dólares. De estos recortes se ha salvado el programa más costoso en la historia del Pentágono -el invisible F-35 Joint Strike Fighter- que se mantendrá intacto.

Dentro de estos cambios, la Guardia Nacional entregaría sus helicópteros de ataque AH-64 Apache a unidades regulares. A cambio, la Guardia Nacional recibirá helicópteros de transporte de tropas UH-60 Black Hawks. En cuanto a la Armada de Estados Unidos, la propuesta del Pentágono contempla retirar la mitad de su flota de 22 cruceros y construir solamente 32 unidades de su nuevo buque de combate litoral, en lugar de los 52 anteriormente planeados. Estas unidades, diseñadas para retirar minas y la lucha anti-submarina, podrían ser complementadas con nuevas fragatas más versátiles para operar en grandes océanos como el Pacífico. La Armada podrá adquirir dos destructores y dos submarinos de ataque cada año y por el momento mantendrá intacta su poderosa flota de 11 portaaviones.

3. Más drones y fuerzas especiales

La fuerza aérea de Estados Unidos tendrá que prescindir de los servicios del histórico avión de reconocimiento U-2, otro clásico de la Guerra Fría. Como alternativa se propone el despliegue de drones no tripulados del tipo RQ-4 Global Hawk. El único contingente militar que tendrá más plantilla bajo esta reforma auspiciada por la Administración Obama serán las fuerzas de operaciones especiales. Cada vez más utilizadas para misiones de contraterrorismo y entrenamiento por todo el mundo, estas fuerzas de élites se reforzarán hasta llegar a los 69.700 efectivos. De igual manera también se contempla un esfuerzo adicional en todo lo relacionado con cuestiones de ciberguerra.

 4. Salarios

El secretario de Defensa, Chuck Hagel, ha recordado que la partida de personal suponen aproximadamente la mitad de los gastos corrientes del Pentágono. De acuerdo a estos profundos planes de ajuste, tras la serie de mejoras salariales e incentivos acumuladas durante los últimos trece años, a partir de ahora cualquier incremento en las retribuciones de los militares profesionales de Estados Unidos quedará limitado a un tope del 1 por ciento. Al mismo tiempo, generales y almirantes sufrirán una congelación de sus retribuciones durante un año. También se reducirán las ayudas de vivienda y otras subvenciones que benefician a los hombres y mujeres en uniforme, además de contemplarse una nueva ronda de cierre de instalaciones militares para 2017.

5. Presupuesto negro

En el gasto de 495.600 millones de dólares solicitado por el Departamento de Defensa para el 2015 existe una zona intocable: los proyectos secretos del Pentágono. El llamado “presupuesto negro” (black budget) alcanzará una cifra de 58.700 millones de dólares, lo que en términos comparativos representa un incremento del 1,5 por ciento con respecto al año anterior. Dentro de esta categoría de gastos clasificados se encontrarían programas como los satélites de espionaje, bombarderos invisibles, nuevos rádares y drones, además de esfuerzos de inteligencia para determinar los recursos militares de Rusia o seguir los pasos al programa nuclear de Corea del Norte.

 6. Congreso y comparaciones

Este proyecto, entendido como una oferta inicial de la Administración Obama y bajo la presión de los recortes obligatorios instituidos para todo el presupuesto federal, se enfrenta a una batalla inevitable en el Congreso de Estados Unidos.

Todos los servicios de las fuerzas armadas de Estados Unidos han reconocido que les sobra por lo menos un 20 por ciento de instalaciones militares. Aún así, el Legislativo federal se niega a permitir ningún cierre por el impacto negativo en las economías de sus distritos y estados. Algo similar con el tamaño y destino de efectivos militares y el negocio de empresas especializadas en defensa. En consecuencia, las críticas a este proceso presupuestario tan distorsionado insisten una vez más en que el Pentágono va a seguir gastando más dinero a cambio de menos defensa.

A pesar de los recortes en cartera, el gasto en defensa del Pentágono sigue siendo incomparable. Ya que Estados Unidos supone un 40 por ciento de todas las inversiones mundiales en defensa. De acuerdo a la última edición del Military Balance publicado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Estados Unidos acumuló en 2013 el mayor gasto militar con 600.000 millones de dólares, seguido por los 112.000 millones de China. A pesar del debate en torno a sus verdaderas cifras, China está planteando toda una carrera de armas entre sus vecinos de Asia con una subida desde 2010 en gastos militares estimada en un 23 por ciento. La clasificación se completa con Rusia y Arabia Saudí, países también embarcados en un significativo proceso de rearme.

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