Putín está enfadado

El líder ruso, Vladímir Putin, dijo anoche que no entiende por qué el primer ministro británico, David Cameron, decidió celebrar el referéndum sobre la salida del Reino Unido de la UE, en una entrevista con los presidentes de las principales agencias mundiales de noticias, entre ellas Efe, con motivo del Foro de San Petersburgo.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en Brasil. EPA/Archivo/ALEXEY NIKOLSKY/RIA NOVOSTI El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en Brasil. EPA/Archivo/ALEXEY NIKOLSKY/RIA NOVOSTI

 José Antonio Vera

El jefe del Kremlin está enfadado y se le nota. Enfadado y cansado. Un año más, y van tres, nos invitó a los presidentes de las agencias de noticias más importantes del mundo a un encuentro con él, en persona, con motivo del Foro de San Petersburgo. Cansado, porque llevaba más de doce horas seguidas de entrevistas y discursos, de saludar a gente y hablar en diferentes escenarios, y a la última reunión de todas, la que programó con las agencias, llegaba ya tan agotado que hasta dejó sin preguntar, directamente porque sí, a mis colegas de France Press, de la Dpa alemana y de la japonesa Kyodo, nada menos.

Y está enfadado Putin por varios motivos. En primer lugar, por la resolución que deja a los atletas de Rusia fuera de las competiciones olímpicas de Río de Janeiro. Y también, probablemente incluso más, por lo que él llama “carrera armamentista” de los americanos, que va a obligar a su país, avisa una y otra vez, a modernizar al máximo su arsenal nuclear, por lo que el mundo puede volver a caer en una situación inevitable de guerra fría, “si las tropas de la OTAN persisten en desplegarse” por Polonia, Rumanía y los demás países de su frontera.

Y enfadado igual, aunque menos, porque se le responsabilice de todos los presuntos males que se ciernen sobre el planeta, entre ellos, por ejemplo, el Brexit. A ese respecto, Putin dice con claridad que lo que no entiende, ni él ni casi nadie, es cómo al señor Cameron, estando en contra del Brexit, se le ocurre convocar un referéndum sobre el Brexit. Y se pregunta con total claridad: “¿Para qué puso en marcha este proceso?.  ¿Para chantajear a Europa otra vez?, ¿Cual es su verdadero objetivo?.

Putin está cansado y enfadado, sí, aunque aparenta amabilidad. Llegó a nuestra cita con tres horas de retraso (el pasado año fueron cinco), impecablemente vestido de oscuro azul con una corbata granate amarronada y ni siquiera nos dio la mano, como otras veces. Se sentó directamente en su silla y empezó a hablar y gesticular. Tampoco invitó a lenguado de Crimea, como hace un par de años, sino a caviar del Caspio con te negro, mientras que él se sirvió te blanco con limón. Todo en medio de una parafernalia impresionante de asesores, camareros, cámaras, fotógrafos y gente de su séquito que deambulaba por doquier, en un escenario nuevo y moderno, inaugurado al efecto para el Foro Económico de San Petersburgo de este año.

Otro de los motivos del malestar de Putin es que se le pregunte constantemente por la salud de la economía rusa. ¿Alguien dijo que Rusia está en crisis?. En recesión está, pues este año la actividad económica se volvió a contraer, aunque menos de lo previsto: sólo el 1,2 del PIB. Pero en el Foro de San Petersburgo apenas se ha notado la crisis. Han venido más empresas y multinacionales que nunca, y se abrió un espacio megamoderno y megagigante para debates, presentaciones y ruedas de prensa, con mucha electrónica, entorno digital, tecnología de vanguardia, y por supuesto mármoles, moquetas y maderas de todo tipo.

Hasta fueron a visitar a Putin líderes occidentales, como Juncker y Renzi, lo que ha provocado la ira de los bálticos y del sector más duro de la UE. Algo que a Renzi le ha dado un poco igual. Se ha visto con el jefe del Kremlin, dieron juntos una rueda de prensa y firmaron acuerdos por 1,3 millones de euros, pese a que en teoría está prohibido suscribir convenio de ningún tipo con los rusos. Lo que parece que a Renzi le importa poco, pues no sólo ha suscrito ese pacto, sino que además ha pedido el fin de las sanciones si Putin cumple. También lo hizo el día anterior Nicolás Sarkozy, que cenó con Putin y solicitó que se deje de castigar a Moscú.

No llegó a tanto Juncker, si bien sorprendió que fuera, nada más y nada menos que el presidente de la Comisión Europea, quien le echara un capote al presidente ruso con su presencia en San Petersburgo. Juncker y también Ban Ki-moon, que apareció por allí para hablar en el Foro y para tratar con Putin sobre el tema de Siria y el terrorismo mundial.
Tanta actividad y tanto discurso que cuando dieron las doce y cinco de la madrugada, el líder ruso decidió cortar por lo sano, dar por finalizada su jornada y dejar sin preguntar a varios de los presidentes de agencia que se habían desplazado hasta San Petersburgo para preguntarle y escucharle. Cosas de la vida. Y de Putin. EFE