Quiero a Cataluña, quiero a España

Lo que estamos viviendo en Cataluña y en el resto de España no lo merecen ni los catalanes ni el resto de los españoles. Cataluña es un gran pueblo y, como tal, forma parte indisoluble de una gran nación, que obviamente es España.
Amalio de Marichalar, conde de Ripalda. Amalio de Marichalar, conde de Ripalda.

Amalio de Marichalar, conde de Ripalda y presidente del Foro Soria 21 para el Desarrollo Sostenible

Ningún catalán, ningún ciudadano de otras autonomías españolas, tiene que sufrir la estrategia de acoso, egoísta y maquiavélica, que desde hace muchos decenios se practica en Cataluña y también en otras comunidades españolas. No es posible que la historia no sea la misma en y para toda España. No es posible que se explique en cada sitio de una manera, por supuesto tendenciosa, al igual que la geografía o nuestra cultura común. Es sencillamente inaceptable. Ningún país democrático de nuestro entorno lo admite.

Es necesario proteger a los catalanes y, por ende, a todos los españoles de un gobierno que ya es considerado golpista desde que el Parlamento de Cataluña aprobó las leyes del referéndum y desconexión, suspendidas por el Estado de Derecho, el único que nos rige a todos por igual.

Lo que es insólito es que ese gobierno autonómico, como el resto, existe gracias a que la Constitución lo permite y legitima. No conozco ningún caso en el resto de Europa donde, desde dentro de una nación, una parte de la misma sea la que sediciosamente traiciona la propia ley para atacar al Estado del que forman parte.

Como esto parece un mal sueño, propongo soluciones inmediatas.

Lo primero es que los que han cometido el delito de sedición sean de inmediato juzgados: para defender el Estado de Derecho y a los propios catalanes, pues todos somos iguales ante la ley.

En segundo lugar, como autonomía que ha incumplido la Constitución, que sea suspendida.

Lo tercero es que los partidos democráticos respalden incondicionalmente al Gobierno para aplicar toda la ley.

Lo cuarto, como soy cristiano, se refiere al perdón: sí, pero también cumpliendo la ley en su integridad. A partir de ahí el perdón significa proponer un diálogo para que quien ha delinquido tenga la oportunidad de disculparse ante toda la sociedad para mostrar y demostrar arrepentimiento y propósito de la enmienda. A partir de ahí, la sociedad y las instituciones pudieran, en su momento, tras las posibles sentencias y cumplimiento de las mismas, rehabilitarles e insertarles de nuevo en la democracia de todos.

Por otra parte, aunque no creo que hay nada que reforzar en la Constitución (en países de democracias avanzadas no se reforma así porque sí), si hay que hacerlo, la propia Carta Magna incorpora los mecanismos para proceder

Conviene decir también la verdad. Que los medios internacionales y algunas instituciones comprueben que es legítimo el uso de la fuerza en un Estado democrático y de derecho igual que en otros países de Europa y del mundo. No hacer uso de este derecho pone en grave peligro el bien de la sociedad y el interés general, que deben ser protegidos.

Hay que recordar que el ejercicio proporcionado de la fuerza se ha visto gravemente hostigado de forma organizada y consentida y calculada por la Generalidad para permitir una votación ilegal. Hemos visto manipulación de los medios con datos y pruebas inventados, acoso a organizaciones como reporteros sin fronteras, imágenes de heridos y violencia en manifestaciones de otras épocas a cargo de la propia policía autónoma, votaciones ilegales duplicadas o triplicadas, escudos humanos para provocar a las fuerzas de seguridad y bloqueo premeditado de los supuestos colegios electorales, incluida la escandalosa utilización de niños y adolescentes, acoso a la Guardia Civil y Policía, y tácticas de desestabilización que son similares a las que vemos en Venezuela.

Cataluña ha sido parte esencial de la historia de España. De esta tierra han salido personalidades en la Reconquista, el Descubrimiento de América, la primera circunnavegacion del mundo, en las letras, en la ciencia, en la política, en la medicina, en la empresa, en la arquitectura e ingeniería, en la música, en el deporte, en todos los sectores. Cataluña ha engrandecido a la nación española y forma parte de nuestra identidad.

Hay que denunciar a quienes han decidido crear un relato inventado abonando los sentimientos desde niños, cuestión ésta perversa y endiablada, utilizando los recursos de todos.

La aportación esencial al gran proyecto común de la nación española, que junto a las peculiaridades y especificidades de Cataluña, pero también de las demás regiones y autonomías, todas con las suyas, conforman el verdadero tronco vertebral de una antigua nación que de una vez ha de valorar sin tapujos el importante papel que representa, siquiera sea por haber creado el idioma español, sin querer excluir ninguno otro, pero siendo el que una vez más nos une. Una nación que puede y debe estar orgullosa de su pasado, su presente y su futuro.

Quiero a Cataluña y quiero por tanto a España. Nunca podría permitir que algunos quisieran romper y dividir Cataluña por un comportamiento de unos pocos, de egoísmo inmoral, insidioso, corrupto, violento, perverso, maquiavélico y radical.

Una sociedad moderna ha de basarse en un desarrollo sostenible e inteligente donde los valores de la libertad, la lealtad, la dignidad, el honor, la comunión de esfuerzos, la solidaridad y la verdad han de presidir la confianza y honestidad de un gobierno y su acción.

Esto es la enseñanza que ha de fundirse en nuestros corazones y en nuestras almas desde la serena sabiduría de veintidós siglos de existencia. El gobierno de Cataluña ha quebrado todos esos principios, y la sociedad, además de corregir el golpe que se ha perpetrado, debe castigar ese comportamiento para recuperar la libertad como bien supremo.

Cataluña, y con ella el resto de España, merecen que se restablezca la justicia y el orden constitucional, y que jamás se vuelva a producir un hecho así, pues traiciona el derecho de las presentes y futuras generaciones a una convivencia de plenitud democrática y de paz.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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