El reconocimiento del genocidio armenio, otro escollo entre Ankara y Berlín

El Parlamento alemán aprobará el jueves una resolución reconociendo como genocidio las matanzas de armenios durante el Imperio otomano, un texto que asume la responsabilidad compartida de Alemania en ello y que Turquía ha tratado de frenar hasta el último momento.
Un grupo de manifestantes durante la conmemoración del centenario de genocidio armenio (1915-1923), en Montevideo (Uruguay). EFE/Archivo/Hugo OrtunoUn grupo de manifestantes durante la conmemoración del centenario de genocidio armenio (1915-1923), en Montevideo (Uruguay). EFE/Archivo/Hugo Ortuno

 

Gemma Casadevall

 

Más de un siglo después del inicio de las expulsiones y persecuciones de esa minoría cristiana (abril de 1915), el Bundestag se propone hacer justicia, aunque sea testimonial, sobre las víctimas y admitir su parte de culpa, en tanto que país entonces aliado de los otomanos.
El texto, impulsado por Los Verdes y consensuado con la gran coalición de la canciller, Angela Merkel, no difiere apenas de la declaración del presidente del país, el independiente Joachim Gauck, pronunciada en 2015 coincidiendo con el centenario de la masacre.
Ya entonces desató protestas de Ankara -socio de la OTAN y lugar de origen de unos 3,5 millones de ciudadanos de Alemania-, por ser la primera vez que el Berlín oficial aplicaba el término “genocidio” a la muerte de entre 800.000 y 1,5 millones de armenios.
Ahora la situación es hasta explosiva para Merkel, quien ha convertido a Turquía en aliado clave para paliar la crisis de los refugiados y afronta críticas de sus propias filas por una alianza que refuerza al autocrático presidente Recep Tayyip Erdogan.
El líder islamista no dudó hoy en amenazar con que las relaciones entre Ankara y Berlín se verán “afectadas” si el Bundestag aprueba la resolución indeseada por Turquía, que hasta niega el término “genocidio” aplicado al destino de los armenios.
La advertencia de Erdogan -quien habló telefónicamente con la canciller- englobaba las relaciones diplomáticas, las económicas y las militares, en un exponente más de lo que se interpreta como un intento de extorsión a un Berlín atado de pies y manos por la necesidad de salvar el acuerdo UE-Turquía sobre refugiados.
Desde que Merkel vio en Erdogan una tabla de salvación a las tensiones generadas por la llegada de un aluvión de refugiados al país, las provocaciones del presidente turco han ido a más, incluida la demanda contra un humorista alemán por un poema presuntamente injurioso.
El visto bueno de la canciller a esa acción judicial precipitó las críticas a su presunto silencio cómplice, sea ante los ataques a la libertad de expresión o la represión que sufren los kurdos.
“La resolución no pretende sentar en el banquillo de los acusados a Turquía”, apuntó el secretario ejecutivo del grupo parlamentario conservador, Michael Grosse-Brömmer, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) que lidera Merkel.
“Que eso sucediera hace más de cien años no es obstáculo para que se aborde ahora”, defendió el ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, del co-gubernamental Partido Socialdemócrata (SPD).
El jefe de la diplomacia pretendió legitimar así la resolución, pese a que, como recordaba estos días el líder de Los Verdes, Cem Özdemir, tanto él como la canciller trataron de “aparcarla” mientras fue posible.
“A Merkel se la ve como la mujer más poderosa del mundo. Pero no puede impedir, afortunadamente, que sus diputados respalden la resolución”, dijo Özdemir en un encuentro con medios extranjeros.
La controvertida declaración es fruto de un largo estira y afloja en que el líder verde, hijo de inmigrantes turcos y musulmán -aunque poco practicante, suele reconocer-, tuvo que buscar al apoyo de las Iglesias católica y evangélica hasta hacerla prosperar.
“En el centenario del genocidio, la intención de Merkel y Steinmeier era dar la mínima resonancia a nuestra iniciativa y hacer que desapareciera rápido de la escena”, recuerda Özdemir.
El líder ecopacifista recurrió entonces al apoyo de miembros de la Conferencia Episcopal alemana y del Consejo Evangélico para que “ejercieran su influencia” sobre los diputados de la CDU y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU).
“Hay que llamar las cosas por su nombre. Antes de las matanzas, una tercera parte de la población armenia era cristiana. Ahora apenas llega al 1 %. ¿A partir de cuántos muertos aplicamos la palabra ‘genocidio’ a una matanza?”, reflexionaba Özdemir.
El texto que Merkel y Steinmeier obstaculizaron con éxito, un año atrás, llegará así al Bundestag en el momento más inoportuno para Berlín, con un Erdogan reforzado y una canciller bajo presión. EFE

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